“Ella sabe bailar, ¿lo sabías? Claramente se ha equivocado de pareja, pero sabe bailar” fue lo que dijo Tony Manero cuando vio a Stephanie Mangano por primera vez en la pista de baile en Saturday Night Fever, pero cuando vemos a Mel y a Brandon bajo la bola disco en Disco Inferno, ¿se puede pensar lo mismo?

Dirigida por Matthew Castellanos, este cortometraje de terror sigue a una joven pareja que se prepara para encender la pista de la discoteca —antes una iglesia— más famosa de Los Angeles en la década de los setenta. Sin embargo, su rival a vencer no se encuentra exactamente en la competencia de baile, sino que se trata de una oscura presencia que pone en la mira al bebé que están esperando. 

La historia maneja el concepto del terror desde la primera secuencia de la cinta, donde vemos a Lynn —quien es interpretada por Helene Udy (The Dead Zone)— una trastornada monja que se encuentra llorando en un confesionario mientras se lamenta por haber cometido un crimen, algo que la orilla a hacerse daño y finalmente a quitarse la vida, una imagen que genera impacto y te deja pensando en lo que vendrá más adelante. 

A lo largo del corto somos testigos de la gran química entre Soni Bringas (Fuller House) y Stephen Ruffin (Beast Beast), tanto dentro como fuera de la pista de baile. La escena que respalda este punto se ve desde el primer acto, cuando Mel y Brandon están preparándose para la competencia a través de una coreografía bien sincronizada que se combina con la melodía Dream World de Don Downing. Asimismo, los diálogos que intercambian y su lenguaje corporal, reflejan el cariño que existe en esta pareja. Es muy probable que Saturday Night Fever (1977) haya sido un inspiración clave para Castellano.

La fotografía de Kristen Correll es uno de los grandes aciertos que tiene la cinta, ya que juega con la intensidad de la iluminación y denota su contraste con la oscuridad, sobre todo en los cambios de escenarios que transcurren entre la discoteca y la antigua iglesia. Además, el seguimiento de la cámara durante el baile muestra la coordinación en el ritmo de la coreografía a través de los acercamientos y los planos contrapicados que nos dejan entrever las emociones de los personajes mientras nos iluminan con sus pasos clásicos de la época. 

Disco Inferno deja un sabor agridulce, pues 19 minutos no bastan cuando tienes una gran propuesta y una historia que se puede explorar más, y es que cuando el filme logra aterrizar sus ideas centrales en la trama, todo comienza a desenvolverse en un ritmo frenético y con un cierre abrupto. A pesar de ello, su buena ejecución visual y actoral termina por compensar este interesante relato que fusiona el terror con la música disco.

“Disco Inferno” ya está disponible en Netflix.

Imagen de portada cortesía de Netflix.