Lo que Christopher Nolan no pudo hacer con 200 millones de dólares en “Tenet”, el director japonés Junta Yamaguchi logró con un iPhone y una pequeña compañía de teatro en “Beyond the Infinite Two Minutes”: una gran película de ciencia ficción que utiliza al tiempo como herramienta central. Y además lo hizo simulando todo en una sola toma, durante la pandemia y con un minúsculo presupuesto. 

Kato (Kazunari Tosa) es el dueño de un pequeño café que, tras un día de trabajo, sube a su habitación para tocar guitarra y descansar. Sin embargo, su noche es interrumpida por el monitor de su computadora: ahí se ve a sí mismo, dos minutos en el futuro hablándole desde el monitor del café. Kato sigue las instrucciones del Kato del futuro y regresa a la sala del café en donde procede a hablar con el Kato del pasado, para así no crear una paradoja. Este extraño acontecimiento no pasa desapercibido por sus amigos, quienes comienzan a experimentar con esta extraña “Televisión del tiempo”, siempre atenidos a seguir las instrucciones de sus “yo del futuro”, eventualmente logrando extender la temporalidad del artefacto y llevándonos por una serie de curiosos encuentros.

A pesar de un concepto complejo como lo es el viaje en el tiempo, “Beyond the Infinite Two Minutes” te absorbe a través de una ejecución cómica y encantadora, cuyos tintes filosóficos le dan una astuta profundidad a la historia. Por la naturaleza frenética de la película, hay poco tiempo para indagar con detenimiento en la viabilidad del extraño fenómeno temporal, pero eso hace todo más interesante. La evolución y el escalamiento de la complejidad de la historia es constantemente sorprendente y te hará admirar el trabajo artístico en escena.

“Beyond the Infinite Two Minutes” es el primer largometraje creado por Europe Kikaku, una compañía teatral cuyo amor por el arte es palpable en cada aspecto narrativo y técnico. El set es limitado: un café, unas escaleras y un pequeño cuarto son suficientes para darle vida a una historia altamente creativa en donde la química entre el elenco y la experiencia teatral de Yamaguchi son instrumentales para sacar adelante el proyecto. Hay un fascinante contraste entre la simplicidad de escenarios, el reducido alcance narrativo y el inherentemente difícil tema del viaje en el tiempo.

La historia, creada por Makoto Ueda (guionista de Europe Kikaku), recuerda al cine de Shin’ichirô Ueda, pues aparenta sencillez, pero esconde habilidosa escritura creativa, comedia inteligente y mucho corazón; su estructura es brillante y toma ventaja de todo recurso a su disposición para llegar a la meta.

La ilusión de filmar todo en una sola toma no es un adorno, sino un elemento narrativo para abordar el tema del tiempo con frescura. Asimismo, enaltece las capacidades técnicas de Yamaguchi, quien fungió como director, cinefotógrafo y editor. Duele la cabeza pensar en la planeación y milimétrica precisión requerida para la ejecución exitosa de este proyecto. Yamaguchi lo hace de maravilla.

Entretejido en el guion encontramos cautivadores temáticas filosóficas alrededor de las posibilidades infinitas del tiempo y el temor al futuro. Algunos personajes felizmente siguen las indicaciones de sus “yo futuros” y eventualmente expresan sus ambiciones de ganar dinero con ayuda de las televisiones del futuro, mientras que Kato desarrolla miedo hacia lo que está ocurriendo a su café; no quiere saber nada, pero el involucramiento de su vecina y crush Megumi (Aki Asakura) lo obligan a tomar acción e intentar desafiar a su futuro. ¿Hay algo que pueda hacer para lograrlo? o ¿Qué riesgos conlleva provocar una paradoja?

La creatividad es reina en “Beyond the Infinite Two Minutes”, una película de ciencia ficción inteligente que cautiva sin la necesidad de un presupuesto lujoso o efectos especiales. Una verdadera labor de amor con risas y alegría para llevar.


“Beyond the Infinite Two Minutes” tuvo su Premiere Norteamericana en Fantasia Fest 2021.