Con haikus y discos de vinilo llega la animación japonesa “Palabras que burbujean como un refresco” para sacarte una sonrisa. Es la película debut del director Kyōhei Ishiguro, quien aquí nos regala un coming-of-age romántico que observa la evolución de las formas de comunicación de la juventud en un mundo digital.

La película sigue a dos tímidos jóvenes acostumbrados a expresarse a través del celular, pero no en persona. Smile (voz de Hana Sugisaki) es una alegre influencer que siempre está utilizando tapabocas para esconder sus frenos y Cherry (voz de Somegorô Ichikawa) es un amante de los haikus que porta audífonos para reducir la comunicación con los demás. Aunque Smile es sociable, claramente tiene problemas de autoestima y es capaz de aguantarse el hambre con tal de no quitarse el tapabocas; Cherry detesta hablar en público observa con tristeza la poca interacción que sus haikus generan en redes sociales. Un día de verano, sus caminos se cruzan en el centro comercial local y una burbujeante amistad los obliga a explorar sus inseguridades e intentar conectar a través de la comunicación real, cara a cara.

“Palabras que burbujean como un refresco” también conmemora el décimo aniversario de FlyingDog, un popular sello discográfico japonés responsable por la producción musical de muchos animes. Y precisamente, la música es un elemento primordial de esta historia, pues ayuda a unir a los protagonistas a través de la búsqueda de un disco de vinilo perdido por Mr. Fujiwara, un anciano que añora revivir memorias del pasado a través de las melodías de dicho objeto. 

Estamos ante una historia encantadora que goza de una animación colorida y atractiva para el ojo. Los personajes secundarios, aunque poco desarrollados, cumplen con su papel de manera satisfactoria y nunca le roban el foco al romance protagónico. 

Pero esto no se queda en tu típica historia de chico-conoce-chica. El valor agregado de “Palabras que burbujean como un refresco” es en cómo el guion de Dai Satô busca retratar las interacciones y relaciones modernas. Tenemos a un romance que nace y se fortalece a través de likes, pero que se ve estancado cuando ninguna de las dos partes logra salir del aspecto digital para comunicarse efectivamente en persona. Las validaciones y refuerzos positivos en redes sociales tienen un tope, así que Cherry y Smile tienen que aprender y apoyarse mutuamente para dejar de esconder sus inseguridades detrás de una pantalla. Aunque la historia destaca a la tecnología como una invaluable herramientas para acercarnos, aprender e incluso esparcir positividad, también recuerda que nunca podrá sustituir el poder de la palabra hablada frente a frente. 

Por ahí dicen que un tweet es un haiku moderno y en ese aspecto, la película crea una interesante reflexión sobre el uso de redes sociales como expresión. Los haikus de Cherry poseen una valiosa cualidad artística que se pierde entre la vastedad del mundo digital, reforzando sus sentimientos de inseguridad. Y ese es un reflejo de la realidad ¿Por qué siempre obtiene más atención un comentario o contenido banal, en vez de uno con calidad? Además de hacer un comentario sobre este triste y común fenómeno en redes sociales, la película da un paso adelante recordando que estas expresiones de talento también pueden encontrar a un público presencial y ayudar a establecer lazos más fuertes de esa manera.

Aunado al elemento haiku, “Palabras que burbujean como un refresco” yuxtapone a dos generaciones de manera orgánica y sensible. Cherry y Smile pasan su tiempo ayudando a un grupo de ancianos y a través de las interacciones entre estas dos generaciones observamos formas distintas de relacionarse y encontrar el amor; sin juzgar o criticar, se resalta la utilización tecnológica para lograrlo actualmente. El hilo narrativo que involucra la búsqueda del disco de vinilo perdido es otro contraste inteligente con la facilidad que ahora tienen los jóvenes para encontrar su música favorita. Asimismo, hay un aspecto nostálgico en el aire: en los poemas tradicionales, los ritos de un pueblo y la tienda de discos de antaño a punto de cerrar.

Todos estos elementos son llevados con desbordante calidez hasta alcanzar un tercer acto entrañable en donde las sonrisas son obligatorias. Es muy fácil simpatizar con “Palabras que burbujean como un refresco”, un filme que toma un concepto gastado y lo adapta a la modernidad. Es como un haiku: parece sencillo, pero escondido tiene complejos conceptos que son sacados a flote con astuta puntualidad.

“Palabras que burbujean como un refresco” ya se encuentra disponible en Netflix.