Dos horas de ver a un hombre lavando inodoros, escuchando rock, leyendo y admirando reflejos, no suena como la propuesta cinematográfica más cautivadora, pero Wim Wenders hace de estas sencillas tareas una preciosa experiencia cinematográfia en Perfect Days.

Pieza clave para que Wenders (Paris, Texas) logre conjurar tan efectivamente su hechizo minimalista es el legendario Kôji Yakusho, quien interpreta a Hirayama, un silencioso hombre que vive solo y trabaja como conserje de baños públicos en Tokio.  

Cada día, Hirayama sigue una rutina similar que involucra regar sus plantas, ir al baño público, leer por las noches y escuchar rumbo al trabajo canciones de Patti Smith, The Velvet Underground, The Animals y otros artistas del rock clásico. También toma fotografías de árboles con una cámara analógica y visita un mismo restaurante en donde es recibido con un plato, un vaso y un grito de “¡Por su arduo trabajo!”. Por supuesto, la cámara no se pierde detalle de cómo limpia perfectamente los inodoros públicos de Tokio.

Tal vez todo lo anterior no suena como mucho pero de tan solo recordar estas escenas se me ilumina el rostro. La rutina es hipnótica y entrañable porque Wenders captura la importancia de vivir en el ahora y disfrutar de los momentos más pequeños; hay algo profundamente hermoso y puro en ver a una persona encontrar una plantita nueva para llevar a casa. Otros momentos, como buscar la posición ideal para leer un libro o una turista sorprendida por la tecnología de los baños japoneses, no solo sirven para generar risa, sino que además nos permiten empatizar aún más con la historia pues son acciones cercanas y familiares.

Los pequeños “conflictos” en esta historia aparecen a través de encuentros con otras personas como una sobrina (Arisa Nakano), un colega (Tokio Emoto) o hasta un extraño (Tomokazu Miura). Aunque interrumpan su rutina, Hirayama, un gran oyente, se deja llevar por la corriente y siempre soluciona todo a través de la amabilidad y la empatía. El guion, escrito por Wenders y Takuma Takasaki, revela poco sobre el pasado de Hirayama (esta es, después de todo, una película sobre el ahora) y lo que aprendemos nos lleva a admirar su actitud ante todo. Sin embargo, este no es personaje robótico o perfecto, no tiene paciencia infinita; una de las decisiones más acertadas de Wenders para subrayar su humanidad es mostrarlo estresado y enojado durante un día sobrecargado de trabajo.

El director de fotografía Franz Lustig retrata Tokio con mucho amor. Sus calles, tiendas, obras arquitectónicas y, principalmente, baños se convierten en elementos de adoración por la cámara; al igual que Hirayama, Wenders y Lustig parecen estar gozando cada detalle de la ciudad. La precisión del diseño sonoro es una guía para, precisamente, prestar atención y apreciar con mayor cuidado todo aquello que cautiva a Hirayama.

Este cariño cinematográfico también funciona para hacer una meditación sobre el poder atemporal del arte para cautivar. Libros, música y fotografía acompañan y enriquecen la vida de Hirayama, quien a su vez comparte este arte con las nuevas generaciones, pues en algunas de las escenas más bonitas de la película conecta con su sobrina y la novia de su colega a través de una canción de Patti Smith, un libro comprado en una antigua tienda o fotos tomadas por una cámara analógica. Así como la ciudad ha logrado adaptar exitosamente elementos modernos a su entorno ancestral (algo que Wenders demuestra mediante diversas tomas del Tokyo Skytree o la modernidad de los baños públicos), las nuevas y viejas generaciones pueden crecer a través del arte por igual, sin importar su fecha de creación.

La alegría de Hirayama es contagiosa en gran parte gracias a la actuación naturalista de Yakusho (Under the Open Sky), quien potencializa la belleza de los detalles y ocurrencias a su alrededor con una sonrisa o hasta un simple movimiento de ojos. Sin hablar mucho, Yakusho transmite paz y sutilmente genera humor a través de pequeños gestos faciales, en particular cuando interactúa con su joven colega de trabajo. Cuando, en el tercer acto, es momento de aumentar el volumen, el actor japonés surfea la ola de emotividad a la perfección.

Impulsado por la proeza actoral de Kôji Yakusho, Perfect Days es una meditación minimalista que ofrece un banquete de pequeños placeres aun cuando el tercer acto pierde vapor. Haciendo eco de la canción de Lou Reed que le da el título a la película, Wenders nos comparte la visión de un día perfecto, solo que en este caso no es sangría en el parque, sino lavar inodoros la acción que nos sumerge a este idílico y radiante mundo.

“Perfect Days” ganó Mejor Actor (Yakusho) en Cannes 2023, formó parte del Festival Internacional de Cine de Morelia 2023 y es la selección de Japón para el Oscar 2024. Se estrena el 15 de febrero en cines de México a través de MUBI.