Pepe, nuevo largometraje del director dominicano Nelson Carlo de Los Santos Arias, tiene un protagonista muy peculiar: el fantasma del primer y último hipopótamo asesinado en América, cuyo nombre es el que da título al filme. Mediante la mezcla de la ficción y el documental, así como técnicas experimentales, este interesante trabajo utiliza la historia de este incomprendido ser como canal para denunciar las consecuencias del narcotráfico, la incompetencia gubernamental y la intervención estadounidense en Latinoamérica.

La voz de Pepe en tres idiomas diferentes narra su travesía, desde la extracción de sus padres de África, pasando por la época Pablo Escobar en Colombia (quien los llevó allá por capricho) y culminando con su muerte a manos del gobierno colombiano. La primera mitad consiste más en una reflexión sobre cómo Pepe, al igual que la gente, solo trata de adaptarse al sistema hostil en el cual lo han dejado a su merced. La fascinación de las personas por los hipopótamos, ese morbo desmedido a poseerlos o tomarles fotos sin comprender su naturaleza, ha convertido a este ser en una criatura olvidada en busca de supervivencia en un lugar ajeno.

La segunda mitad de la cinta se enfoca más en trazar los paralelismos entre Pepe y la gente de las zonas abandonadas de Colombia: cómo a ellos tampoco nadie los escucha hasta que la situación se torna más grave. El sistema genera un antagonismo innecesario entre el hipopótamo y la población, a lo cual el estado responde con violencia en lugar de un entendimiento real del problema, afectando solo a los más inocentes. Tanto al hipopótamo como a la gente se les ignora, nadie está interesado en su bienestar, hasta que las cámaras se encienden y se vuelve necesario hacer algo.

Santos Arias utiliza una gran variedad de recursos para contar su historia: pasa del color al blanco y negro de manera abrupta; aprovecha mucho los paisajes sonoros, sobre todo cuando los utiliza sobre una pantalla completamente en blanco o a oscuras para jugar con la imaginación del espectador. Esto, sumado a la mezcla entre documental y ficción, genera una atmósfera inmersiva que a ratos emula el cómo Pepe ve el mundo, un caos desorientador sin lógica, el paso de la paz de su hábitat natural a la incertidumbre de zonas en las cuales no debería estar.

Grabada en 5 etapas distintas a lo largo de varios años, esta cinta tiene un gran trabajo de investigación detrás y mucho ojo con el detalle. En varias de las tomas documentales pareciera que los hipopótamos actúan, están tan bien armadas que uno no puede evitar preguntarse cómo se lograron. Por su parte, para las escenas ficcionadas se trabajó con actores no profesionales, lo cual ayuda a mantener la sensación de realismo. Una escena en la cual el hipopótamo interactúa con un pescador (para la cual se utilizó un dummy muy bien construido), es particularmente impresionante en términos de producción.

Con todos estos recursos creativos y experimentación Pepe logra convertir esta increíble y triste historia en un reflejo de los países de América Latina, donde la intervención extranjera ha dejado problemas de los cuales se desentiende para luego actuar como salvadores cuando ya es demasiado tarde, y además culpar a la población en el proceso. Es una película retadora a la cual no es sencillo seguirle el hilo en todo momento, pero cuyo caos refleja exactamente la situación que muchos migrantes, sin importar su especie, pasan: una vida llena de incertidumbre y una muerte abrupta en un lugar que jamás llegaron a conocer realmente.

“Pepe” formó parte de la Competencia Internacional del FICUNAM 2024.