En una clase de cine una vez me dijeron que las películas tienen el poder de hacer visible lo invisible, de encontrar la magia en la cotidianidad y expresar a través del audiovisual aquello que las palabras son incapaces de transmitir. “The Quiet Girl”, del director Colm Bairéad, demuestra justo esto: es un sutil y tierno relato sobre el milagro de encontrar el cariño en el día a día.

Cáit (Catherine Clinch) es una niña callada y reservada. Esto se debe probablemente a que es ignorada por todos: ni sus padres, hermanas o compañeros de clase se preocupan por ella en lo más mínimo. Su madre (Kate Nic Chonaonaigh), abrumada por su nuevo embarazo, decide mandarla a que pase el verano con unos parientes lejanos: Eibhlín (Carrie Crowley) y Seán (Andrew Bennett), un matrimonio ya mayor y sin hijos. En esa nueva casa, Cáit encuentra el cariño que nunca tuvo en su vida.

Es muy difícil no sentirse conmovido por “The Quiet Girl”. Aunque su premisa es sencilla, la dirección de Bairéad y la fotografía de Kate McCullough capturan la belleza de ver cómo esta niña abre su corazón a una vida que jamás pensó tener. La soledad y tristeza de los primeros paisajes son cambiados por vivos escenarios del campo en los cuales Cáit corre, barre, hace mermelada o simplemente existe en completa armonía.

Adaptar este material no era fácil, la historia corta en la cual se basa está narrada en primera persona, lo cual permite al lector conocer de primera mano los pensamientos de la protagonistas; sin embargo, tanto el guion de Bairéad como la actuación de Catherine Clinch transmiten con expresiones y acciones la interioridad necesaria para conocer bien a Cáit sin necesidad de muchas palabras. 

Elegida de entre varias candidatas en un casting abierto, Clinch es una revelación: pese a sus pocas palabras, uno sabe perfectamente qué siente y piensa. Carrie Crowley y Andrew Bennet también son maravillosos como los guardianes temporales, mostrando de forma sutil pero clara cómo esta niña se va convirtiendo en parte de su familia y llena un vacío muy necesario en sus vidas.

En un mundo en el cual el espectáculo parece abarrotar las salas de cine, es importante recordar el poder de la sutileza para contar historias sencillas pero con una gran capacidad para mover las emociones. “The Quiet Girl” recuerda esos momentos en los cuales uno se levanta y simplemente aprecia la vida. No hay grandes dramas, escenas impactantes o un gran misterio en esta película, pero sí hay mucho corazón y ternura para mover a quien sea que esté dispuesto a dejarse llevar por su belleza.

“The Quiet Girl” es la selección de Irlanda y es finalista al Oscar de Mejor Película Internacional 2023.