Cuando tienes una pesadilla, muchas veces no tiene sentido: se trata de una serie de acontecimientos perturbadores a los cuales la mente les va dando significado. Pese a lo caótico de todo, a lo incoherente, uno no puede evitar levantarse sudando frío y con el corazón agitado, a veces hasta con un grito. La nueva película de Kyle Ball, “Skinamarink”, transmite justamente esa sensación: es una pieza experimental cuya atrapante estética y gran poder para jugar con la imaginación trae a la vida los terrores de la infancia.

La historia es simple: dos niños se levantan en la noche y descubren que su padre no está. Además, todas las puertas y ventanas de la casa han desaparecido. Mientras se sientan a esperar frente a la televisión, una voz perturbadora se asoma y les va dando macabras instrucciones.

Muy pocas veces vemos las caras de los niños, o de cualquier otro personaje; es más, “Skinamarink” casi nunca se enfoca en algo en específico. En lugar de un tratamiento tradicional de casa embrujada, el fotógrafo se centra en las esquinas, en los  pasillos oscuros, en paredes vacías, todo esto con una estética llena de ruido digital que rara vez permite al espectador distinguir claramente qué está ocurriendo. Este acercamiento puede parecer frustrante en un inicio, pero se convierte en una de las armas más efectivas de la película: le deja a la audiencia llenar los vacíos de la imagen, ver sombras donde no las hay, o sorprenderse cuando realmente hay algo perturbador en el cuadro (sobre todo su impactante y escalofriante final). 

Este uso de la imagen como evocadora de lo que no está en cuadro es ayudado por la decisión de saber de nuestros personajes principalmente mediante el sonido: escuchamos sus voces y oímos sus pasos, pero rara vez los vemos. Este ejercicio mantiene la mente en constante trabajo y exige toda su atención. Los gritos de un niño dan mucho más miedo si lo único que ves es una esquina oscura, ¿podrá estar el niño allí o su grito proviene de otra parte? Además  este  constante adivinar le da  más fuerza a las revelaciones genuinamente perturbadoras, cuando el sonido y la imagen se unen para darnos una horrible sorpresa.

Este acercamiento visual y sonoro va acompañado de una ambientación sencilla pero efectiva para evocar los años 90, y los miedos relacionados a esta época: la estática de la televisión, el sonido del teléfono descolgado, incluso los juguetes. Si fuiste alguien que creció en esa década, seguramente varios recuerdos vendrán a tu mente, como cuando ibas con temor por un vaso de agua por el pasillo oscuro en la noche. Aunque hay algunas imágenes comunes en este tipo de tramas (sobre todo el uso de elementos infantiles para perturbar), quedan justificadas por el contexto y los personajes. La casa se mantiene además en constante cambio, aumentando nuestra incertidumbre cada que entramos a un nuevo cuarto (incluso después de verla no podría explicar exactamente cómo están distribuidas sus habitaciones).

Kyle Ball maneja con precisión el tono: su peculiar mezcla de cine experimental y de horror transmite efectivamente los terrores de lo desconocido dentro de la propia casa. Ese extraño e indescriptible miedo que uno siente al escuchar un ruido en la noche en la sala queda plasmado en “Skinamarink”: es una experiencia aterradora y envolvente cuyo ritmo aletargado (completamente intencional) te sumerge hasta llegar a un clímax que hace latir tu corazón a mil por hora. Aunque uno nunca está cien por ciento seguro de qué está ocurriendo, hay suficiente claridad en la situación de los dos niños como para mantenernos interesados y preocupados por su seguridad, y genuinamente perturbados ante el desarrollo de ciertos acontecimientos: Ball no tiene miedo de llevar su premisa tan lejos como lo necesite para provocar.

Aunque definitivamente puede costarle trabajo a los espectadores acostumbrados a un acercamiento más convencional al terror, “Skinamarink” es un trabajo muy especial y cuidado que logra mucho con muy poco. Su ingenio macabro te llevará a lugares inesperados y despertará en ti varios miedos que probablemente tenías enterrados en lo más profundo de tu memoria.

“Skinamarink” tuvo su premiere mundial en el Fantasia International Film Festival 2022.