¿Recuerdan los live action de caricaturas? ¿Películas como Alvin y las ardillas, Los pitufos o El oso Yogui? En caso de que no las hayas visto, se tratan de cintas con premisas simples y mensajes familiares, referencias a la cultura popular de su año de estreno y personajes humanos olvidables. Estas películas fallan en recapturar la magia de los personajes originales, sin embargo, por alguna razón Universal decidió intentar revivir a su emblemática mascota, El Pájaro Loco, con una cinta en 2017 y la recepción crítica fue desastrosa. Pese a esto, 7 años después, nos llega la secuela dirigida por Jonathan A. Rosenbaum: El Pájaro Loco se va de campamento, una cinta que se siente anticuada y le ofrece poco al espectador.

El Pájaro Loco (Eric Bauza/Jesús Guzmán) está fuera de control y espanta a los visitantes del bosque, por ello las autoridades deciden echarlo hasta que aprenda a trabajar en equipo. Inmediatamente, Loquillo, como también se le conoce al personaje, encuentra el campamento Woo Hoo, el lugar perfecto para aprender sobre trabajo en equipo, por desgracia los ánimos en el campamento están bastante bajos pues se acercan los Juegos Salvajes, un evento donde los Woo Hoo compiten contra el campamento rival pero siempre pierden. Loquillo decide ayudar a los niños a cambio de una medalla, lastimosamente, Buzz Buzzard (Kevin Michael Richardson/Gabriel Chávez), un buitre tramposo y codicioso, aparece en escena para complicar las cosas.

El guion de El Pájaro Loco se va de campamento es bastante plano y simple: utiliza muchos lugares comunes, personajes unidimensionales y un conflicto artificial que se estira mucho para tratar de divertir y emocionar a los espectadores. Esto no funciona, es cansado y predecible. Muchos de los chistes tratan de apelar a los intereses de los niños de hoy en día: youtubers, TikTok y videojuegos de realidad virtual, sin embargo todos estos dispositivos y referencias modernas no se sienten orgánicas en la narrativa general del filme.

El conflicto principal, por otro lado, se siente sacado de una película de los años noventa y todos los estereotipos en los personajes secundarios son bastantes anticuados: el niño amante de las matemáticas, el fanático de los explosivos, la niña emo, la experta en videojuegos, el miedoso, etc. El mayor crímen de la película es la poca presencia de Loquillo en la historia: él es el detonante de todo pero una vez que comienzan los juegos, aparece y desaparece conforme la trama lo necesita y solo se reintegra en el tercer acto para cumplir su arco de personaje.

Tal vez lo mejor de la película es la presencia de Buzz Buzzard y Pablo Morsa, antagonistas recurrentes de El Pájaro Loco en los cortometrajes clásicos de Walter Lantz (creador del personaje) y en la serie animada de los años 90. Para el doblaje latinoamericano tuvimos el regreso de Gabriel Chávez y Francisco Colmenero como las voces de Buzz y Pablo, respectivamente. El señor Morsa no cuenta con una participación relevante en el filme pero Buzz es el antagonista principal y la cinta lo explota al máximo mostrándonos toda su maldad; por momentos es algo torpe, como en la serie de televisión, pero rivaliza bastante bien con Loquillo y une tanto la historia del campamento como la de el Pájaro Loco para darle sentido a todo.

El Pájaro Loco se va de campamento es una película que se siente anticuada: el humor, los personajes, la historia y estilo visual de la cinta parecen sacados de principios o mediados de los 2000 sin ofrecer nada novedoso o una actualización para los personajes. Si creciste con Loquillo y sus personajes de apoyo, el filme puede ser un tanto nostálgico gracias a las referencias, desgraciadamente no se transmite lo disparatado y exagerado del Pájaro Loco animado, por lo que el filme no es el mejor referente para introducir a las nuevas generaciones a un personaje tan emblemático de la animación.

“El Pájaro Loco se va de campamento” ya está disponible en Netflix.