A veces solo el arte puede plasmar lo imcomprensiblemente absurdo que es el mundo en el que vivimos. Recientemente hemos visto obras de Noah Baumbach, Boots Riley, Radu Jude y Cord Jefferson que hacen exactamente eso a partir de distintos puntos de vista. Ahora el director Roman Bondarchuk nos trae su muy efectiva adición a esta burbujeante colección (¿podríamos llamarlo un subgénero?) sobre el absurdo moderno: The Editorial Office.

Yura (Dmytro Bahnenko) es un biólogo que vive con su madre soltera en el sur de Ucrania y trabaja en el Museo de Historia Natural. Un día, durante su búsqueda de una marmota en peligro de extinción, es testigo de un masivo incendio provocado en los bosques de la región. Con videos y fotos de lo ocurrido, Yura consigue trabajo en un periódico local e intenta denunciar el crimen, pero se topa con la indiferencia de editores, mucha corrupción y una serie de maquinaciones políticas que impiden que la verdad salga a la luz. 

The Editorial Office es una sátira compuesta por una variedad de extrañas ocurrencias que plasman la gris realidad de Ucrania y del mundo. Políticos promocionan obras públicas fantasma, la gente le da una ovación de pie a un portafolio lleno de dinero, el medio ambiente es tratado con desdeño, empresarios destruyen todo a su paso para hacerse más ricos, un hombre poderoso encadena a su novia influencer y –fuera de nuestros protagonistas– nadie hace nada por impedirlo, un editor sacrifica su integridad periodística por clicks y, para hacer campaña, políticos bailan y hacen el ridículo en redes sociales con la esperanza de hacerse virales (muy similar a cierta candidata a la presidencia en México). 

Si bien las escenas en donde se representa toda esta podredumbre son irreverentes, también se sienten muy reales: son cosas que hemos visto en nuestra vida diaria. Esta autenticidad es posible gracias a la fijación de Bondarchuk de utilizar personajes reales: además del guion coescrito junto a su madre Alla Tyutyunnik, quien trabajó en un periódico por muchos años, la película utiliza a actores no profesionales con experiencia real en sus respetivos roles cinematográficos. 

Dmytro Bahnenko, por ejemplo, es un periodista de investigación que luchó contra empresarios y políticos durante su cobertura de un incendio forestal provocado. Esta experiencia es notoria en su manera de interpretar a Yura, pues podemos sentir su pasión por revelar la verdad, así como, a través de su lenguaje corporal, su hartazgo y desesperanza ante los pocos resultados positivos que parece obtener. 

Cuando echas un vistazo a las noticias y a las redes sociales (particularmente en los últimos meses), es fácil sumergirte en la desesperanza y sentir que todo está perdido, que a nadie le interesan los animales, el medio ambiente o el futuro del planeta. Te sientes solo. Al plasmar estos sentimientos de caos, The Editorial Office funge como una especie de terapia que, a pesar de mostrar lo corrompida que está la sociedad, busca que te sientas comprendido, que recuerdes que por cada empresario corrupto siempre va a haber una persona con la moral en el lugar correcto que va a luchar por lo justo. El director utiliza efectivamente copiosas cantidades de humor seco para aligerar la carga de negatividad que conlleva contar esta historia.

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“The Editorial Office” | Cortesía de THE PR FACTORY

El periodo histórico juega un papel crucial. La historia se desarrolla en medio del conflicto bélico, unos meses antes de la invasión a gran escala rusa. El editor en jefe de Yura argumenta que los clicks y los likes son la única manera de hacer dinero porque a la gente ya no le importa la verdad ni aunque esté en sus narices. Esto, también basado en experiencias reales, es subrayado de manera astuta por el uso de planos generales en donde, sin perder el enfoque en la misión de nuestro protagonista, nos muestra actividad en seguno plano: siempre hay humo, tanques o algo ocurriendo a la distancia. Con esto, el hecho de que el periódico prefiera reportar basura viral en vez del escalamiento de la guerra, se hace aún más exasperante y real.

La primera media hora es un tanto desafiante debido a que no sabes qué esperar de la película y a que la combinación de cambios de tono, humor inexpresivo y la aparente aleatoriedad de algunos sucesos, provocan cierta desconexión con la narrativa, sin embargo, una vez que comprendes que todo esto es para evocar la sensación de caos que vive el mundo, ya no hay vuelta atrás y The Editorial Office comienza a operar con eficiencia pese a sus extrañas variaciones de ritmo. 

La edición flaquea y tal vez sea el obstáculo principal para que logres conectar al 100% con la película, pues existen numerosos problemas de ritmo, pero esto tiene una justificación: faltando más de un tercio para completar el proceso de edición, el montajista original Viktor Onysko abandonó el proyecto para defender a Ucrania junto a las tropas, pero desgraciadamente perdió la vida en diciembre de 2022; la película fue terminada con ayuda de Nikon Romanchenko (Stop-Zemlia). Este lamentable cambio de manos es perceptible en el producto final.

El sistema te rompe poco a poco, de eso no hay duda, y aunque The Editorial Office plasma este proceso con desesperante autenticidad, también destaca la valía de resistir y alzar la voz, de no ceder y unirnos al caos que nos está matando. Es una película franca, a veces demasiado, cuya autenticidad la convierte en una herramienta de memoria, resistencia y terapia.

“The Editorial Office” tuvo su estreno mundial en la sección Forum del Festival Internacional de Cine de Berlin o Berlinale 2024.

Foto de portada cortesía de THE PR FACTORY.