La no ficción creativa nos ha mostrado en muchas ocasiones cómo el cine no solo tiene la capacidad de retratar realidades complejas, sino que puede ayudarnos a recontextualizarlas de la mano de quienes las viven. Four Daughters, Dick Johnson Is Dead y Framing Agnes son algunos ejemplos de esto. La directora argentina Lola Arias suma a esta lista un trabajo excelente, Reas, el cual utiliza el género musical para reencuadrar la visión que se tiene de la gente en prisión, y encuentra en sus personajes solidaridad, camaradería y un gran amor por la vida.

Para construir su interesante narrativa, la directora recrea junto a un grupo de personas exconvictas sus historias en una prisión abandonada que ahora se usa como locación para películas. Es un grupo diverso: hay personas argentinas, migrantes y trans que comparten sus vivencias a través de coreografías muy divertidas y representativas de su personalidad. Como hilo conductor está la llegada de una nueva chica, Yoseli, quien sirve como guía para conocer a cada una de las personas en esta prisión.

Todo el elenco, desde quienes se muestran en prisión hasta las guardias, son exdetenidxs cuyas vivencias se van revelando poco a poco. La película, lejos de juzgar sus crímenes, nos presenta cómo su entorno realmente no les daba muchas más oportunidades, así como las distintas barreras sociales que tuvieron. Sin embargo, lejos de enmarcarlo como algo triste o miserable, Arias se encarga de retratar a sus personajes también en sus mejores momentos, con pasiones y sueños por los cuales todavía luchan.

Una de las mujeres, por ejemplo, tiene junto a Nacho (un hombre trans), una banda con la cual se divierten y mantienen el entusiasmo de la prisión. La cárcel se convierte de esta forma en una especie de comunidad donde también existen entendimiento y empatía entre las personas, donde muchxs están no por maldad, sino por los obstáculos en la vida.

La fotografía está a cargo de Martín Benchimol, quien el año pasado dirigió El castillo, un ejercicio similar que jugaba entre la ficción y el documental. Acá utiliza composiciones divertidas, intencionalmente artificiales, tales como la de Yoseli sentada en unas escaleras mientras el diseño de éstas da la apariencia de ser unas alas. También es apoyado por la dirección de arte de Ángeles Frinchaboy, quien viste de colores vivos esta prisión y recrea escenarios igual de teatrales en los cuales lxs personajes pueden expresar sus vivencias y verdad.

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“Reas” | Cortesía de THE PR FACTORY

También hay algunas situaciones en las que la ficción se rompe, ya sea porque alguien se olvidó su línea o al grabar una plática detrás de cámaras. Estos momentos, atinadamente distribuidos a lo largo del filme, nos traen de regreso a la realidad y nos recuerdan cómo todo lo visto es el día a día de quienes están retratadxs en pantalla. Esto permite a la audiencia dialogar con la pieza y tener una actitud activa ante ella, hacer un ejercicio de introspección para que la experiencia no se quede solo en lo divertido y distante.

Reas es un trabajo juguetón y respetuoso cuya empatía nos abre la puerta a un mundo que usualmente se ve con muchos prejuicios y estigmas. Sus personajes son un ejemplo de resistencia ante una sociedad indiferente, una protesta a través de la música y el baile. Su alegría es su mejor arma frente a quienes quieren marcarlxs como criminales, llenarlxs de adjetivos sin conocerlxs realmente. ¿Y qué pasa después de la cárcel? Lola no nos da esta respuesta, pero sí nos da la esperanza de que las cosas pueden resultar mejor.

“Reas” tuvo su premiere mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín 2024, en la sección Forum.

Foto de portada cortesía de THE PR FACTORY.