Paco Plaza es uno de los nombres más reconocidos del cine de terror español contemporáneo. Su película [REC], codirigida junto a Jaume Balagueró, se convirtió en un fenómeno mundial reconocido por fanáticos del género, público en general y críticos especializados. Este año, el director regresa con una precuela de Verónica (2017):  Hermana muerte, un filme donde explora las dudas de la fe, la religión y sus implicaciones en la Guerra Civil Española.

En Hermana muerte conocemos a Narcisa (Aria Bedmar), una mujer considerada durante su infancia como una santa capaz de realizar milagros. Ya como novicia, en la España de la posguerra, llega a un convento convertido en escuela para niñas para sustituir a una profesora de ciencias naturales, desgraciadamente el lugar es acechado por un espíritu perturbado que busca exponer un antiguo secreto.

El guion de Hermana muerte, escrito por Jorge Guerricaechaverría (Carne trémula), explora la tragedia y las infamias cometidas durante la Guerra Civil Española pero para él no son recuerdos, más bien se trata de acciones con ecos en el presente, heridas mal suturadas a punto de abrirse. Esto permite el paso a los elementos sobrenaturales, para lo cual utiliza la iconografía de la religión católica. Aquí, a diferencia de propuestas como Ruega por nosotros o La monja, el guionista percibe en la religión católica personajes, momentos e imágenes que parecen sacadas de alguna película de terror con mucho gore y body horror, y las utiliza como metáforas de las injusticias cometidas durante el conflicto armado.

La dirección de Paco Plaza se siente mucho más madura en Hermana muerte comparándola con [REC] e incluso Verónica por poner un ejemplo; aquí el director planifica con excesivo cuidado cada una de las tomas, su composición y encuadre, para llenarlas de significados a través de toda la información en las imágenes. Su ritmo pausado le permite respirar a la audiencia y apreciar los elaborados detalles técnicos; además no abusa de los jumpscares o de la música para llamar la atención del espectador y se enfoca más en construir una atmósfera inquietante que genera dudas e incertidumbre.

Los apartados técnicos son bastante destacables: el diseño de producción llena el convento de detalles que nos transmiten su historia sin palabras: vemos agujeros de bala en las paredes exteriores (probablemente se utilizaron de paredón durante la guerra), el sótano está repleto de figuras rotas cubiertas por sábanas blancas o en el cuarto de Narcisa hay una cruz inmensa, cada uno de estos elementos tiene una razón de ser; la fotografía de Daniel Fernández Abelló (La abuela) opta por planos generales para comunicarnos tanta información como sea posible, algo poco común en el cine de terror que generalmente utiliza planos medios y cortos para sorprender al espectador; también se beneficia del sol y la luz natural pues muchas de las escenas más aterradoras suceden a pleno día.

Hermana muerte es una cinta de terror donde el mal no está representado en un demonio o un elemento sobrenatural todopoderoso, la verdadera maldad está presente en dogmas y órdenes que ciertas personas siguen de forma ciega sin cuestionamientos, imponiendo así ciclos de violencia condenados a repetirse. 

“Hermana muerte” ya está disponible en Netflix

Imagen de portada cortesía de Netflix.