Una niña con olfato sobrehumano, un drama familiar, toques de brujería, un romance queer y viajes en el tiempo. En teoría, la combinación de todo esto no debería funcionar, pero la directora Léa Mysius lo logra en “Los cinco diablos”, una película original y sensorial impulsada por una de las mejores actuaciones en lo que va del año cortesía de Adèle Exarchopoulos.

Ambientada en un pequeño pueblo ubicado en las faldas de los Alpes franceses, la historia sigue a una pequeña familia con numerosas heridas sin sanar. La madre Joanne (Exarchopoulos) es una infeliz instructora de natación que tiene una relación rota con su pareja Jimmy (Moustapha Mbengue), un inmigrante senegalés. Todo su cariño es para su tierna hija Vicky (Sally Dramé), quien, pronto aprendemos, tiene un olfato privilegiado que le permite no solo detectar personas y objetos lejanos, sino también replicar cualquier olor y guardarlo en frascos de vidrio.

La cotidianidad de la familia es alterada con el retorno de Julia (Swala Emati), hermana de Jimmy quien se alejó del pueblo tras sufrir problemas de salud mental relacionados a extrañas visiones. Pronto aprendemos que el pueblo, plagado de homofobia y racismo, odia a Julia casi tanto como Joanne, quien adquiere una actitud muy hostil cada vez que está en su presencia. Es así que, impulsada por su curiosidad y su extraña habilidad, Vicky comienza a explorar el pasado de su familia para entender de dónde viene el rencor de su madre hacia Julia.

Léa Mysius juega con fantasía y ciencia ficción de manera tan poco ortodoxa como fascinante, pues no está interesada en darle lógica o una explicación a la existencia de los poderes de Vicky, más bien los trata como algo normal para contar una historia —que en realidad no tiene nada de sobrenatural— a través de los ojos de una niña con sus propias interrogantes existencialistas. Es un acercamiento original a la exploración de temas de identidad y trauma familiar. 

Adèle Exarchopoulos (“Zero Fucks Given”) es sublime en el papel de una mujer que es feliz como madre pero infeliz en toda otra faceta de su vida. La actriz despliega una vulnerabilidad auténtica y palpable que poco a poco nos permite sentir su profunda soledad, pero lo hace sin revelar el misterio de su pasado. Cuando, en una maravillosa escena en un bar, su personaje se olvida de los murmullos de los demás y abraza su identidad, Exarchopoulos transmite un tsunami de calidez y anhelo que permite dar paso a un efectivo tercer acto. Swala Emati (en su largometraje debut) no se queda atrás y saca chispas junto a Adèle en dicha escena.

Sally Dramé se roba el show en más de una ocasión. La pequeña actriz es crucial en el balance tonal de la película, pues en su gran desempeño encontramos mucha ternura y una actitud alivianada, pero también un ligero toque perturbador que se exacerba cuando le quiere causar daño a alguien. Esto último es producto de un miedo por perder a su madre que es brillantemente justificado por Mysius a través de escenas madre-hija, tales como el inicio del filme en la alberca o un “juego” en el bosque, que cementan el potente amor que existe de Vicky hacia Joanne.

No todo el guion de “Los cinco diablos” da en el blanco, pues Mysius no explora satisfactoriamente a los personaje de Jimmy y Julia, quienes solo están al servicio del desarrollo de la protagonista blanca. Asimismo, temas como la salud mental, el bullying y el rencor del pueblo hacia Julia se pierden entre el revoltijo de ideas y cambios temporales. No obstante, Mysius nunca pierde su enfoque principal (familia e identidad) y llena los huecos del guion con una estética hipnótica y absorbente. 

El director de fotografía Paul Guilhaume (quien también colaboró como guionista) utiliza la niebla del pueblo montañés para darle un aura mística a la película y juega con la paleta de colores para comunicar el estado psicológico de sus personajes. El score de Florencia Di Concilio ayuda a mantener la mezcla de tensión, dulzura y misterio presente en la historia, mientras que canciones como “Total Eclipse of the Heart” y “Cuatro Vientos” son sabiamente utilizadas para potencializar sentimientos o asociar elementos de una relación.

“Los cinco diablos” destaca por su originalidad y capacidad de utilizar sus ambigüedades para fortalecer su trama. Léa Mysius exitosamente disecciona una historia sencilla sobre familia y existencialismo en un exquisito caleidoscopio narrativo y sensorial, que además sirve como una prueba más de que Adèle Exarchopoulos es una de las actrices más brillantes de su generación.

“Los cinco diablos” ya está disponible en cines de México y llegará en exclusiva a MUBI el 12 de mayo. Foto de portada cortesía de MUBI.