Cuando Studio Ghibli se tomó una pausa indefinida en 2014 tras el anuncio del retiro de Hayao Miyazaki (que, como ya sabemos, no duró mucho), uno de sus animadores y productores más importantes, Yoshiyuki Momose, fundó Studio Ponoc con el objetivo de continuar el legado de Ghibli y utilizar a la animación para llevarle historias significativas a niños y adultos por igual. Una década después, es claro que esta visión está más que viva, pues El Imaginario, tercer largometraje del estudio, es un hermoso y encantador viaje que, a diferencia de otras películas del 2024 con temas similares, llega muy lejos con su concepto de amigos imaginarios y su original manejo del tema del duelo.

Rudger (Kokoro Terada) es el amigo imaginario de una niña en duelo llamada Amanda (Rio Suzuki) y, por lo mismo, es completamente invisible al resto del mundo, incluyendo su madre Lizzie (Sakura Ando). Pese a las increíbles aventuras que experimenta con Amanda, Rudger comienza a preocuparse cada vez con mayor fuerza por el inminente destino que todo imaginario como él debe afrontar: su desaparición como consecuencia de ser olvidado por el humano que lo imaginó. Este miedo es exacerbado por la llegada de Mr. Bunting (Issey Ogata), un malévolo hombre que, acompañado por su escalofriante imaginario (básicamente la niña de Ringu), tiene como objetivo devorar a Rudger.

Adaptado por Yoshiaki Nishimura del libro del mismo nombre de A.F. Harrold, El Imaginario hace énfasis en el poder de la imaginación que tenemos durante nuestras infancias y cómo lo llegamos a usar como mecanismo de defensa contra los traumas del mundo real. En una industria tan atiborrada de películas sobre pérdida, esta historia brilla por su original y colorido acercamiento al tema. Rudger es un producto del duelo de Amanda por la muerte de su padre y al mismo tiempo es un ser que debe lidiar con lo que parece ser un inevitable destino de olvido. 

Un diferenciador clave del filme es que no tiene miedo de ir a lugares oscuros. Desde una serpiente estrangulado a una niña hasta la desaparición de un importante personaje secundario, El Imaginario utiliza imágenes relativamente fuertes para una película animada familiar. Momose muestra la crueldad del mundo y lo sombría que se puede tornar nuestra imaginación, pero lo hace sin pasarse de la raya.

Una de los primeros giros fuertes del filme involucra precisamente el atropellamiento de Amanda, lo cual provoca que Rudger empiece a desaparecer y eso a su vez lo lleve, guiado por un sabio gato llamado Jinzan (Takayuki Yamada), hasta la Ciudad de los Imaginarios, una biblioteca en donde todos estos seres pueden seguir viviendo e incluso fungir como compañeros de juego temporales para algunos niños. Es aquí donde la película obtiene nuevas capas narrativas, pues nuestro protagonista debe seguir adelante pese a una tragedia y encontrar la manera de proteger la inocencia e imaginación de su humana. 

Es también en este punto que la poco clara mitología de la película se vuelve un tanto distractora. La dinámica de ir del reino imaginario al real y cómo uno de estos seres puede nuevamente convertirse en amigo imaginario de un niño, no se explica de manera satisfactoria, pero la buena noticia es que esto no interrumpe el flujo de una historia siempre encaminada a transmitir su mensaje de esperanza y sanación, misma que es acompañada por una gama de geniales personajes secundarios como Jinzan, Aurora (Hana Sugisaki), Snowflake (Mitsuaki Kanuka) y, sobre todo, Refrigerador (Akira Terao), con los que es fácil encariñarse; su diseño es tan sencillo como eficaz.

Pero lo que termina por elevar a El Imaginario a la categoría de película memorable es su villano. Si bien Mr. Bunting no tiene grandes motivaciones ni un desarrollo sobresaliente (es simplemente un malo que devora imaginarios para seguir viviendo), es un personaje tétrico cuya presencia cambia radicalmente la vibra de cualquier escena. Es un ser inmortal que, similar al Pennywise de Eso, cuenta con impredecibles y ambiguos poderes que alteran la realidad. Su diseño, gran doblaje de Issey Gota, la frialdad de sus actos, la aterradora manera en la que devora imaginarios y el hecho de que esencialmente mata a otros seres para seguir viviendo, lo convierten en un villano formidable que, sin llegar a ser demasiado escalofriante para los niños, logra evocar a algo que nos encontraríamos en nuestras pesadillas. Y la cereza en el pastel es su acompañante imaginario, una niña en blanco y negro al más puro estilo del J-Horror.

La experiencia de Yoshiyuki Momose como animador en Studio Ghibli es clara, pues ese espíritu está vivo en los visuales de la película. La animación a mano es particularmente espectacular durante las escenas de aventura (escenarios imaginados por niños) o cuando hay una manipulación de la realidad/imaginación en juego. Pero no todo son colores vibrantes y fondos hermosos, pues los aspectos sombríos del filme, en particular todo aquello relacionado a Mr. Bunting, son plasmados de manera asombrosa con ayuda de innovadoras técnicas de luz y sombreado en visuales que evocan los trabajos de Rembrandt. Esto último es muy importante, pues consolida una identidad visual propia y diferente a la de Ghibli.

El Imaginario celebra la imaginación de los niños al tiempo que le recuerda a los adultos la importancia de alentarla y cultivarla. Es una experiencia emocionante y visualmente hermosa cuyo ligero uso de terror le da un toque fresco a su narrativa. Los cambios tonales, el ritmo incesante de algunas secciones y la confusa mitología evitan que las emocionas fluyan libremente y que la película alcance las alturas de su compañía “hermana”, pero aquí hay suficientes virtudes y originalidad, tanto en el departamento narrativo como en el visual, para dejar en claro la calidad y potencial de Studio Ponoc como casa productora.  

“El Imaginario” o “The Imaginary” ya está disponible en Netflix.