Aunque conlleva un sentido de independencia y tranquilidad, el trabajo de conducir trailers no debe ser nada sencillo: soledad, largas horas en el camino, la responsabilidad de cuidar de un costoso vehículo y la indiferencia de la sociedad frente a tu importante labor. Y en el caso de conductoras mujeres, además existe un grave problema de violencia sexual. El documental Driver de Nesa Azimi es una inmersión íntima a las altas y las bajas de este mundo.

Al estilo verité, Driver nos permite ser el silencioso acompañante de Desiree Wood, una mujer que comenzó a conducir trailers a los cuarentaitantos años para tener un nuevo inicio en su vida. Aunado a este trabajo, Desiree es la líder de una organización para traileras llamada REAL Women in Trucking que tiene como objetivo acabar con la violencia sexual en la industria; es también una especie de comunidad para conectar y proveer un espacio seguro para todas.

Es evidente la pasión que Desiree y sus compañeras (una de ellas se convierte en sujeto del documental durante algunas escenas) por este trabajo que les permite recorrer el país, alejarse del mundo exterior y sentir cierta independencia; es como si el vehículo fuera un pequeño mundo en donde se sienten seguras, así como un espacio meditativo para reencontrarse a sí mismas. A lo largo del documental, aprendemos que el interior del trailer es como una protección contra los fantasmas de violencia sexual que persiguen a muchas de ellas.

Sin embargo, es imposible que estas mujeres sean 100% libres, pues dependen de una industria indiferente que no vela por sus intereses. En un punto Desiree explica cómo el trabajo de traileros fue crucial durante la pandemia, pero es evidente que se les sigue viendo como entes invisibles por sus jefes y por la sociedad en general. De hecho, pareciera que, al igual que en muchas otras industrias, el escenario pospandemia es más gris que nunca, pues los salarios son cada vez peores, algo que, como Desiree explica detalladamente, los recultadores ocultan. 

Además de lo anterior, Desiree también debe malabarear la presión de mantener su trailer, en constante amenaza de ser embargado por la compañía que se lo vendió, con liderar REAL y apoyar a mujeres víctimas de violencia sexual. La tenacidad de Desiree es admirable y es fácil entender por qué Azimi se sintió atraída a hacer este documental con ella en el centro: la mujer exuda confianza y empatía.

El problema es que Driver no conecta todos estos hilos de manera fluida o cautivadora. La edición nunca encuentra un ritmo consistente y de repente pasa de un tema a otro de manera inorgánica; incluso hay momentos en los que interrumpe un momento fascinante al cambiar de sujetos. Todas las escenas con Michelle, otra trailera a quien Azimi sigue, son agradables y sus palabras le dan otra dimensión reflexiva al filme, sin embargo sus apariciones espontáneas no se sienten del todo justificadas y por momentos queda la insatisfacción de que pasamos muy poco tiempo con ella. 

Driver brilla cuando destaca la sororidad entre traileras y su resistencia directa contra las mentiras de la industria. Aunque la inconsistencia de la dirección y edición no permite que estos elementos se fusionen del todo con el resto del filme, Azimi cumple con creces su cometido de darle luz a un mundo muchas veces ignorado o hasta discriminado. Es un documental que, guíado por la estrella de Desiree, te informa sobre los aterradores desafíos de una industria crucial en nuestras sociedades.

“Driver” tuvo su estreno mundial en el Festival de Tribeca 2024.