Perdidos en la noche, la nueva película de Amat Escalante, es un excelente caso para analizar el cómo un buen manejo de los elementos técnicos puede verse afectado por un guion extremadamente saturado y sobrexplicativo. Aunque el director crea una atmósfera convincente y obtiene actuaciones muy fuertes de su elenco, esto no logra compensar los huecos y ambigüedades de una película con mucho potencial.

Emiliano (Juan Daniel García Treviño) es un joven que busca a su madre (Vicky Araico), quien desapareció hace muchos años por oponerse a la construcción de una mina en el pueblo por los efectos ambientales y de salud que ésta iba a tener en la población. Su búsqueda lo lleva hacia una poderosa familia conformada por: Rigoberto Duplas (Fernando Bonilla), un controversial artista visual; Carmen Aldama (Bárbara Mori), una famosa cantante y actriz que ahora se dedica a dar clases de yoga en línea, y Mónica (Ester Expósito) la guapa hija influencer de ésta. Emiliano trata de ganarse su confianza para así poder descubrir qué tanto saben de la desaparición de su mamá.

Juan Daniel García Treviño (La civil) nos vuelve a dar otra gran actuación: lleva el filme con soltura, transmite perfectamente la desesperación de Emiliano, pero también su impaciencia y confusión ante un misterio que lo supera en todos los sentidos. Conforme más tiempo pasa con la familia, sus emociones paulatinamente empiezan a nublar su juicio, una transición sutil que García Treviño expresa con éxito.

Bárbara Mori (Todo lo invisible) y Ester Expósito (Venus) también dan interpretaciones bastante fuertes que suman al aura de misterio de la película. Aunque es inevitable relacionar al personaje con la imagen que se tiene de la propia Mori (una decisión de casting muy inteligente que le da una capa más al personaje), la actriz le da dimensiones y matices a Carmen que la convierten en alguien tridimensional e interesante más allá de los símiles con quien la interpreta. Al final es uno de los aspectos más interesantes de la cinta por lo impredecible que es.

Por su lado, la actriz española Ester Expósito no solo es convincente como una chica mexicana de clase alta, sino que a uno se le olvida totalmente este hecho. Su enigmática presencia compensa las limitaciones dadas por el guion, el cual usa su personaje como un vehículo para tratar a medias la salud mental y le da un terrible diálogo donde explica que vivió en España un tiempo (como tratando de justificar su acento en lugar de confiar en el talento de la intérprete). Sus momentos con Treviño son el motor emocional de la trama, pues permiten ver las contradicciones e inseguridades de estos personajes separados por la violencia y las diferencias sociales.

Sin embargo, aun con este gran elenco, el texto sobrecarga tanto la trama que es difícil determinar qué quiere decir al final, sobre todo en un tercer acto que se va por las nubes en una serie de incoherencias. Pese a un buen manejo técnico en la ambientación, la música y una buena construcción de la tensión, hay tantas subtramas y elementos sin propósito que hacen que la película se alargue y se pierda el objetivo del personaje. En esencia, Perdidos en la noche es un thriller bastante convencional con personajes muy interesantes y un contexto social relevante, por lo que se le suman elementos para hacerlo más complejo, pero no están bien integrados.

Un ejemplo de esto es una subtrama que involucra a un compañero de trabajo de Emiliano que se cae y sufre una herida grave. Este hecho sirve como punto de partida para un descubrimiento, pero no tiene más injerencia. No ayuda nada que luego el personaje aparezca de nuevo solo para que veamos las consecuencias de su herida, pero para nada más: solo tiene un valor de impactar. Asimismo ocurre con muchos otros elementos: un culto religioso, asesinatos que parecen llevar a algún lado pero no lo hacen, o personajes que se supone son importantes pero no tienen un cierre.

También se intenta construir un triángulo amoroso entre Mónica, Emiliano y la novia de éste (María Fernanda Osio). Además de que la química y la relación entre Expósito y García Treviño es más interesante, la integración de la otra chica se siente forzada, un conflicto puesto con calzador para darle más dilemas al protagonista en lugar de realmente desarrollarlo.

Perdidos en la noche tiene los elementos para ser una gran película: su misterio central está bien construido, los personajes principales tienen motivaciones y contradicciones claras, y Escalante arma bien el suspenso. Hay hallazgos muy buenos, como el hecho de que los ricos y poderosos se dediquen a distintas ramas del arte y entretenimiento, lo cual muestra cómo la cultura y los medios juegan un papel fundamental en la perpetuación del estatus quo. Sin embargo, en su intento por abarcar todos los discursos sociales posible, el director termina por ahogarse en su propio trabajo.

“Perdidos en la noche” se encuentra disponible en cines mexicanos.