Decir que Homero Gómez González era un ejemplo de valentía es poco. El activista y ambientalista mexicano dio su vida por proteger a la mariposa monarca, una especie vulnerable a la extinción, de la destrucción ambiental generada por el crimen organizado. El Guardián de las Monarcas de Emiliano Ruprah hace poco por homenajear su vida o resaltar con detalle su trabajo en pro del medio ambiente, más bien, como típico documental de Netflix, está más interesado en su presunto asesinato y el sistema que lo provocó. Este approach no es del todo fallido, pues da como resultado un testimonio tan enfurecedor como aterrador de los niveles de inmoralidad e impunidad que existen en México.

A través de una mezcla de entrevistas, pietaje de noticieros y pequeñas recreaciones actorales, el documental presenta a Homero Gómez, muestra su pasión por las mariposas y explica brevemente la migración de esta maravillosa especie. Con las bases sólidamente establecidas nos metemos de lleno, paso a paso, en las circunstancias que obligaron a Homero a una vida de activismo. Ruprah y su editor Ricardo Poery hacen un sólido trabajo hilando las entrevistas de periodistas, familiares y amigos de Homero para abordar la expansión del crimen organizado en Michoacán, su interés en El Rosario y su modus operandi para explotar la región.

Al abordar el tema político, Ruprah consiguió entrevistar a Silvano Aureoles, ex gobernador de Michoacán, quien ante la cámara hace lo único que los políticos saben hacer: mentir. Su presencia sienta las bases para explicar los nexos entre crimen organizado y autoridades, mismos que se hacen aún más claros durante la investigación del presunto asesinato de Homero. La impotencia crece conforme avanza el documental y aprendemos sobre el descarado accionar de la Fiscalía de Michoacán y sus “conclusiones” sobre la muerte de Homero. El Guardián de las Monarcas demuestra, una vez más, que México es un territorio fértil para la violencia gracias a la impunidad con la que opera el crimen a partir del apoyo que le brinda el Estado. 

Por desgracia, estos aciertos del documental vienen de la mano con una fijación insensible en la muerte de Homero. En ningún momento existen dudas de que El Guardián de las Monarcas es un documental producido por Netflix tanto en forma como fondo porque sigue los torpes patrones de siempre. El director cumple puntualmente las exigencias algorítmicas de Netflix como si de un checklist se tratara y con ello reduce el apoteósico trabajo de Homero; por momentos da la impresión de que el filme está más interesado en crear suspenso alrededor del caso que en examinar el legado de su sujeto. Aunado a esto tenemos que el documental cuenta con elementos técnicos, tales como la fotografía y el score, que siguen los estándares convencionales de Netflix, cosa que lo hace parecer como un producto de fábrica, un reportaje carente de identidad. 

Pese a la insensible dirección, el filme cumple con el trabajo de visibilizar los letales obstáculos a los que se enfrentan los activistas en México: este es un testimonio compacto y directo de la corrupción, impunidad y falta de ética que están hundiendo al país. Todo esto se puede condensar de manera aterradora en uno de los sujetos entrevistados: Mario Pinedo Infante, fiscal de homicidios dolosos de Michoacán, repite con total frialdad la insultante versión de la fiscalía sobre la muerte de Homero y todavía tiene el descaro de mostrar a la cámara una pila de carpetas que, asegura él, son pruebas de que se el activista no fue asesinado. La cara de este cobarde es también la cara del gobierno mexicano, de su indiferencia ante la violencia, de su deshonestidad y de su hipocresía. 

“El Guardián de las Monarcas” ya está disponible en Netflix.