El melodrama mexicano tiene algunos tropos muy distintivos. Algunos de ellos son la madre abnegada que lucha por su hijo, las injusticias de la sociedad que la mantienen en la pobreza y el padre ausente. Los días francos, una muy bella ópera prima de Ulises Pérez Mancilla, está consciente de ellos y juega con nuestras expectativas para hacer un inteligente comentario sobre la maternidad, los sueños y las expectativas impuestas por la sociedad.

Amanda (Stephanie Salas) es una madre soltera que espera ansiosamente cumplir algún dia su sueño de ser una actriz famosa. Actualmente se dedica a hacer comerciales o cortometrajes estudiantiles, pero tiene la esperanza de lograrlo. En el entretiempo, cuida de su hijo, Nico (Arturo de La Rosa), como mejor puede con ayuda de su amigo, Bull (Alberto Santiago), un hombre de buen corazón y con un inmenso cariño por el niño.

Pérez Mancilla abraza el melodrama con todo lo que éste implica: sus emociones desbordadas, su naturaleza doméstica y la casualidad por sobre la causalidad; pero donde antes estaba la madre devota ahora encontramos a una mujer imperfecta, incapaz de dejar del todo sus ambiciones y deseos en favor de la maternidad, ¿y por qué lo haría? El guion nos invita a seguir a una protagonista que se niega a dejarse derrotar por los vuelcos de la vida: Amanda está dispuesta a ver por ella misma aun a costa de su hijo, mientras que la sociedad (y la audiencia) espera que abandone todo por su pequeño.

No es un personaje sencillo, pero Stephanie Salas interpreta a Amanda de maravilla. Fácilmente pudo haber caído en el patetismo o la antipatía, pero Salas siempre encuentra humanidad y formas de contagiarnos las ansias de su protagonista por encontrar ese reconocimiento inalcanzable. Cada nueva oportunidad se siente como una verdadera puerta. Pese a la clara falta de habilidad actoral de Amanda y a su egoísmo como madre, uno comprende de dónde viene esa desesperación por al fin alcanzar el estrellato.

Alberto Santiago es encantador como Bull, un personaje que también le da un giro al estereotipo de macho ausente en los melodramas mexicanos. Es sensible y comprensivo, dispuesto a dar de su tiempo para cuidar de Nico. Tanto en él como en Amanda, la película rompe con los roles propios del género y lo trae a la modernidad, a un tiempo en el cual tal vez debamos dejar de esperar perfección por parte de las madres o perpetuar retratos de una masculinidad fría e insensible.

Se nota la experiencia de Pérez Mancilla detrás de cámaras, pues retrata las escenas de comerciales o cortometrajes de Amanda con mucho realismo, como son las producciones, sin el glamour usualmente retratado en pantalla. 

Con Los días francos, Pérez Mancilla nos trae un debut prometedor que muestra su amor por el cine mexicano y su sensibilidad como director. Es bueno ver en pantalla una historia sobre el fracaso, las inseguridades y las crisis propias de la maternidad, que nos ayuda a recordar que nuestros padres no son perfectos y cómo detrás de nuestra crianza tal vez hay muchos sueños sin cumplir.

“Los días francos” está disponible en cines mexicanos.