Las películas de exorcismos y posesiones tienen tantos lugares comunes que uno casi puede enumerarlos a forma de lista al ver una de estas cintas. Sin embargo, contrario a lo que su desafortunado título en español sugiere, Anticristo: El exorcismo de Lara (o Godless: The Eastfield Exorcism), del director Nick Kozakis, no es otra de estas propuestas genéricas, sino un drama que usa estos clichés para jugar con las expectativas de la audiencia.

Lara (Georgia Eyers) sufre de visiones y alucinaciones que su religioso esposo (Dan Ewing) interpreta como signos de posesión demoniaca. En contra de la opinión de los doctores, él acude a un exorcista (Tim Pocock) cuyos agresivos métodos ponen en riesgo la integridad física de Lara, todo con tal de salvar su alma. Pero, ¿realmente está poseída o la están haciendo pasar un infierno en vida en lugar de atender su salud mental?

La trama mantiene, hasta el tercer acto, una ambigüedad interesante sobre cuál es la verdad. Gracias a la actuación de Eyers (Violett) y a las extrañas visiones plagadas de fuego infernal, el guion deja al público a la expectativa de qué es cierto y qué no. Este es el mayor acierto de la cinta: usar los momentos clásicos de los dramas de exorcismo (visiones aterradoras, contorsiones y cambios abruptos de personalidad) para invitar a la audiencia a preguntarse qué tanto de estos comportamientos realmente podrían atribuirse a una persona con afecciones mentales.

Lastimosamente, aunque emula la estructura de las películas de posesiones, el trabajo hace poco en cuanto a la forma. Fuera de las visiones demoniacas, ni la fotografía, el sonido, la música o el diseño de producción transmiten esta vibra. Esto no solo se debe al notablemente limitado presupuesto, sino también a una falta de cohesión en la visión: el largometraje no se decide si meterse del todo en el terreno del terror o aferrarse más a una estética melodramática de película televisiva de true crime

El trabajo, lastimosamente, se asemeja más en cuanto a su técnica a una película cristiana, y no de forma irónica o para jugar esa idea. Esto también aplica para las actuaciones: sin contar a la protagonista, todos los personajes están sobreactuados o dejan poco espacio a reflexionar. Si bien los acontecimientos nos llevan por un camino de ambigüedad, las interpretaciones agresivas y nada sutiles (con diálogos artificiales y extremadamente explícitos) nos dejan pocas dudas de por dónde va esta historia. Esto es una lástima, porque era una idea que se prestaba para mucho más.

Pese a esto, el tercer acto cierra bastante bien el trabajo y su cuestionamiento de las cintas de exorcismos como perpetuadoras de creencias fanáticas es muy valioso. Es recomendable por cómo da luz a una historia importante, a la vez que se arriesga en un género sobre el cual ya hay ciertas expectativas. Sin embargo, al pasar los créditos, uno no puede evitar pensar en cómo Anticristo: El exorcismo de Lara pudo haber sido una gran película en otras manos.

“Anticristo: El exorcismo de Lara” ya está disponible en cines mexicanos.