En 2016, Hideaki Anno y Shinji Higuchi le dieron al mundo una obra maestra y posiblemente la mejor película de kaijus de todos los tiempos: “Shin Godzilla”. Con su aterradora representación del mítico Gojira y la astuta crítica social al sistema burocrático japonés, la cinta obtuvo más de 70 millones de dólares en todo el mundo y arrasó en los Japan Academy Film Prize (los Oscar japoneses). Ahora, con la vara muy alta, Higuchi y Anno intentan volver a cosechar oro con “Shin Ultraman”, una adaptación moderna de otro popular personaje de la cultura pop japonesa. 

Aunque no es ningún tipo de secuela directa, “Shin Ultraman” está vagamente conectada con “Shin Godzilla” a través de similitudes temáticas, de estilo e intenciones. La cinta arranca con un veloz montaje (al más puro estilo Anno) explicando los antecedentes narrativos: después de diversos ataques de kaijus (monstruos gigantes), el gobierno japonés ha decidido formar la SSSP (S-Class Species Suppression Protocol), un equipo encargado de eliminar toda amenaza kaiju que aparezca en el país. Liderada por Kimio Tamura (Hidetoshi Nishijima), la SSSP está integrada por Akihisa Taki (Daiki Arioka), Yumi Funaberi (Akari Hayami), el misterioso Shinji Kaminaga (Takumi Saitoh) y la recién llegada Hiroko Asami (Masami Nagasawa).

El más reciente ataque a la isla es perpetrado por Neronga, un kaiju invisible devorador de electricidad que logra resistir todos los embates de una desesperada SSSP. Es entonces cuando desde el cielo aparece un gigante plateado extraterrestre que no tarda en eliminar al monstruo. La SSSP intenta averiguar en qué bando se encuentra este gigante oficialmente nombrado Ultraman. Sin embargo, la investigación se complica cuando otro extraterrestre llamado Zarab aparece advirtiendo al gobierno japonés que su héroe es en realidad una amenaza. 

Tanto Godzilla como Ultraman son íconos japoneses de la posguerra, sin embargo el primero surgió una década después del fin de la Segunda Guerra Mundial, aún con la herida fresca. Del otro lado, Ultraman apareció a mediados de los años sesenta, después de los Juegos Olímpicos de Tokio que tanta esperanza dieron por el futuro; la serie original evocaba la prosperidad de la época. 

Y así como “Shin Godzilla” recapturó el sentimiento de preocupación por la devastación de guerras, invasiones y desastres nucleares que se vivía cuando el “Godzilla” de 1954 apareció, “Shin Ultraman” intenta recapturar el sentimiento de optimismo que acompañaba el boom económico de los sesentas. Sin embargo, el resultado no siempre mantiene el equilibrio necesario para lograrlo.

Hideaki Anno siempre ha sido fan de Ultraman, incluso interpretó al personaje en un fan film que él mismo dirigió durante sus años como estudiante. Asimismo, no es casualidad que su más famosa creación, “Neon Genesis Evangelion”, despliegue batallas entre seres gigantescos. Y ese amor se hace presente en “Shin Ultraman” a través de un guion nostálgico que precisamente busca evocar la esencia heroica del famoso superhéroe y la prosperidad de la época en donde se hizo famoso, así como divertir con grandes peleas de kaijus, pero sin dejar de lado el aspecto moderno del entorno en donde se desarrolla la historia. Por lo tanto, la película es una peculiar mezcla de seriedad y cursilería: Ultraman despacha monstruos con gloriosas patadas voladoras mientras el gobierno busca mantener estabilidad política frente a la presión internacional derivada de la llegada de extraterrestres.

Para obtener el complicado balance entre modernidad y nostalgia, Higuchi mezcló animación por computadora con técnicas tradicionales de tokusatsu; incluso Bin Furuya, el actor que usó el traje Ultraman en la serie original, fue reclutado para hacer el motion capture de esta versión cinematográfica. El estilo visual resultante es, en un principio, fascinante, pues efectivamente genera emoción con un toque muy cursi: las batallas de kaijus son divertidísimas y a pesar de que nunca he sido particularmente apegado al personaje, muchas veces me encontré con la boca abierta, sintiéndome como niño ante la magia en pantalla. El problema viene en la segunda mitad.

Los efectos visuales mal logrados son parte del encanto y la nostalgia pero conforme la amenaza intergaláctica crece en la historia, también lo hace el uso de CGI hasta llegar a un exceso que, debido a su pobre manufactura, distrae en demasía. Esto se combina con un bajón en la calidad del guion para obtener un tercer acto pobre tanto a nivel narrativo como visual.

A diferencia de “Shin Godzilla”, el tratamiento sociopolítico no es el enfoque, sin embargo, Anno trata puntos interesantes que elevan la narrativa del filme y ayudan a darle tintes modernos. De nueva cuenta encontramos un interés por destacar la ineptitud gubernamental, así como el marcado miedo de Japón a ser manipulado por otros países como Estados Unidos y la frustración derivada de depender de ellos. También existe un comentario sobre lo poco preparados que estamos para afrontar lo desconocido; el miedo nos lleva a confiar siempre en algún tipo de héroe pero, ¿qué pasa cuando ese héroe ya no nos puede ayudar? Es importante encarar los problemas y no depender de una sola persona (o país).

El problema es que el caótico guion de Anno y sus elementos no siempre se sienten conectados de manera orgánica. Las temáticas anteriormente descritas se desarrollan con poca efectividad debido a la estructura del filme; pareciera que “Shin Ultraman” está dividida en tres partes, cada una con sus enfoques propios y sin el tiempo suficiente para generar una exploración completa. Aún así, la enérgica edición y extraña fotografía (marca de fábrica de Higuchi y Anno) que, por ejemplo, pasa de retratar a un preocupado Hidetoshi Nishijima (“Drive My Car”) en un primerísimo primer plano a observarlo desde abajo de un escritorio, ayudan a mantener tu atención, enfatizar acciones, y aterrizar todas las ideas lo suficiente como para diferenciar a este Ultraman y de paso hacer una sólida crítica sociopolítica. 

Aunque lejos de ser perfecta, “Shin Ultraman” cumple con el objetivo de regresar a las raíces del personaje y plasmar una visión optimista hacia el futuro a partir de la enfatización de las fortalezas de la raza humana. Y esto es logrado gracias al factor cursi que corre orgullosamente por sus venas. La burocracia y preocupaciones políticas salen sobrando porque al fin de cuentas, Ultraman entrega diversión boba y nostálgica para sonreír de oreja a oreja.

“Shin Ultraman” tuvo su premiere norteamericana en el Fantasia International Film Festival 2022.