Muchos recordamos con cariño las películas de Disney: sus personajes coloridos, héroes intrépidos, princesas con voces melodiosas, villanos aterradores, canciones icónicas y valiosas lecciones de vida; además de la detallada animación, la fluidez de los movimientos y la sincronización imagen-sonido. Disney y sus animadores revolucionaron la animación y durante muchos años fueron la punta de lanza del medio en Occidente, por lo que suena lógico, y hasta necesario, celebrar cien años de trayectoria de la compañía, desgraciadamente Wish: El poder de los deseos no se siente como una película de Disney.

La historia nos presenta al rey Magnífico (Chris Pine/Pepe Vilchis), un poderoso hechicero al cual los ciudadanos del Reino de Rosas entregan su más grande deseo a cambio de protección con la promesa de cumplirlo algún día y cuidarlo del mundo exterior, sin embargo, Asha (Ariana DeBose/María León), una joven aspirante a aprendiz, descubre que esto no es verdad. Esa noche Asha pide un deseo a una estrella y para su sorpresa esta baja del cielo para ayudarla a confrontar a Magnífico y regresarle a los habitantes de Rosas sus deseos.

La trama central de la cinta gira alrededor de los deseos y su importancia para las personas, lastimosamente los directores Chris Buck (Frozen) y Fawn Veerasunthor nunca definen qué es un deseo, como si lo hace Gato con Botas: El último deseo, por ejemplo. Aquí los deseos se encuentran dentro del corazón de las personas, pero después se habla de sueños o anhelos, entonces jamás nos queda claro si los deseos son la personalidad de la gente o la complementan. Al mismo tiempo se nos habla sobre cómo todos estamos formados a partir de partículas de estrellas y al parecer eso nos vuelve mágicos y especiales. Todos estos conceptos enredan la trama y la vuelven aburrida.

Asha es una protagonista insípida a la cual nunca llegamos a conocer por completo: no tiene una característica que la haga especial o distinta, y no entendemos sus motivaciones, algo que vuelve complicado seguirla y acompañarla en su viaje: a los espectadores nos da completamente igual si logra vencer al villano o no. Valentino (Alan Tudyk/José Eduardo Derbez), la cabra parlante acompañante de Asha, aparece y desaparece conforme la trama lo necesita, pretende ser un alivio cómico pero el chiste del contraste entre su imagen tierna y la voz gruesa se gasta muy rápido; el resto de los personajes secundarios son olvidables, no recuerdas sus nombres al salir de la sala y solamente están ahí para ser un homenaje a Blancanieves y los siete enanos

Magnífico, por otra parte, intenta ser un villano imponente pero regresa al estereotipo de malo muy malo con motivaciones vagamente definidas que solamente busca apoderarse de todo, tener control sin razón y volverse más poderoso. Esto es decepcionante pues llevábamos un largo tiempo sin tener un antagonista propiamente dicho en las cintas de Disney.

La animación es bastante extraña. Con esta película Disney prueba mezclar animación 2D y 3D al estilo de otras propuestas recientes, sin embargo el resultado final no termina de convencer: la cinta luce inacabada, como si la animación no estuviera del todo renderizada.  Los fondos planos contrastan con los personajes animados por computadora y son un distractor, mientras que los diseños del filme se sienten genéricos y apagados; la paleta de colores no destaca, todos los habitantes del pueblo (con excepción de Asha y sus amigos) utilizan los mismos tonos pastel morados y azules; el castillo de Magnífico, su estudio y calabozo resultan de lo más genérico y el diseño de personajes es derivativo (incluso muchos parecen copias de lo ya visto en Un mundo extraño o Grandes Héroes).

Al ser la película que celebra el centenario de la compañía, Wish: El poder de los deseos esta llena de referencias a toda la historia de Disney, sin embargo esto es un arma de doble filo: algunas son sutiles, están integradas en la historia de manera orgánica y son divertidas de captar; otras se sienten forzadas y al mismo tiempo distraen demasiado al espectador. Durante el tercer acto de la cinta las referencias se salen de toda proporción, son descaradas, le gritan a la audiencia “¡Mírame!” y su propósito es confuso pues parecen establecer conexiones entre varios filmes del estudio como si se tratara de una precuela extraña.

Wish: El poder de los deseos no tiene nada de la magia de Disney en su interior, en su lugar pareciera estar tachando elementos de una lista de requerimientos que no entiende o hace funcionar. Su historia es genérica y termina con una lección básica sobre seguir tus sueños, sus personajes no son interesantes y su propuesta animada está lejos de los mejores trabajos del estudio.

“Wish: El poder de los deseos” ya está disponible en cines.