En octubre de 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que transportaba a los miembros de un equipo de rugby, junto a sus amigos y familiares, se estrelló en la cordillera de los Andes. Los supervivientes al impacto esperaban ser rescatados, sin embargo, tras diez días todos los esfuerzos por encontrar el avión se detuvieron debido al mal clima, esto obligó a los pasajeros del avión a enfrentar, durante poco más de dos meses, un fríoextremo, sed y hambre. La sociedad de la nieve (Society of the Snow), la nueva película de J. A. Bayona, nos relata esta desgarradora historia de supervivencia humana.

El guion de la cinta se basa en el libro homónimo de Pablo Vierci, compañero y amigo de muchos de los supervivientes, que recoge los testimonios de cada uno de los jóvenes, además de entrevistas recientes realizadas por Bayona y su equipo a los involucrados en el accidente. Todo este material le sirvió al director y sus coguionistas, Bernat Vilaplana, Jaime Marques-Olarreaga y Nicolás Casariego, para distinguirse de acercamientos anteriores (antes tuvimos Supervivientes de los Andes, filme mexicano estrenado pocos años después del accidente, y ¡Viven!, versión norteamericana de 1993) y centrarse no en quiénes regresaron del accidente sino en aquellos compañeros muertos a lo largo de los 72 días de suplicio.

La película contiene momentos brutales: desde el choque del avión contra la montaña, la avalancha que sepultó a los sobrevivientes durante días o el duro momento de decidir entre morir de hambre o recurrir a la antropofagia, sin embargo la mirada de Bayona no es morbosa ni busca generar un shock en los espectadores: el director trata todo con respeto y muchísima empatía: no muestra escenas explícitas de los jóvenes destazando cadáveres o consumiendo carne de forma salvaje, en su lugar nos da una secuencia de debate moral y religioso antes de tomar la decisión final y, una vez que la mayoría está de acuerdo, Numa (Enzo Vogrincic) quien funge como narrador de la historia, nos cuenta a través de voz en off lo difícil que fue seleccionar los cuerpos, los pocos recursos a su disposición para poder hacer los cortes y cómo tuvieron que mezclar la carne con el hielo para poder tragarla sin asco; los testimonios y entrevistas previas a la realización del filme le proporcionaron al director datos para darle más realismo a las escenas y también ayudaron a construir momentos íntimos con sus personajes, recrear conversaciones profundas o juegos para matar el aburrimiento. Al final son seres humanos viviendo una situación aterradora y el director se enfoca en contarnos los momentos más emotivos e importantes para la supervivencia de todo el grupo.

Para honrar correctamente a todos los involucrados en el accidente era importante realizar la película en español y con un elenco conformado por jóvenes uruguayos y argentinos que entendieran el contexto social y cultural de la época del accidente. Bayona ensambla un reparto coral de actores poco conocidos en favor de mantener viva la ilusión de la verosimilitud; los jóvenes tienen escenas complejas, física y emocionalmente, momentos duros, y secuencias que les hacen brillar. Es sobrecogedor ver el cambio físico de todos: pasan de jóvenes fuertes a cuerpos esqueléticos con la ropa hecha jirones y barbas largas. 

Esta nueva aproximación al Milagro de los Andes se destaca por sus extraordinarios apartados técnicos. La fotografía de Pedro Luque (No respires) nos sumerge de lleno en el fuselaje del avión a través de sus primeros planos y close-ups extremos, como si también fuéramos supervivientes; las tomas cerradas acrecientan la sensación de claustrofobia, los movimientos de cámara son limitados debido al espacio reducido y nuestra única fuente de luz son las ventanas semienterradas en la nieve, de esta forma podemos sentir a los personajes cerca de nosotros, estamos con ellos en todo momento y somos capaces de sentir todo su dolor, angustia y sufrimiento. Esto contrasta con los planos generales y tomas aéreas del valle que nos muestran la escala de las cosas: el avión y sus ocupantes lucen como hormigas desde el cielo, prácticamente invisibles para cualquier intento de rescate.

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“La sociedad de la nieve” | Cortesía de Netflix

En sus trabajos anteriores, Bayona utilizó el score para construir momentos emotivos e impactantes, sin embargo en La sociedad de la nieve el sonido es, tal vez, la pieza más importante del ensamble técnico. Aquí el cineasta español deja que el sonido y los silencios sean el pilar de la película: todo el tiempo tenemos el aullido del viento en nuestros oídos, el golpeteo de las piezas metálicas del avión o el crujir de la nieve cuando una persona intenta desenterrar un cuerpo. Hay secuencias completas que giran alrededor del sonido y se vuelven bastante aterradoras: el choque con la montaña, por ejemplo, es impresionante de ver, sin embargo el sonido del avión resquebrajándose, el zumbido del viento, los huesos rotos y el metal de los asientos colisionando con los cuerpos terminan de envolver al espectador y transforman el filme en una experiencia audiovisual inmersiva.

La sociedad de la nieve es una película sobre la amistad y el sacrificio, sobre unidad y hermandad, que nos entierra en la nieve junto a todos sus protagonistas y nos encierra en ese avión a través de sus brillantes apartados técnicos. Bayona recrea el accidente de los Andes con un realismo aterrador pero jamás recurre al sentimentalismo artificial para transmitir su historia; sus imágenes llegan a ser crudas y despiadadas porque necesitan serlo y nunca caen en el morbo o el sensacionalismo barato. Al final, el cineasta nos llena de esperanza y nos invita a unirnos en los momentos difíciles, a seguir creyendo en los demás y en la solidaridad de los seres humanos.

“La sociedad de la nieve” es la selección de España para el Oscar a Mejor Película Internacional 2024, está disponible en algunos cines y llegará a Netflix el 4 de enero.

Imagen de portada cortesía de Netflix.