¿Qué pasaría si mezclaras Juego de gemelas, la estética de los años cuarenta y números musicales alocados al estilo The Rocky Horror Picture Show? El resultado lo puedes encontrar en Rabos: El Musical o Dicks: The Musical del director Larry Charles (Borat), una historia irreverente y exagerada sobre la familia y el amor propio.

Craig (Josh Sharp) y Trevor (Aaron Jackson) son dos hombres heterosexuales, ególatras, machistas, y adictos al sexo, además, por alguna extraña razón, son idénticos. Ambos  se conocen cuando sus compañías se fusionan y desde el primer momento chocan sus personalidades tan similares. Conforme pasan los días descubren que son gemelos: sus padres (Nathan Lane y Megan Mullally) decidieron divorciarse, cada uno se quedó con un niño y ocultaron la existencia del otro. Deseando tener una familia, Trevor y Craig deciden intercambiarse para juntar a sus padres.

Desde su título, uno debe entender que Dicks: The Musical es una farsa y busca burlarse de los estereotipos de la familia tradicional y del mundo de los hombres de negocios. Para lograr su cometido, los guionistas, Sharp y Jackson basados en su musical de Broadway Fucking Identical Twins, construyen una parodia exagerada y el director Larry Charles la eleva gracias a la artificialidad de sus sets, la exageración en las interpretaciones del elenco, lo colorido del vestuario y las técnicas de animación y marionetas empleadas a lo largo del filme.

Josh Sharp y Aaron Jackson entregan actuaciones exageradas donde aprovechan un sinfín de expresiones faciales para hacer reír a la audiencia, sin embargo, el trabajo de Nathan Lane (Beau tiene miedo) y Megan Mullally (Crush) como sus excéntricos padres Harris y Evelyn, es extraordinario pues ambos actores se dejan llevar por el sinsentido del argumento, exageran todos sus diálogos, se divierten y transmiten una alegría contagiosa gracias a sus alocados personajes: un hombre gay que cuida a un par de monstruos de las alcantarillas y una mujer paralítica con demencia y problemas vaginales. Sus números musicales en solitario son buenos, pero cuando se juntan echan chispas y sacan carcajadas.

El humor vulgar e irreverente de la cinta, que termina con los gemelos contrayendo matrimonio el uno con el otro en una ceremonia oficiada por una versión asiática y homosexual de Dios (interpretado por Bowen Yang), es divertido. Junto con los diálogos llenos de bromas tenemos mucha comedia visual al fondo de la acción principal, ya sea mediante algún extra realizando una coreografía extraña o una referencia graciosa en la marquesina de un cine. Lamentablemente el humor de la película no es para todos y puede llegar a enfadar a los sectores más conservadores de la audiencia, lo cual es la intención principal de la cinta, además llega a ser cansado escuchar tantas groserías y referencias sexuales de forma repetitiva al grado de aletargar el ritmo del filme y estancar el segundo acto con más y más chistes.

Los números musicales son divertidos y pegadizos. Charles utiliza con frecuencia la pantalla dividida durante estos segmentos para contraponer dos perspectivas distintas y darle mayor dinamismo a las secuencias. Desgraciadamente casi todos estos momentos están en la primera mitad de la cinta de forma consecutiva, por lo que el ritmo al inicio es frenético y después se detiene en secuencias muy extrañas cuyo propósito no es del todo claro, como las escenas de depresión de los protagonistas.

Dicks: The Musical tiene el potencial para convertirse en una película de culto para la comunidad Queer. Su mezcla extraña entre Juego de gemelas, el cine de serie B y el musical, convierten a la cinta en un experimento interesante que es elevado gracias a las interpretaciones de todo el elenco, especialmente de Megan Mullally y Nathan Lane como los excéntricos padres de los protagonistas. Desgraciadamente, el humor de la cinta no es para todos y el exceso de números musicales en los primeros minutos de la cinta pueden llegar a agotar al espectador. Al final, la propuesta de Sharp y Jackson es arriesgada, divertida y valiente, puede gustarte o no, pero en definitiva necesitamos más creadores que busquen sacudir el avispero de vez en cuando.

“Rabos: El musical” o “Dicks: The Musical” ya está disponible en cines de España.