Dicen que del amor al odio hay tan solo un paso, aunque en el caso de Juego limpio (o Fair Play), debut cinematográfico de la directora y guionista Chloe Domont, tal vez habría que cambiar la palabra “paso” por “ascenso laboral”. Recientemente han habido varios trabajos que exploran la masculinidad frágil y la cultura incel, producto del miedo de los hombres hacia el éxito de las mujeres: Don’t Worry Darling y Barbie son algunos ejemplos recientes. Ahora Domont toma esta temática y construye con ella un tenso e impecablemente escrito thriller, con dos actuaciones maravillosas al centro de todo.

Emily (Phoebe Dynevor) y Luke (Alden Ehrenreich) se aman: viven juntos, tiene sexo apasionante y están muy emocionados por su reciente compromiso. Sin embargo, mantienen en secreto su relación porque ambos trabajan en la misma empresa como analistas financieros. Un día cuando una vacante para un puesto alto queda libre, los dos piensan que se la van a dar a Luke, pero se la ofrecen a Emily, lo cual desencadena una serie de inseguridades que amenazan con destruir su relación.

En esta película hay tres estrellas: Dynevor, Ehrenreich y el texto de Domont. Comencemos por este último: la guionista construye un thriller que está milimétricamente cuidado; el contraste entre el amor de los protagonistas y lo frío de su vida laboral plantea desde el inicio lo frágil que es su relación, cómo el menor paso en falso en la oficina puede arruinarlo todo. Los obstáculos y conflictos son claros y aumentan de forma orgánica hasta llegar a un nivel de tensión absoluta: ambientar la trama en el sector de las finanzas es una elección brillante, pues hace que cualquier decisión de los protagonistas no solo afecte su relación, sino que pueda acabar en la pérdida de millones de dólares, pues las acciones son tan volátiles como su estabilidad emocional.

El poder es el eje central de la historia: en la relación, en lo laboral, en lo económico. Cada elemento de la trama está puesto para mostrarnos el desbalance de poder que viven las mujeres en distintos ámbitos. Desde cosas muy notorias, como los compañeros de trabajo de Emily asumiendo que consiguió el aumento porque se acostó con su jefe, hasta detalles como las llamadas intrusivas de su mamá, quien la critica por trabajar demasiado y no enfocarse en cosas más importantes como formar una familia. 

Emily es una persona que ha tenido que abrirse paso en un mundo agresivo dominado por hombres y que desprecia a las mujeres. Luke, en cambio, siempre ha sido la estrella: todos lo admiran y nadie le ha dicho que no puede. Él asume el éxito como algo asegurado y que merece por su trabajo duro. Ambos personajes son interpretados de forma magistral por Dynevor (Bridgerton) y Ehrenreich (Oppenheimer), su transformación del odio hacia la más pura toxicidad es hipnotizante. Escena tras escena los actores lo dan todo para mostrar el daño que hacen las inseguridades y cómo alguien puede ser arrastrado por éstas a una negación absoluta de la realidad.

La fotografía de Menno Mans, además de ser muy agradable a la vista, ayuda a transmitir este deterioro: en un inicio los espacios en los cuales se habla de negocios están llenos de sombras y contraluces, como si ocultaran algo, mientras que el departamento en el cual la pareja puede ser ella misma está completamente iluminado, mostrando sus verdaderos rostros. Sin embargo, conforme avanza la historia, el departamento adopta estos mismos tonos sombríos, esta oscuridad de la cual Emily debe cuidarse. De igual forma, la edición Franklin Peterson mantiene el ritmo tenso requerido por la historia: aunque haya momentos en que todo es caos para los personajes, el espectador jamás pierde el hilo entre el frenético desarrollo de los acontecimientos laborales y emocionales de la pareja.

Juego limpio no solo muestra las complejidades que surgen en las relaciones amorosas a partir del éxito profesional de la mujer, sino que además es una película cuyo suspenso no te suelta en ningún momento. Su magnética pareja central, su acertada crítica a la violencia de género en distintos ámbitos de la vida y una trama que te tendrá al borde del asiento son más que suficientes razones para dejarte seducir por este atrapante thriller.

“Juego limpio” se encuentra en cines selectos en México y llega el 6 de octubre a Netflix,