En un mundo donde una minoría alienada por la sociedad vive en pobreza debido al uso indiscriminado de las máquinas para sustituir su trabajo, gran parte de su población recurre al comercio de drogas para poder subsistir. Su situación se ve agravada por la constante y agresiva vigilancia policial en sus barrios, la cual usualmente termina en matanzas a inocentes. Esta descripción que bien podría pertenecer a varias zonas del mundo actual es la del universo de Código 8: Renegados (Parte II), en la cual el director Jeff Chan regresa a expandir su crítica a nuestro sistema de injusticias.

La minoría en cuestión es gente con poderes, cuyas habilidades fueron muy útiles para la construcción de ciudades pero ahora ha sido desplazada a barrios en pobreza por el miedo y discriminación de la sociedad. Una de estas personas es Connor (Robbie Amell), quien salió de prisión hace poco. Vive deprimido y sin un propósito, hasta que una niña también con poderes, Pavani (Sirena Gulamgaus), acude a pedirle ayuda: necesita su protección, pues un corrupto jefe de policía (Alex Mallari Jr.) quiere asesinarla porque ella conoce un secreto perjudicial para la carrera de éste. Esto lleva a Connor a pedir apoyo de su examigo, Garrett (Stephen Amell), un egoísta traficante a quien odia por una terrible experiencia del pasado.

Aun sin saber nada de la precuela, la película funciona bien por sí sola. Los diálogos están hechos para darnos la suficiente información para entender la historia de Connor y Garrett, aunque a veces abusan de la exposición. Los elementos de comentario social están bien integrados con la trama sin sentirse genéricos: la droga, por ejemplo se llama psyke y es obtenida del líquido de la médula espinal de las personas con poderes, mostrando cómo son forzados a convertirse en producto de consumo para los opresores. La policía también cuenta con soldados y perros robots, lo cual muestra su deshumanización y carencia de empatía ante los barrios aislados por la propia ciudad.

La idea no es del todo original (las comparaciones con los X-Men son inevitables), pero el mundo cuenta con suficientes agregados distintivos para no ser una mera copia de otras películas. Si bien no tiene el detalle ni la pulcritud de otras cintas, como la reciente The Creator, tiene la personalidad necesaria para satisfacer a quienes gusten del género.

La acción no es exorbitante, Chan y su equipo prefieren mantener el tono más contenido. Sí hay peleas y despliegue de poderes, pero no son muchos ni a gran escala. Esto va acorde al estilo de la película, el cual es más una especie de thriller policiaco con superpoderes que una película de superhéroes como tal. Hay tensión, persecuciones y una exploración adecuada del mundo, pero casi siempre en escenarios cerrados con pocos personajes y sin poderes muy vistosos. Eso sí, las escenas de pelea que hay son emocionantes y el acabado de los robots es bastante bueno, sobre todo el de los amenazantes K9.

El conflicto central está bien llevado, los primos Amell son convincentes en sus papeles y Sirena Gulamgaus carga gran parte del peso emocional. Hay varios lugares comunes en este tipo de películas y probablemente en varias ocasiones sientas como si ya has visto esta historia antes, pero su mensaje contra la brutalidad policiaca, la corrupción del sistema y la necesidad de empatía frente a quienes son diferentes a nosotros, sumado a una construcción de mundo interesante, compensan sus fallas y convierten a Código 8: Renegados (Parte II) en una buena recomendación, sobre todo en estos tiempos.

“Código 8: Renegados (Parte II)” se encuentra disponible en Netflix.