En los primeros minutos de A New Kind of Wilderness conocemos, a través de fotos y algunos videos caseros, a una familia nórdica que vive “libre e independiente” lejos de la ciudad, en su propia granja y cosechando sus propios alimentos. De repente, en medio de la felicidad de niños corriendo entre árboles y animales, el documental corta a una serie de fotografías que cambian radicalmente lo que estamos a punto de ver: Maria, la matriarca de la familia, tiene cáncer. 

Es así que la directora Silje Evensmo Jacobsen pasa a un estilo verité para documentar la vida de esta familia después de la muerte de Maria. Nik, el patriarca, debe de malabarear el duelo de perder a su esposa, la educación en casa de sus hijos y el mantenimiento de la granja. Pero el amor no es suficiente para mantener a flote el sueño de Maria y problemas económicos (los ingresos como fotógrafa de Maria eran muy importantes) pronto obligan a Nik y sus cuatro hijos –Ronja, Freja, Falk y Ulv– a enfrentar importantes cambios.

En un inicio parece que esta es una película sobre los desafíos y alegrías de vivir bajo tus propias reglas y con un enfoque en cuidar al planeta (probablemente esas eran las intenciones de Jacobson previo a la muerte de Marta), pero en realidad el enfoque es en el duelo y la adaptación: ¿cómo asimila esta familia la muerte de su madre? ¿Cómo es que el duelo influye en la decisión de seguir o no adelante con el estilo de vida que ella quería para todos?

Jacobson hace un buen trabajo generando intimidad en la familia de manera orgánica: su cámara captura su dolor, sus dudas y lo importante que es el amor para seguir adelante. Clave es la decisión de también seguir a Ronja, la hermana mayor e hija de Maria de una relación previa que, después de la tragedia, abandonó la granja y se fue a vivir con su padre biológico. Apartada de su anterior vida, Ronja reflexiona sobre la pérdida de su madre, su posición en la familia, los sentimientos que la hicieron alejarse de Freja desde pequeña y la incomodidad de no poder estar ahí para hacer luto junto a ella.

Es así que A New Kind of Wilderness observa pacientemente a una familia en proceso de sanación. Las heridas son distintas en cada integrante, pero la conexión humana –nuevos amigos, el apoyo de familiares y la oportunidad de reconectar con hermanas– es siempre el común denominador para cicatrizarlas.

El problema es que nunca llegas a conocer del todo a esta familia: si bien el estilo verité es un efectivo generador de emotividad, Jacobson no logra responder a los numerosos “¿Por qué?” que rodean a sus sujetos. Da la impresión de que ni siquiera hay un intento por planetar las preguntas en primer lugar.

Salvo por la lectura de un texto en el blog de Maria en donde se aborda brevemente el problema de las instituciones, no comprendemos exactamente de dónde llegó su ímpetu por vivir este estilo de vida. El discurso de amor por la naturaleza de esta familia tampoco es convincente, mucho menos después del perturbador pietaje de crueldad animal que vemos a la mitad del documental. 

Es muy extraño escuchar contantemente la noción de “miedo a los cambios y la modernidad” cuando el nuevo estilo de vida de la familia, aun asistiendo a una escuela, sigue siendo muy similar al que tenían en la granja; incluso viven en un área parecida y la escuela a la que asisten los niños encaja con sus ideas de independencia. Entonces, al no explorar de dónde vienen estas ideas, ni las motivaciones detrás de la filosofía que sienta las bases de esta historia, A New Kind of Wilderness se convierte en otra película más sobre duelo, una que sigue una estructura básica y que pierde la oportunidad de haber hecho más preguntas para escapar de la superficialidad. 

“A New Kind of Wilderness” formó parte de la sección Highlights de CPH:DOX 2024.