Regina King es una mujer ocupada. En los últimos tres años ganó un Globo de Oro, un Oscar y varios Emmys por su trabajo como actriz y en medio de eso, ha tenido la oportunidad de dirigir episodios de exitosos shows como “This is Us” y “The Good Doctor”. Próximamente, el calendario de King seguirá estando muy ocupado porque su primer largometraje “One Night in Miami” va que vuela para hacer ruido en la próxima temporada de premios.

“One Night in Miami” es la adaptación de Kemp Powers de su propia obra de teatro. En ella, el dramaturgo imagina una reunión entre Malcolm X (Kingsley Ben-Adir), el cantautor Sam Cooke (Leslie Odom Jr.), la estrella de fútbol americano Jim Brown (Aldis Hodge) y el legendario boxeador Cassius Clay (Eli Goree). Estos cuatro íconos afroamericanos se juntan en un hotel de Miami para celebrar la victoria y obtención del campeonato mundial de Clay el 25 de febrero de 1965.

Antes de la reunión ficticia, vemos a cada celebridad en momentos y circunstancias distintas, pero todos atravesando por un problema. Malcolm X ya comienza a temer por su vida, Cooke tiene un desastroso show en el Copacabana, una visita de Brown a un viejo amigo familiar prueba ser una desagradable experiencia y la arrogancia de Clay casi le cuesta una pelea clave. Este inicio prueba ser desafiante para King. Es lento, no propone mucho y parece que vamos encaminados rumbo a un interminable festín de palabras. Sin embargo, después de su primera media hora la película comienza a agarrar vapor, los temas se calientan y de repente las actuaciones te succionan completamente.

Con el apoyo de Malcolm, Clay revela que se ha convertido al islam. ¿Esa decisión viene del corazón? ¿Fue Clay manipulado por Malcolm? ¿Tiene dudas sobre la conversión? Por otro lado, Brown revela que dejará el fútbol americano para hacer películas, por lo que inmediatamente es interrogado sobre su papel: ¿vale la pena el dinero si tu personaje va a ser tratado sin respeto por Hollywood?. Pero las cosas se ponen verdaderamente candentes cuando Malcolm X cuestiona a Sam Cooke sobre el contenido lírico de sus canciones. El activista argumenta que Cooke desperdicia su talento, pues escribe para satisfacer al hombre blanco y no ha hecho lo suficiente por la lucha de los derechos afroamericanos. Cooke y Malcolm gritan mientras un incrédulo Clay intenta calmarnos y un preocupado Brown los sigue con la mirada. Y así, la celebración entre amigos pronto se convierte en una absorbente disputa ideológica.

El filme se llega a sentir demasiado teatral y algunos temas de conversación no fluyen con naturalismo, sin embargo la importancia de esos mismos temas es tremenda. Los apasionados debates proponen valiosos cuestionamientos sobre el significado de la libertad, el lugar de un afroamericano en la economía blanca, la relación entre razas, los extremos del activismo y el papel de una celebridad negra en su comunidad. Todas estas conversaciones son una herramienta educativa y relevante.

La magia en el trabajo de King radica en cómo dirige a sus actores. No sé ni por dónde empezar porque estos cuatro hombres son una fuerza eléctrica en la película. Cada actuación es diferente, pero los cuatro están comprometidos con el objetivo de entregar un poderoso discurso sobre activismo afroamericano. Ben-Adir (“High Fidelity”) tiene el papel más carnoso y aprovecha la ocasión para darle una nueva dimensión al ministro, convirtiéndose en una fuerza magnética y productora de enérgicos discursos. Goree (“Riverdale”) nos da a un Muhammad Ali con preocupaciones auténticas, pero que siempre despliega esa chispa juguetona que caracterizó al boxeador. Leslie Odom Jr. (“Hamilton”) emula con gran cuidado de detalle a Cooke, creando un trabajo emotivo y a veces iracundo que le permite robarse varias escenas. Creo que mi favorito es Aldis Hodge (“The Invisible Man”), cuya fuerza silenciosa me atrapó desde las primeras escenas; Hodge no necesita gritar para hacerse escuchar y ya sea viéndose al espejo, o haciendo reflexionar a Malcolm X, su actuación me pareció espectacular.

“One Night in Miami” es una enriquecedora experiencia sobre cultura afroamericana encumbrada a través de una gran dirección de Regina King y cuatro enormes actuaciones que efectivamente le dan vida a cuatro figuras culturales. Me parece que estaremos hablando de esta película durante temporada de premios, pero ahora queda la pregunta, ¿cómo será la recepción de las audiencias? La ejecución no es exactamente amigable, pero aquellos que quieran educarse encontrarán aquí una clase vital de historia.

Esta película forma parte de la selección oficial de TIFF 2020.