El ballet y los efectos de su rigurosidad en la salud mental de las bailarinas no es un tema nuevo en el cine: desde la brillante “Las zapatillas rojas” hasta la inolvidable “Black Swan”, las historias sobre las consecuencias de la obsesión por alcanzar la perfección han sido varias. Con “Las niñas de cristal”, el director Jota Linares nos trae un nuevo acercamiento a esta temática, en una bella y delicada pieza con grandes ambiciones y llamativas imágenes.

Irene (Maria Pedraza) se convierte en la primera bailarina en una compañía de danza tras la muerte de la anterior protagonista, lo cual despierta celos de sus compañeros y le pone una gran presión en los hombros, sobre todo por parte de Norma (Mona Martínez), la directora de la compañía. Lo único que le trae paz es su amistad con Aurora (Paula Losada), una introvertida nueva bailarina con quien siente una conexión que la ayuda a sacar lo mejor de sí.

La película se describe a sí misma desde el inicio como un ballet en dos actos (como lo es la obra que se interpreta dentro de la película, “Giselle”). El primero se enfoca en la amistad entre las dos chicas y nos presenta varias ideas poderosas: la presión física y mental que implica el ser bailarina, los celos y la competitividad de este ambiente, las inseguridades, la amistad y las consecuencias del aislamiento. Todo esto lo hace con imágenes memorables: un baile sobre un lago, una coreografía mágica alrededor de figuras de cristal y los perturbadores horrores físicos a los que es llevado el cuerpo. El resultado es una primera mitad intrigante y atractiva.

Sin embargo, la segunda mitad se aleja de la amistad central para explorar otros temas que distraen en lugar de aportar, y nos hacen echar de menos la relación de las dos muchachas. Si bien Mona Martínez hace un gran trabajo y es una gran antagonista, su falta de presencia al inicio hacen que su protagonismo al final se sienta un poco abrupto.

A Martínez se suma un gran y comprometido elenco: Maria Pedraza y Paula Losada, además de darnos bellísimas coreografías, hacen una gran pareja de la cual todos nos enamoramos al instante; mientras que Marta Hazas y Ana Wagener agregan tensión y profundidad como las madres de las chicas. Sin embargo, el guion trata de abarcar tantos temas, de darle a cada una su propia historia, que termina por perder el hilo de lo realmente importante.

“Las niñas de cristal” es una pieza cuya narrativa carece de la rigurosidad de su historia, pero que lo compensa con buenas actuaciones, una ambientación original y un final atrapante. Tal vez no todo cierra a la perfección como se esperaría de un ballet, y las comparaciones con otras películas del tema sean inevitables, pero al menos es una obra que toma riesgos: algo que más de uno apreciará.

“Las niñas de cristal” ya se encuentra disponible en Netflix.