Los bucles temporales han sido abordados en el cine muchas veces de distintas maneras: comedia romántica, thriller, acción, whodunnit e incluso cine de superhéroes, por lo mismo es difícil presentar una historia novedosa empleando este recurso narrativo. Desgraciadamente la experiencia de ver Dieciocho otra vez, ópera prima del realizador sueco Jonathan Etzler, se siente como estar dentro de un bucle temporal pues no presenta nada que no hayamos visto antes en películas de este estilo.

En Dieciocho otra vez conocemos a Amelia (Hedda Stiernstedt), una mujer cuya vida no es lo que ella esperaba en su adolescencia. Al cumplir cuarenta años pide el deseo de volver a tener dieciocho otra vez y, tras un accidente, despierta la mañana de su decimoctavo cumpleaños para descubrir que debe revivir ese día una y otra vez.

El guion, escrito por Sofie y Tove Forsman, se siente apresurado. Tanto el planteamiento como el desenlace de la historia son tratados de forma superficial: aún no terminamos de conocer a Amelia, quién es o cómo se siente, cuando comienza el bucle temporal; lo mismo al final, cuando queremos entender las decisiones de los personajes, termina la historia. Durante el segundo acto de la película vemos al personaje realizar decenas de acciones ya vistas en otras cintas con temáticas similares: asistir un día sin ropa a la escuela, memorizar cientos de libros, predecir las acciones y frases de otros personajes, etc. Esto le resta originalidad a la película y la convierte en un producto derivativo. 

Amelia es un personaje vacío construído a base de clichés: chica popular, superficial, pero de buen corazón, con un novio guapísimo y una amiga fiestera, cuyo arco consiste en darse cuenta de que las personas más importantes son aquellas quienes estuvieron con ella desde el comienzo. Fiona (Miriam Ingrid), la mejor amiga de la infancia de Amelia, se construye a través del cliché de la chica poco agraciada, tímida, con un talento artístico poco reconocido por los demás y siempre dispuesta a ayudar. Lo mismo sucede con el resto de los personajes: ninguno está pensando más allá de un esqueleto base y un rol a cumplir en la historia.

Las actuaciones de todo el elenco son bastante buenas y logran cumplir perfectamente el rol que les toca desempeñar. Hedda Stiernstedt (Eternal Summer) transmite de forma divertida la sorpresa y confusión de Amelia con la situación del bucle temporal. Elinor Silfversparre y Maxwell Cunningham, quienes interpretan a la mejor amiga de Amelia y a su novio respectivamente, sobresalen del resto de sus compañeros gracias a su carisma y a las situaciones cómicas en las que los guionistas colocan a sus personajes, pero quien se roba enteramente la película es Miriam Ingrid (Beartown) pues construye a Fiona desde un lado más sensible y dramático, haciéndonos empatizar con su personaje de inmediato. 

Los elementos más destacables de la cinta son el vestuario, a cargo de Julia Tegström, y el soundtrack: ambos nos muestran una progresión en el comportamiento de Amelia y cómo pasa de ser una berrinchuda niña cuya única preocupación es llamar la atención y ser popular, a ser consciente de las emociones de quienes la rodean.

Dieciocho otra vez intenta ser una comedia divertida y ligera sobre el verdadero valor de la amistad, pero termina convirtiéndose en un bucle de situaciones y personajes ya conocidos que realmente no ofrece nada novedoso, a diferencia de otras propuestas recientes que emplean de mejor forma el concepto del loop temporal.

“Dieciocho otra vez” ya está disponible en Netflix.

Imagen de portada cortesía de Netflix.