La última ganadora de la Palma de Oro es también la peor en muchos años. “Triangle of Sadness”, nueva película de Ruben Östlund (“The Square”), es un ejercicio engreído que a pesar de durar 150 minutos y alardear de ser una crítica incisiva al privilegio, no dice absolutamente nada relevante, inteligente o sustancial sobre los temas que supuestamente intenta retratar. Es un producto que, a pesar de producir risas, es totalmente hueco.

Östlund divide este intento de sátira en tres partes. En la primera de ellas, que es también la más funcional, seguimos a Yaya (Charlbi Dean) y Carl (Harris Dickinson), una joven pareja de modelos e influencers, mientras discuten, de la manera más exasperante posible, por el pago de la cuenta en un lujoso restaurante. Acto seguido, Yaya y Carl se encuentran en un crucero para los ultraricos; entre ellos encontramos a un oligarca ruso autodenominado ‘El Rey de la Mierda’ (Zlatko Buric, muy divertido) y una pareja de ancianos distribuidores de armas. Al mando del crucero se encuentra un capitán marxista (Woody Harrelson) que se la pasa en un perpetuo estado de embriaguez, probablemente debido al desdén que siente por tener que servir a todas estas terribles personas.

En la segunda parte (el crucero), Östlund orquesta con sólida precisión una orgía de vómito y heces que en un principio funciona como una fuente de risa e incomodidad, sin embargo, como casi todo en la película, se extiende en demasía. Lo mismo ocurre casi enseguida cuando el capitán y el oligarca ruso intercambian decenas y decenas (y decenas) de frases socialistas y capitalistas. En este intercambio Östlund deja claro los estrechos límites de su intelectualismo y comprensión de la temática en cuestión. 

“Triangle of Sadness” nunca es una sátira porque el director dedica su metraje exclusivamente a lanzar burlas a un objetivo fácil sin ningún tipo de reflexión o entendimiento. Y aunque existan risas y un par de secuencias efectivas, el humor eventualmente se torna cansado y repetitivo porque su fundación es completamente hueca. Sí, es divertido reírse de la gente rica y verlos vomitar por todas partes, pero el discurso de la película nunca va más allá de “los ricos son mimados y terribles” o “los ricos abusan de su poder”. Eso ya lo sabemos pero es algo en lo que Ruben “Capitán Obvio” Östlund se regodea con fervor como si estuviera diciendo algo profundo. 

Amantes de las peores comedias de Adam Sandler se sentirán como en casa viendo “Triangle of Sadness”, pues salvo por contados ejemplos, la mayoría de los chistes son atroces. Además de vómito y popó, el humor de letrina va desde burlas repetidas e interminables a una señora discapacitada que solo puede decir una frase, hasta crueldad animal gratuita del más bajo nivel cuyo único objetivo es hacer una burla, otra vez, basiquísima sobre masculinidad. La gran diferencia de “Triangle” con las comedias del popular Sandman es que este último por lo menos imprime cierto corazón a sus historias (y tal vez por ello tanta gente conecte con él). Aquí solo hay chistes e intentos baratos de provocación; de hecho, esta narrativa recuerda a “Nueva orden” debido a su cínica y fallida exploración de temas sociales.

“Triangle of Sadness” es entretenida y cómica en partes, principalmente gracias a las buenas actuaciones de Harris Dickinson, Dolly de Leon, Charlbi Dean y un carismático Zlatko Buric, pero su narrativa es tan superficial que es difícil encontrar algún tipo de conexión o valor verdadero. Es particularmente decepcionante ver cómo Östlund arroja por la borda lo que construye en la primera parte, destacando las ideas de fragilidad masculina moderna que aquí plantea para luego abandonar durante casi una hora; cuando finalmente las retoma, es a través de chistes sosos y celos en la tercera parte. Y es aquí, en el desenlace de este tríptico, donde la película termina de caerse al abismo. En una isla desierta, rodeada de gente rica incompetente, Abigail (Dolly de Leon) la encargada de los inodoros en el crucero es ahora quien tiene todo el poder, pues es la única con habilidades de sobreviviencia. Lastimosamente, Östlund desperdicia este interesante concepto y, como todos sus temas, lo reduce a un discurso bobo de nivel de primaria. 

Al igual que Lukas Dhont (también galardonado en Cannes 2022), Östlund sabe cómo crear carnada para jurados privilegiados de Cannes, quienes una vez más cayeron redonditos en su falso progresismo: ésta no es una película que se ríe de ellos, sino con ellos. “Triangle of Sadness” alardea de ser profunda y astuta pero en realidad es una prepotente exhibición de escritura caricaturesca, floja y básica. 

“Triangle of Sadness” formó parte del Festival Internacional de Cine de Morelia 2022.