“Candyman”, una de las cintas que se quedaron en el grato recuerdo de los espectadores debido al buen funcionamiento del terror y su contexto racial, es revivida y ahora llega una secuela directa. Nia DaCosta, la directora, junto a Jordan Peele, el productor y coguionista, respetan la esencia y le dan complejidad al universo del villano, dando como resultado un producto atractivo y enaltecedor. 

La cinta es una continuación directa porque narra la historia de Anthony McCoy (Yahya Abdul-Mateen II), aquel bebé secuestrado por Candyman (Tony Todd) y rescatado por Helen Lyle (Virginia Madsen). Ahora es un adulto y artista, quien se establece junto a su novia Brianna (Teyonah Parris) en un condominio en Cabrini Green. McCoy se encuentra en un bloqueo artístico, por lo que comienza a buscar inspiración y sin quererlo, se interesa en la leyenda urbana más conocida del lugar: la del Candyman, aquel espíritu que con sólo nombrarlo cinco veces, aparece para asesinarte.  

Luego de las dos infames secuelas de la cinta de 1992, se esperaba que un reboot o remake fuera la decisión más obvia para Hollywood, sin embargo, Jordan Peele y Nia DaCosta, junto a la Metro-Goldwyn-Mayer, decidieron seguir desarrollando los cabos sueltos de aquella primera película, así como explorar aún más el misticismo del malévolo personaje, sin jamás olvidar la nostalgia que esto podría causar. 

La directora elegida Nia DaCosta, quien está próxima a debutar en el cine de superhéroes con “The Marvels”, va hilando una trama interesante con una atmósfera envolvente, ya que equilibra fotografía minimalista con el diseño de producción ensordecedor, siempre retomando la esencia de su película base. No teme ser propositiva, ya que tiene como respaldo a un ingenioso de la cinematografía actual como Peele, y se aventura a experimentar con movimientos y tomas de tal forma que tanto el espectador como los personajes habiten en una dimensión fragmentada, sin perder la congruencia y dándole  prioridad a la experiencia.

Punto y aparte para el preciso manejo de los discursos referentes a los movimientos raciales de la actualidad. Si bien, el primer film desarrolló el terror dentro de un contexto racial, esta nueva presentación explota los discursos de violencia, discriminación y abuso de poder policial al usarlos en favor de darle continuidad a su narrativa y a su antagonista. DaCosta y todo el equipo involucrado, vuelven a alzar la voz y a protestar en contra del daño que ha causado la “supremacía” blanca. 

Uno de los aspectos que juegan en contra de dicha narrativa, es la sobre explicación y el abundante cuestionamiento hacia la mitología de Candyman y el cómo ha afectado a su entorno, sin embargo, estos son detalles mínimos si se considera la elocuente forma de concluir esta historia. 

“Candyman” rinde tributo a la noventera película al entregar nostalgia y expandir adecuada e interesantemente el universo (no como las secuelas de 1995 y 1999). El terror presente además de ser mayormente psicológico, es construido con elegancia y al puro estilo de Peele. Esta secuela es de esas que valen la pena que existan. 

“Candyman” ya está disponible en cines.