“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos” dijo el dos veces ganador del Balón de Oro, Alfredo Di Stéfano. Lo increíble de las películas deportivas son las enseñanzas que hay detrás de sus historias y El Juego Bonito destaca por representar el valor que hay en el trabajo en conjunto a pesar del talento individual que puede haber en el equipo. Un largometraje que se disfruta de principio a fin gracias a sus actuaciones y a la gran ejecución de la directora Thea Sharrock

Inspirada en hechos reales, este drama deportivo cuenta la historia de un equipo de fútbol de personas sin hogar de Inglaterra que busca consagrarse campeón de la Copa Mundial de Fútbol Callejero. De la mano de su entrenador Mal (Bill Nighy), esta peculiar plantilla de jugadores intenta alcanzar el éxito, pero también reivindicarse de su pasado. Sin embargo, la situación se torna algo tensa cuando Mal decide llevar a un nuevo y talentoso delantero: Vinny (Micheal Ward), quien podría darles la oportunidad de ganar o bien, de destruir todos sus planes. 

Thea Sharrock nos vuelve a mostrar su esencia como directora al plasmar esta historia en forma de comedia, pero que logra fusionar elementos divertidos, reflexivos y emotivos sin ser necesariamente cruel a pesar del contexto que viven cada uno de los personajes. Algo semejante a lo que nos mostró en Me Before You, un drama romántico que mezcla distintas emociones a lo largo del filme para hacerte reir, pero también llevarte hacia un afligido desenlace que te obliga a sacar los pañuelos.

Asimismo, la labor de Frank Cottrell Boyce como guionista hace que esta historia no caiga en un drama meloso sino en algo inspirador debido a los temas que se tocan durante la película como las segundas oportunidades, la importancia del trabajo en equipo y el compromiso que el deporte exige para alcanzar los objetivos. El desarrollo de los personajes envuelve al espectador conforme va avanzando la película, sobre todo porque enlaza los relatos secundarios a la narrativa principal, como el equipo debutante de Japón, la joven promesa de los Estados Unidos y la escuadra sudafricana liderada por una carismática monja. 

Bill Nighy (Living) vuelve a sorprendernos con una gran interpretación y esta vez lo hace como el legendario entrenador Mal, quien se distingue por su paciencia y su encanto para liderar a un grupo de personas marginadas. Su auténtica personalidad y el magnetismo en su lenguaje corporal nos hace creer que es una mente maestra en la táctica de fútbol. Aunque para hablar de Nighy tenemos que destacar lo de Micheal Ward (Empire of Light), cuyo personaje opera como la contraparte de Mal e interviene para provocar un desbalance en el equipo. A pesar de las diferentes personalidades, este binomio se complementa entre sí a partir de las emociones e interacciones que ambos transmiten en cada escena: las discusiones, los malentendidos y las disculpas.

El resto del elenco también aporta dinamismo a la narración gracias a sus actuaciones que exponen la diversidad y la unión que son propios del deporte. Cabe destacar que esta cinta está inspirada en el torneo que inició en 2001 por la Fundación Homeless World Cup que tiene como misión utilizar el fútbol para apoyar a las personas sin hogar a cambiar sus vidas y modificar la percepción que tiene la sociedad hacia ellos.

En los filmes deportivos siempre debe de haber un momento de tensión para que la audiencia esté al borde de la butaca y la edición de Fernando Stutz cumple con ese trabajo. Un ejemplo es la escena donde Vinny llega corriendo al estadio y se le niega la entrada al partido que está por comenzar. El ritmo frenético del montaje mezcla las escenas entre los equipos que están aplaudiendo para motivarse a sí mismos previo al silbatazo, la desesperación de Mal por encontrar a su jugador estrella y a Vinny diciéndole desesperadamente al guardia de seguridad: “¡Soy indigente!”.

El Juego Bonito es el resultado efectivo de una historia emblemática e inspiradora que se puede disfrutar sin importar si eres aficionado o no al balompié. La construcción de los personajes nos da la oportunidad de empatizar con cada uno de ellos gracias a la resiliencia humana que demuestran. Esta cinta nos vuelve a mostrar al deporte como un sinónimo de esperanza y de unión. 

“El Juego Bonito” ya está disponible en Netflix.