En 1941 el mundo conoció por primera vez a Archie Andrews y su grupo de amigos en el cómic homónimo creado por John L. Goldeater, Vic Bloom y el dibujante Bob Montana. La historieta tuvo un gran recibimiento por parte del público, los personajes se convirtieron en un referente de la cultura popular estadounidense de la época y brincaron de las viñetas a distintos medios como los dibujos animados, el cine y las series de televisión. Ahora, de la mano de la directora Zoya Akhtar (Gully Boy), llega Los Archies (The Archies), adaptación musical que traslada a los famosos personajes a la India de finales de los años sesenta.

Los Archies nos presenta a Archie (Agastya Manda), Jughead (Mihir Ahuja), Verónica (Suhana Khan) y Betty (Khushi Kapoor) durante su último año en la preparatoria de Riverdale, un pequeño pueblo angloindio. El grupo de amigos debe enfrentarse a los triángulos amorosos, legados familiares, importantes decisiones para su futuro y a un grupo de desarrolladores inmobiliarios corruptos que amenazan con destruir el amado parque de la comunidad para construir un hotel.

La película es un caos narrativo: la trama principal aparece y desaparece conforme la película la necesita y el resto del tiempo se rellena con subtramas para todos los personajes (tanto principales como secundarios), algunas son interesantes mientras otras tienen el propósito de hacernos reír, pero la gran mayoría se sienten innecesarias. 

De igual manera, el guion intenta hablar de muchísimos temas al mismo tiempo: el cuidado del medio ambiente, la migración, preservar un legado importante, el sentido de pertenencia a una comunidad, el periodismo libre, la participación de los jóvenes en temas políticos y un largo etcétera, sin embargo no existe un equilibrio entre ellos, pues brincamos de uno a otro sin profundizar realmente en algo y al final todo se resuelve por arte de magia y con ayuda del poder del amor.

Como su nombre lo indica, Los Archies no es solamente la película sobre Archie y el famoso triángulo amoroso entre él, Verónica y Betty, más bien aquí tenemos una película de ensamble por lo que, al tener tantos rostros en pantalla es difícil destacar alguna interpretación sobre las demás pues todo el reparto hace un trabajo extraordinario. Los personajes son carismáticos, conmueven y te invitan a seguirlos en esta aventura, por desgracia el caos del guion le resta profundidad a muchos de ellos, sus motivaciones no son explicadas o tienen repentinos cambios de personalidad; por ejemplo jamás se profundiza en las motivaciones del villano y parece más una caricatura que una persona, poco le falta para enrollarse los bigotes y reír maquiavélicamente.

Los números musicales y las canciones son impresionantes y tienen un propósito narrativo: nos ayudan a conocer a los personajes, las dinámicas entre ellos y sus estados de ánimo. Zoya Akhtar utiliza un alucinante despliegue de recursos para poder orquestar con precisión cada una de las secuencias de baile. La fotografía de Nikos Andritsakis fluye a través de los sets y utiliza grandes angulares para captar la inmensidad de los mismos, esto nos recuerda siempre la enorme escala de la producción.

Los Archies intenta ser una épica musical sobre un pueblo y las interacciones de todos sus habitantes, sin embargo es una película caótica que brinca de una cosa a otra a lo largo de sus dos horas y media de duración. Sus personajes son entrañables y te enamoras con facilidad de ellos gracias a las increíbles interpretaciones de todo el reparto. Los números musicales tienen esa escala enorme que busca la directora Zoya Akhtar pero la falta de claridad en el enfoque de la historia termina agotando al espectador.

“Los Archies” ya está disponible en Netflix.