El tema de la inteligencia artificial se ha convertido en tendencia en los últimos años debido a los avances que ha mostrado esta herramienta tecnológica; a algunos les asusta y a otros les emociona, pero este asunto es tan amplio que te permite imaginar nuevos e infinitos escenarios. Desafortunadamente esto no ocurre en Atlas, la nueva cinta protagonizada por Jennifer Lopez y dirigida por Brad Peyton, que recae en un simulacro mal ejecutado y con pocas ideas innovadoras.

La historia sigue a Atlas Shepherd (Jennifer Lopez), una analista de datos que emprende una misión peligrosa para detener a Harlan (Simu Liu), un soldado creado por inteligencia artificial que amenaza con destruir a la humanidad. Cuando las cosas no salen según lo planeado, Atlas se ve obligada a trabajar con una armadura robótica de uso militar que utiliza IA: es su única alternativa no solo para cumplir con su objetivo sino también para sobrevivir. 

Con un tema vigente y un elenco atractivo, este largometraje de ciencia ficción prometía una narrativa innovadora, pero resulta ser todo lo contrario. Cintas recientes como Resistencia, M3GAN y Misión: Imposible – Sentencia Mortal Parte 1 han planteado el asunto de la IA mediante dilemas morales, temas sociales y cuestionamientos de cara hacia el futuro de la tecnología. Sin embargo, a pesar de que Brad Peyton propone una hipótesis interesante alrededor de este tema —la destrucción de la vida humana— nunca logra formularlo de manera orgánica e intenta romper esa resistencia tecnológica para convencernos de que podemos formar vínculos afectivos con las máquinas. 

El personaje de Jennifer Lopez (This Is Me… Now: Una historia de amor) nunca termina por convencer del todo: con ese humor sarcástico y un comportamiento desinteresado, es difícil conectar con los motivos que tiene la protagonista. La figura de Simu Liu (Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings), sin embargo, tiene sus ratos destacables como un soldado desquiciado y por la manera en que justifican su deseo por exterminar a la humanidad. 

Los demás personajes son olvidables y no trascienden en la historia, tal es el caso del Coronel Elias Banks (Sterling K. Brown) y el General Jake Boothe (Mark Strong), que son introducidos como si fueran a tener un mayor impacto pero sus participaciones no son recurrentes ni tampoco generan un impacto relevante en la resolución del conflicto.

Durante la mayor parte de la cinta, Atlas se encuentra dentro de un traje mecánico en donde establece una relación con un sistema de IA llamado Smith (Gregory James Cohan). Sin embargo, este vínculo afectivo se ve opacado por el guion de Aron Eli Coleite y Leo Sardarian, quienes intentan inyectar humor a través de diálogos artificiales y repleto de chistes forzados que no tienen armonía con la situación que están presentando. Incluso parece más una conversación con ChatGPT y no con un sistema avanzado de inteligencia artificial que es capaz de conocer tus secretos con un simple escaneo. 

Los escenarios que se muestran en el filme son visualmente poco atractivos y nulos de creatividad. A pesar de que algunas escenas de acción sobresalen por el dinamismo que muestran en la pantalla, los efectos visuales parecen de un videojuego futurista de séptima generación: con un tono sombrío, antiguo y movimientos mal sincronizados. Lamentablemente, la visión que proponen del futuro no genera asombro ni crea cuestionamientos con relación a la tecnología como lo han hecho otras cintas de este género.

Netflix vuelve a entregar otra producción con un reparto de estrellas y una premisa interesante, pero con una mala ejecución que comienza desde el guion. Atlas quiere mostrar algo innovador dentro de la ciencia ficción y la inteligencia artificial, y en su defecto se conforma por representar una historia tradicional para plasmar un mensaje que amenice nuestra relación con la tecnología, aunque, sinceramente, hace todo lo contrario. Otra película que se une a la lista de cintas olvidables dentro de las plataformas de streaming

“Atlas” ya se encuentra disponible en Netflix.