Bien dicen que nunca juzgues un libro por su portada, o en el caso de “Señora Influencer” debería ser: no juzgues una película por su publicidad. Si uno se dejara llevar por la terrible campaña de marketing de la cinta, ésta daría la impresión de ser otra terrible comedia genérica de Videocine. Sin embargo, si le das una oportunidad a esta nueva entrega del director Carlos Santos te encontrarás con una peculiar mezcla de sátira y thriller psicológico, liderado por una excelente Mónica Huarte.

Fátima (Huarte) es una mujer de más de 40 años con problemas de salud mental quien, tras una sesión de coaching, decide tomar las riendas de su vida y ser influencer. Abre redes sociales y empieza a copiar los bailes de moda, a dar consejos de autoayuda y a hacer lives para hablar de su intimidad. En parte porque da vergüenza ajena, pero también porque le parece muy auténtica a mucha gente, se convierte en una celebridad con millones de seguidores. Dos chicas que igual se dedican a eso, Sofi (Macarena García Romero) y Camila (Diana Carreiro), la ven y deciden fingir ser sus amigas para burlarse de ella, pero no se imaginan las consecuencias que esto trae.

Carlos Santos y Mónica Huarte (Volverte a ver) construyen un interesante trabajo con comentarios muy acertados sobre la idolatrización de los influencers, lo dañino de las redes sociales, el edadismo y la superficialidad del mundo en el cual vivimos. El tono es extraño pero interesante, pues sí da mucha pena ajena (el llamado cringe) ver a una señora perrear contra una pared al ritmo del reguetón o decir frases cursilísimas y vacías frente a cámara, pero esta sensación es completamente intencional, pues nos hace conscientes de qué tan ridículo es el gastar horas viendo a gente hacer eso solo porque es joven y atractiva.

Un recurso muy bueno que se usa para acentuar esto es cómo se presentan los lives o las publicaciones de Fátima: en lugar de dejar el video en vertical, se muestra todo el encuadre en horizontal y se usa un contorno para enmarcar el área vista por los usuarios de las redes. Esto resalta cómo lo proyectado en nuestras pantallas celulares no es ni siquiera el cuadro completo de lo ocurrido, cómo hay mucho contexto perdido y todo es una ilusión. Los colores vivos y pasteles también hacen un buen contraste con el tema y le dan al público una falsa sensación de seguridad.

Mónica Huarte es genial, pues no es un papel fácil: Fátima es exageradamente infantil, habla con un tono de voz irritante y su ingenuidad es casi inverosímil. Sin embargo, Huarte nos hace empatizar con ella y seguirle el juego. Tras unos primeros minutos de adaptarse a cómo es Fátima, la aceptas y te sumas a su nueva aventura, incluso en los momentos más vergonzosos en los cuales quieres alejar tu mirada de la pantalla.

Macarena García Romero (Control Z) y Diana Carreiro (Veinteañera, divorciada y fantástica) también hacen un buen trabajo como las chavas superficiales y burlonas. Conforme avanza la trama, la relación entre ellas y Fátima se va acentuando, las chicas van agarrándole cariño y también dejan ver las inseguridades detrás de sus fachadas de perfección.

Con todo esto en cuenta, Señora Influencer está lejos de ser perfecta. Fuera del recurso de los marcos de celulares, la fotografía es plana y televisiva. Si bien las tres protagonistas logran adaptarse al tono de la película, el resto de los personajes caen en estereotipos planos y molestos, sobre todo el personaje de Memo Dorantes (No manches Frida 2), quien es el chavo grosero “de barrio” sin ningún tipo de desarrollo y con manierismos exagerados. 

También hay muchas ideas muy buenas pero dejadas un poco al aire, como que el papá de Fátima es un cineasta retirado y superficial: esto parece ser un comentario sobre cómo el éxito de las celebridades sin ningún chiste y creadoras de contenido no es algo nuevo, pero la interpretación burda del personaje y el poco peso que tiene deja este aspecto un poco al aire.

El tema más problemático de la película es cómo trata la salud mental. Varios usuarios han llamado a este trabajo el “Joker mexicano”, la cual es una comparación bastante acertada, tanto para bien como para mal. Al igual que dicho trabajo, este también perpetúa la idea de que las personas con un estado mental inestable son peligrosas, a un paso de hacer algo terrible. El guion trata de arreglar esto dándole a Fátima un motivo por el cual es así, pero esa “revelación” ha sido usado hasta el cansancio en cine y televisión.

Sumado a esto tenemos un giro al final sumamente inverosímil que amenaza con arruinar la experiencia. No era una mala idea, pero requería una apariencia física muy específica por parte de un personaje para ser creíble. Lastimosamente, debido a un casting desafortunado, el resultado es risible, sobre todo por la seriedad con la cual es planteado.

No todas las películas tienen por qué ser perfectas o terribles, de hecho la mayoría cae en un punto intermedio. Este es el caso de Señora Influencer, una propuesta diferente a lo usualmente mostrado en el cine comercial mexicano. Si bien tiene varias decisiones cuestionables, vale la pena ser vista por su excelente actuación central y el ingenio con el cual presenta su acertado comentario sobre la fama digital. No es una obra maestra, pero es mucho mejor y más creativa de cómo su desafortunado marketing pretende venderla.

“Señora Influencer” ya está disponible en Prime Video.