La primera parte de Rebel Moon fue un ejemplo perfecto de las virtudes y los vicios de Zack Snyder como director: la película es una maravilla visual llena de creatividad, mundos fantásticos y acción sin control, por desgracia, el tratamiento de los personajes es superficial, el ritmo acelerado y la narrativa convulsa. Al finalizar esa primera cinta nos quedó la esperanza de que la segunda parte complementara la historia y en la escala general nos diera una entretenida ópera espacial. Ahora que Rebel Moon (Parte dos): La guerrera que deja marcas está aquí, ¿pudo Zack Snyder corregir el camino o nuevamente tendremos que esperar las ya anunciadas versiones extendidas para ver la obra terminada?

La guerrera que deja marcas comienza justo donde se quedó la cinta anterior: el almirante Noble (Ed Skrein) se encuentra recuperándose de sus heridas y planeando su venganza contra los rebeldes. Por otro lado, Kora (Sofia Boutella), Gunnar (Michiel Huisman) y el resto de los guerreros llegan finalmente a la aldea para preparar las defensas ante la amenaza de otro ataque por parte del Mundo Madre.

A diferencia de la primera parte, donde la acción brincaba de personaje en personaje y de planeta en planeta sin descanso, aquí los guionistas deciden centrarse en la pequeña aldea y esto le ayuda a la audiencia a entender qué está en juego. Este cambio en el ritmo de la cinta sería el momento perfecto para desarrollar a los personajes, las dinámicas entre ellos y permitirle a la audiencia encariñarse con los héroes, por desgracia esto no sucede. Snyder está más interesado en mostrar cuerpos atléticos en slow motion mientras cosechan trigo o cavan trincheras. 

En La niña de fuego, Snyder confío demasiado en el espectador y su capacidad para procesar grandes cantidades de información sin descanso, aquí esa confianza se esfuma por completo y constantemente la película nos da resúmenes completos de la primera parte: la escena inicial nos da una sinopsis en voz de Anthony Hopkins (Lazos de vida), las siguientes dos escenas nos dan otro resumen por parte de ambos bandos en conflicto para explicar por qué pelean, después, durante la primera secuencia en la aldea, hay otro resumen más y a la mitad de la cinta tenemos una secuencia que pretende desarrollar el vínculo de los personajes, pero en su lugar tenemos un vómito de diálogos de exposición que ya habíamos recibido de forma visual la película pasada. Este recurso se vuelve cansado y agota pues da una sensación de estancamiento narrativo: si no son secuencias de acción en realidad no está avanzando la trama.

Pese a todos estos problemas narrativos, Sofía Boutella (Settlers) le saca muchísimo jugo a su personaje y lo convierte en una guerrera atormentada por las decisiones de su pasado en busca de redención y amor en el vasto universo. Al personaje de Michiel Huisman (The Invitation) se le busca dar mayor profundidad pero nunca pasa de ser el interés romántico de la protagonista, una decisión narrativa algo extraña pues la cinta se detiene para construir la relación pero no es verosímil con él planteamiento de la primera cinta. Djimon Hounsou (Gran Turismo: De jugador a corredor) y Anthony Hopkins, por otra parte, están completamente desperdiciados en personajes con diseños increíbles pero con nulo desarrollo y poco tiempo en pantalla; el robot Jimmy de Hopkins incluso es un Deus Ex Machina.

Los apartados técnicos de la cinta son extraordinarios y convierten todo en la pantalla en un espectáculo visual. Las imágenes del Acorazado sobre la superficie del planeta, los tanques del Mundo Madre y los combates cuerpo a cuerpo entre los soldados y los campesinos son impresionantes y te dejan sin aliento, todo complementado por un diseño de sonido que le da vida a armas y vehículos fantásticos. Desgraciadamente el exceso de slow motion aletarga las secuencias de acción en lugar de volverlas más impactantes para el espectador.

Como lo mencionamos en la crítica de la primera parte, Rebel Moon está fuertemente inspirada en Los Siete Samuráis de Akira Kurosawa y retoma muchos de los elementos de la cinta japonesa pero sin lograr igualar su impacto debido al poco desarrollo de los personajes. En Rebel Moon tenemos tres horas de ver a los guerreros pero no los conocemos, no interactúan entre ellos ni consiguen vender la ilusión de camaradería, esto dificulta obtener una reacción en el espectador cuando los soldados rebeldes comienzan a caer en batalla. 

Rebel Moon (Parte dos): La guerrera que deja cicatrices termina con más cabos sueltos y un cliffhanger de último minuto para seguir contando la historia de estos personajes (Snyder ya confirmó más películas). Esta decisión le resta impacto al arco de la heroína de la historia, a su viaje de redención y al propósito de esta cinta. 

Visualmente estamos ante un espectáculo grandioso, pero esto no es suficiente para maquillar una narrativa derivativa con la promesa de mejorar en una versión extendida, una estrategia que ya le funcionó a Snyder en el pasado y parece ser uno más de sus vicios como director. Si les gustó la primera parte, La guerrera que deja marcas los dejará satisfechos gracias a sus grandes dosis de acción, pero si quedaron con dudas y esperaban tener claridad al ver el producto terminado, se llevarán una decepción.

“Rebel Moon (Parte dos): La guerrera que deja marcas” ya está disponible en Netflix.