Hay momentos en la vida, sobre todo cuando somos niños, en los cuales descubrimos verdades tan increíbles que toda nuestra concepción de la vida cambia para siempre: puntos de inflexión que transforman nuestra forma de ver el mundo. Ver “Drive My Car”, de Ryûsuke Hamaguchi, se siente así: su bellísimo diseño nos sumerge en una historia y unos personajes tan vivos que, a través de su viaje, uno tiene la sensación de haber descubierto verdades antes ocultas de la naturaleza humana.

Tras un trágico acontecimiento, Yûsuke Kafuku (Hidetoshi Nishijima), un actor y director de teatro, acepta dirigir la obra Tío Vania para un festival de teatro en Hiroshima. Entre los actores que buscan participar está Kôshi Takatsuki (Masaki Okada), un joven cuya presencia obliga al dramaturgo a enfrentarse con su pasado. En medio de viajes con una silenciosa y eficiente chofer (Tôko Miura), Yusuka trata de darle sentido a una existencia que parece haber perdido toda alegría.

Entre los muchos premios recibidos por esta película en el Festival de Cannes está el de Mejor Guion, y al ver la película uno entiende por qué. El texto del propio Hamagûchi (“Wheel of Fortune and Fantasy”) en colaboración con Takamasa Oe logra, a lo largo de casi tres horas, revelar de forma sutil pero constante la verdad detrás de cada uno de sus personajes. La gran técnica empleada hace parecer fácil uno de los principios más complicados del guion: conseguir una escala progresiva de conflicto, en la cual ninguna escena sobre y cada acción nos revele de manera aparentemente imperceptible nuevas capas ocultas de los personajes.

Esta estructura impecable, acompañada de una dirección en punto, convierten a esta película en una de las mejores experiencias cinematográficas del año. De entre todas sus grandes escenas, vale la pena destacar una conversación en el coche entre Kafuku y Takatsuki. Mediante únicamente diálogo y en un viaje aparentemente tranquilo, la tensión y la lucha de poder escala hasta llegar a una revelación desgarradora que deja atónitos tanto a los espectadores como al protagonista. Así de bien escrita y ambientada está la película.

Esto no significa que se trate únicamente de una clase de maestría técnica sin corazón. Cada aspecto está al servicio de lo más importante en toda historia: hacernos sentir. Pese a una temática en un inicio triste, el universo de la película está lleno de personajes que traen vida y color al mundo de Kafuku. Particularmente brillante es Yoo-rim Park en el papel de Lee Yoon-a, una mujer incapaz de articular palabras, pero cuyo cuerpo y rostro transmiten más emoción de lo que muchos otros actores logran con grandes monólogos.

Ante todo, “Drive My Car” se toma el tiempo para mostrarnos el poder de entretenimiento que tiene una buena historia. Pese a su larga duración y a la ausencia de grandes efectos, resulta en una experiencia conmovedora y universal. Ryûsuke Hamaguchi nos recuerda cómo las grandes historias llegan a nuestro corazón, y nos obligan a encontrar verdades propias a través de personajes que se vuelven tan reales para nosotros como nuestros padres o hermanos. Esta es una película nada pretenciosa a la cual todo aquel que le dé una oportunidad recibirá a cambio un viaje inolvidable a través de la pantalla.

“Drive My Car” está nominada a Mejor Película, Dirección, Película Internacional y Guion Adaptado en los premios Oscar 2022 y ya se encuentra disponible en cines de España. Será distribuida en Latinoamérica por MUBI.