El nuevo filme del director y escritor Adam Rehmeier, “Dinner in America” junta a dos rechazados por la sociedad para crear comedia y punk puro.

Simon (Kyle Gallner) vende drogas y es el vocalista anónimo (cubre su identidad con un pasamontañas) de una banda de punk local. Es todo un anarquista sin filtros y con mucha actitud… tal vez demasiada. Cualquiera que lo intente desafiar o agredir, termina muy mal, y precisamente por eso, Simon es buscado por la policía. En uno de sus escapes se topa con Patty (Emily Skeggs), una chica torpe y lenta que es constantemente agredida y tomada como ‘retrasada’. Patty ofrece su casa como escondite temporal sin siquiera saber que Simon es en realidad su ídolo musical, y el destinatario de sus fotos íntimas y poemas de amor. Tras una muy divertida cena familiar, Patty y Simon se vuelven como un equipo. Recorren las calles para divertirse, cobrar venganza de bullys y eventualmente, a través de la música, comienzan a enamorarse.

Adam Rehmeier escribió “Dinner in America” sin miedo. El humor es muy atrevido y para algunos, resultará incluso ofensivo. Sin embargo, la realidad es que el guión está comprometido con la filosofía punk y gracias a ello es que el filme tiene tanta personalidad.

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Si tuviera 17 años, el personaje de Simon sería mi ídolo. Kyle Gallner (“Dear White People”) da una de las actuaciones del año en este papel. Es un bulldozer punk que arrasa con todo a su camino. Es agresivo, crudo, audaz y no le importan las consecuencias de sus actos. Si necesita algo, lo consigue como sea; si un chamaco agresivo intenta golpearlo, lo introduce a la marihuana para calmarlo; si alguien discrimina a su amiga, le da una paliza. Es una actuación magnética y desbordante de carisma apoyada por un tremendo guión.

Conforme el filme avanza, la agresividad de la historia se convierte en dulzura y el aspecto coming-of-age sale a relucir. Simón no es solo un punk enfrentando a la autoridad: tiene su lado altruista y es el motor que inspira a Patty a encontrar su confianza y su propósito. 

En medio de todo esto encontramos un gran discurso social. Simon y Patty son personas incomprendidas. La sociedad constantemente intenta quitarles la voz y no los provee con oportunidades para crecer emocionalmente. Si no eres normal, eres mal visto. Simon es discriminado por su peinado antes de siquiera abrir la boca. Es algo totalmente común en el mundo y si te alguna vez te has sentido alienada(o) por tu familia, compañeros, o quien sea, vas a empatizar con la historia. Es además satisfactorio ver a este ‘agresivo anarquista’ mostrar más bondad y comprensión que otras personas supuestamente ‘refinadas’; aquellos que se creen mejor por su estatus social, pero en realidad no son más que borregos intolerantes siguiendo las cerradas reglas de la sociedad. 

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Hay una conexión genuina entre los elementos que conforman el filme. Las canciones originales se sienten auténticas y en especial “Watermelon” confirma el amor de Rehmeier por el género musical. Sin importar el tamaño del papel, todo el elenco hace oro con su tiempo en pantalla. La vibra del pueblo se siente opresiva, permitiendo brillar con facilidad a nuestros punks protagónicos. 

“Dinner in America” es un coming-of-age con cojones cuyo brillante guión mezcla caos y ternura. Es una verdadera carta de amor al punk que examina a la sociedad y mantiene altos niveles de energía para generar una experiencia hilarante y satisfactoria. Todo anclado a una actuación revelación de Kyle Gallner.

Esta película forma parte de Fantasia Fest 2020 y previamente fue selección en Sundance 2020.