En Croacia se encuentran los vestigios del campo de concentración de Jasenovac, uno de los más grandes que hubo durante la Segunda Guerra Mundial, donde el estado exterminó principalmente a serbios, un genocidio perpetrado por el gobierno ustacha (partido nacionalista en busca de una limpieza étnica). Con un pasado como este, ¿cómo se explica que haya gente que todavía lo añora, que pinta esvásticas y el símbolo de la Ustacha en las calles? ¿Que incluso niega el genocidio? Estas preguntas se las hace Travis Wilkerson en A través de las tumbas sopla el viento (o Through the Graves the Wind Is Blowing).

La película es una especie de ensayo cinematográfico con toques de ficción. La voz de Wilkerson narra sus reflexiones sobre la actual Croacia y su relación con el fascismo: ante la imposibilidad del director de hacer un filme sobre la caída de Yugoslavia, este fue el resultado. A la par, el director “entrevista” a un detective (Ivan Peric, también coguionista) quien investiga asesinatos de turistas imposibles de resolver debido a los enredos burocráticos.

El trabajo hila el pasado fascista del país con la historia ficticia del detective y genera muchas reflexiones respecto al odio generalizado en Croacia y el regreso de la ultraderecha. Así como ocurre con los crímenes sin resolver del protagonista, el gobierno (y la gente) prefieren cerrar los ojos ante lo obvio, ignorar los símbolos fascistas grafiteados en monumentos de la antigua Yugoslavia o negar los crímenes contra la humanidad perpetrados años atrás.

Uno de los escenarios principales de reflexión es Jasenovac, no solo por su monstruosa cantidad de víctimas, sino porque funciona como símbolo de la capacidad del ser humano para olvidar su propia historia. Una de las peculiaridades de este campo de concentración es que era el único con una subsección dedicada exclusivamente a la matanza de niños; el director suelta este dato y a continuación muestra a sus hijos divirtiéndose en un parque infantil con esvásticas pintadas en los juegos.

A través de las tumbas sopla el viento es también un homenaje a los partisanos antifascistas, cuya obra parece estarse esfumando con el tiempo. Debido a esto, la forma del trabajo también es transgresora, no solo por su hibridación entre documental y ficción, sino también por el resto de sus elementos, como transiciones hechas de manchas rojas simulando ser sangre, o su dinámico score que se niega a caer en el melodrama y más bien experimenta con diversos elementos, desde voces enigmáticas tergiversadas hasta un ritmo empoderador rumbo al final. Incluso el nombre de la cinta viene de la canción The Partisan, un himno antifascista.

Con la ultraderecha ganando cada vez más poder en Europa y un genocidio siendo transmitido ante el mundo sin consecuencias, trabajos como A través de las tumbas sopla el viento son más necesarios que nunca. El cine tiene el poder de no solo perpetuar la memoria, sino también de hacer visibles realidades ocultas por la cotidianidad. Aquí, Wilkerson nos muestra de forma dinámica cómo estamos condenados a repetir las tragedias del pasado si no miramos con atención y sin tapujos al presente.

“A través de las tumbas sopla el viento” formó parte de la sección Atlas del FICUNAM 2024.