Tras su misteriosa muerte en 1849, la vida del escritor, poeta y periodista Edgar Allan Poe ha sido objeto de un desfile sin igual de rumores, conjeturas y chismes, alimentados con frecuencia por la violencia y perversidad contenida dentro de su obra de ficción. Esta enigmática figura de la literatura norteamericana, junto con sus escandalosos hábitos, ha motivado a varios creadores a imaginar pasajes concretos de su vida que sirvan como una explicación racional para su persona y sus quehaceres. “Los Crímenes de la Academia” (The Pale Blue Eye), la más reciente película del director Scott Cooper, explora los años de formación del bostoniano en la Academia Militar West Point, una prestigiosa escuela para jóvenes donde se han suscitado una serie de misteriosos asesinatos.

Tras un aparente suicidio, la Academia Militar West Point es sacudida por un perturbador hecho: el cuerpo del cadete muerto ha sido profanado y le han extirpado el corazón. Tras esto, los responsables de la institución (interpretados por Timothy Spall y Simon McBurney) sacan de su retiro al detective Augustus Landor (Christian Bale) para resolver el misterio. Al poco tiempo de empezada la investigación, Landor comienza a recibir ayuda de un extraño y perspicaz cadete llamado Edgar Allan Por (Harry Melling).

Scott Cooper es un gran creador de atmósferas y conjuga de manera brillante sus imágenes con el sonido y el diseño de producción y de vestuario. De igual manera logra sacar brillantes interpretaciones de sus dos protagonistas: Christian Bale (“Thor: Amor y Trueno”) y Harry Melling (“La Tragedia de Macbeth”). Las dos actuaciones contrastan bastante y eso las hace funcionar: por un lado tenemos a un Christian Bale que presenta a un detective Landor bastante sobrio, con un rostro en el cuál es difícil percibir emociones, pero eso no le impide romperse cuando la película se lo exige. Harry Melling, por el contrario, crea un Poe mucho más caricaturesco y teatral, que juega constantemente con su fisicalidad y voz, pero, cómo su coprotagonista, puede voltear esa interpretación ruidosa y convertirla en algo íntimo y melancólico. Los mejores momentos del metraje son aquellos en dónde tenemos a ambos personajes interactuando y compartiendo ideas, ya sea sobre el caso a resolver o alguno de sus tormentosos pasados.

Pasado el primer acto, la cinta se aletarga, el misterio no avanza, el caso y los sospechosos se vuelven demasiado obvios para los espectadores en pro de una revelación final que si bien sorprende, en realidad se siente fuera de lugar porque la película concluye su argumento principal, se detiene completamente y en 15 minutos nos cuenta desde cero una historia más interesante. Además, la brutalidad prometida en las primeras secuencias, con esas imágenes tan perturbadoras en la morgue, se va diluyendo conforme avanza la historia; el relato nunca se convierte en el thriller brillante que sus actuaciones y la reputación de los textos de Poe tanto prometen. 

Por otro lado, el guion (escrito por el mismo Cooper) se esfuerza en crear conexiones entre los distintos elementos de la trama y las obras más famosas del escritor (solamente hace falta ver el título de la película en español, una referencia al primer relato detectivesco de la historia: Los Crímenes de la Calle Morgue). Asímismo la historia quiere justificar el por qué Poe tenía ciertas obsesiones, el nombre de algunos de sus personajes más famosos o las situaciones más escabrosas de sus cuentos, algo así como una historia de origen para el personaje, sin embargo es necesario conocer la amplia bibliografía (tanto de poesía como de narrativa) del escritor para captar todas estas referencias y, al final,  la película nunca profundiza en ese personaje, mismo que, más allá de unos cuantos diálogos de exposición, cambia poco a lo largo del metraje.

“Los Crímenes de la Academia” es muy similar a “Espíritus Oscuros”, anterior cinta de Scott Cooper: al inicio plantea una historia interesante con una gran y aterradora atmósfera pero, conforme nos internamos más en su misterio nos damos cuenta hacía dónde se dirige todo y terminamos decepcionados porque adivinamos el final. Christian Bale y Harry Melling entregan grandes actuaciones y su dinámica como maestro y aprendiz es un duelo de actores en pantalla, sin embargo eso no salva al filme de sus relaciones forzadas con la obra de Poe, ni de su argumento predecible.

“Los Crímenes de la Academia” ya se encuentra disponible en Netflix.