Durante la pandemia de Covid-19, una de las cintas que “salvó” al cine fue ni más ni menos que Godzilla vs. Kong por su espectacularidad elevada a tamaños colosales. Adam Wingard regresa a la silla de director para expandir más el MonsterVerse con Godzilla y Kong: El nuevo imperio, y entregar, de nueva cuenta, una película desproporcionada, pero con dosis masivas de destrucción y diversión.

Ha pasado un tiempo desde que Godzilla y Kong unieron sus fuerzas para enfrentarse a Mechagodzilla. Ahora, El Rey de los Monstruos vive en la superficie con la misión de cuidar a la humanidad de amenazas titánicas, mientras que Kong vive en la Tierra Hueca en donde sigue descubriendo el lugar y su posición en la cadena alimenticia. Todo cambia cuando Kong se topa con Skar King, un simio maniático y enfermo de poder que quiere llegar a la superficie a toda costa para conquistarla. Ante la superioridad de Skar King y sus tropas, Kong busca aliados y uno de ellos es Godzilla, quien ha elevado su poder a niveles ultra rosas. 

Godzilla y Kong: El nuevo imperio está construida bajo los estándares estadounidenses y hollywoodenses que reproducen un discurso nacionalista y una construcción narrativa básica con la extenuante utilización de chistes, la exploración de sentimentalismo funcional y giros de trama gratuitos que están presentes para hacer avanzar la historia. Esta película se apoya de elementos desarrollados en sus predecesoras para plantear una nueva expansión del concepto y continuar con combustible, como por ejemplo el regreso de una aliada muy importante en el universo de Godzilla, quien resulta ser la conexión entre el mundo titán y humano;  además, la cinta cumple con creces su objetivo principal: ser una montaña rusa que entretiene y divierte con dosis desproporcionadas de monstruos combatiendo, rayos de energía por doquier y humanos haciendo chistes para aligerar la tensión.

Uno de los aspectos que más se le ha cuestionado a la franquicia es la extenuante utilización de los personajes humanos, los cuales están presentes para sobreexplicar lo que acontece, estorbar y a veces ayudar a los verdaderos protagonistas y sí, también para aletargar la película con chistes y conversaciones poco propositivas. Aquí la presencia de los humanos no cambia de sentido, sin embargo, Adam Wingard (Godzilla vs. Kong) ladea la balanza en pro de disfrutar más acción de los monstruos, en especial de Kong, y los humanos quedan relegados a un segundo plano. 

Cabe destacar la adición de Dan Stevens, con quien Wingard trabajó en El huésped, pues desarrolla una química divertida y especial con los personajes de Bryan Tyree Henry y Rebecca Hall. Esta triada, junto a Kaylee Hottle, quien regresa como Jia, son suficientes para descubrir más cosas ocultas de la Tierra Hueca y darles apoyo a los titanes. Sus diálogos e interacciones no dejan de ser sobreexplicativas, pero su tiempo en pantalla es reducido lo cual se agradece por el bien del espectáculo visual y la conexión que el espectador puede gestar hacía con Kong y Godzilla. 

Uno de los puntos más plausibles del MonsterVerse es la calidad en sus efectos visuales. En esta película es notorio que el presupuesto ($135 millones de dólares) está dirigido a que los aspectos técnicos y visuales le sumen al desarrollo de la historia. El rol de los VFX no solo radica en que las encarnizadas peleas entre los monstruos sean entretenidas y se sientan como amenazas reales para la humanidad por los diferentes niveles de destrucción en las ciudades, sino que también forman parte importante del desarrollo del personaje de Kong. En esta cinta vemos cómo el gorila gigante busca su lugar en el mundo (en especial en la Tierra Hueca) a través de secuencias tan sencillas y sin necesidad de diálogos como verlo sentado y disfrutar unos buenos trozos de carne o bañarse luego de destazar a un animal, y siempre apoyadas por efectos hiperrealistas que buscan la apreciación del detalle.

Godzilla y Kong: El nuevo imperio ofrece un espectáculo visual digno de una película de titanes y monstruos despiadados. No sobresale precisamente por tener una historia compleja, sino más bien por explotar los recursos visuales y entregar secuencias de destrucción emocionantes y explosivas (literalmente). 

“Godzilla y Kong: El nuevo imperio” ya está disponible en cines mexicanos.