En octubre de 2019 hubo fuertes protestas en Irak en contra del gobierno impuesto tras la invasión estadounidense, así como de la intervención iraní en la política iraquí. Estos levantamientos fueron reprimidos con violencia por parte del estado, y varios de los que participaron tuvieron que esconderse o huir. Immortals, documental de la directora suiza Maja Tschumi, cuenta la historia de dos de estas personas y cómo resisten al orden preestablecido pese a los peligros que esto implica.

La primera de las protagonistas es Milo, una chica que se disfraza de hombre para salir de casa, donde está confinada por su padre, quien destruyó todos sus documentos para evitar su salida del país. Milo sueña con irse de Irak junto a su amiga Avin, quien no sabe si dejar o no Bagdad. Por otro lado, está el caso de Khalili, un joven fotógrafo que graba las revueltas desde adentro sin importar las consecuencias.

Desde el inicio la película nos dice que algunas escenas son recreaciones de lo ocurrido, pues varias cosas no se pudieron grabar. De no ser por esta leyenda, uno jamás sabría cuáles momentos son reconstruidos y cuáles no. La dirección de Tschumi nos sumerge en la narrativa y mantiene unificada la obra. También ayuda mucho que, al no ser ella originaria de Irak, haya construido el guion junto a Milo y Khalili (ambos acreditados como coescritores). Esto definitivamente permea en la obra, pues los propios personajes eligieron y trabajaron en sus reconstrucciones desde su concepción.

Immortals está narrada a modo de thriller, la tensión por saber cuál será el futuro de Milo y de Khalili es el hilo conductor de la historia. Esto es ayudado por el grandilocuente pero nunca intrusivo score de Manouk Roussyalian, así como la fotografía de Silvio Gerber, quien logra capturar la claustrofobia y temor de los personajes (sobre todo de Milo), así como los momentos de intimidad entre ella y Avin.

Khalili no solo es coescritor: también se usa su material grabado de las revueltas para mostrarnos su alcance y la brutalidad del gobierno. Aquí la edición de Alex Bakri es clave, pues pasa de un acontecimiento a otro de forma fluida, casi como si todo se hubiera grabado de corrido sin pausas. El ritmo frenético de la revolución, así como la confusión y agresividad es palpable en cómo se pasa de un golpe a otro, cómo un movimiento brusco de cámara nos da pie a otro escenario y en cómo gente gritando caóticamente da paso a disparos. El mayor logro es que pese a todo el caos, nunca te sientes desorientado y tienes una buena idea de qué está pasando.

Hay mucho cuidado en cómo se hila el relato. La elección de dividir el filme en tres capítulos ayuda a mantenerte expectante. Otro acierto es el enfoque en las emociones de los protagonistas y sus experiencias por sobre el contexto político sobre lo acontecido. Si bien al inicio se dan algunos datos, solo son los suficientes para ubicar a la audiencia y después dejarla llevarse por la historia en sí. Es mucho más poderoso ver las trabas sociales enfrentadas por Milo o los riesgos tomados por Khalili que cualquier estadística o dato numérico.

El gran éxito de Immortals como trabajo revolucionario es su dedicación en construir la historia con el otro, entender una realidad distinta y armar su narrativa sin explotar las experiencias ajenas. Se nota la pasión de los personajes por el proyecto en su colaboración, tanto actoral como con su propio material para contribuir con la película. No solo es un trabajo con un tema muy importante, sino que además está muy cuidado a nivel técnico y siempre busca la forma de mantener atrapado al espectador más allá de su mensaje social. Es un gran uso de la no ficción creativa en donde su directora hace justicia a sus valientes personajes.

“Immortals” formó parte de CPH:DOX 2024 en la sección DOX:AWARD.