La Familia Real de Reino Unido tiene un largo historial de polémicas que incluyen a todos los miembros de la realeza y La gran exclusiva (Scoop) del director Philip Martin (The Crown) nos lleva detrás de las cámaras de uno de los escándalos relacionados con la corona británica más sonados de los últimos años: la relación del infame príncipe Andrew con Jeffrey Epstein.

Sam McAllister (Billie Piper) es una de las productoras en el programa Newsnight de la BBC. Tras una serie de recortes al personal que ponen en peligro su trabajo, Sam se propone conseguir una exclusiva importante: entrevistar al príncipe Andrew (Rufus Sewell).

La gran exclusiva comienza con la última visita del príncipe a la casa de Epstein en la ciudad de Nueva York y toma como punto de partida la fotografía tomada por Jae Donnelly (Connor Swindells). A partir de esa imagen Philip Martin desenvuelve la trama y los distintos intentos por parte de Sam para conseguir una entrevista con el Duque de York. Este, por otra parte, se molesta por la fotografía y necesita cambiar su imagen pública para agradar al pueblo de Gran Bretaña. Al darse cuenta de esta obsesión con limpiar su imagen por parte de Andrew, McAllister aprovecha y le ofrece un espacio para contar su versión de la historia en una entrevista exclusiva con Emily Maitlis (Gillian Anderson).

Abordar la relación del príncipe Andrew y Jeffrey Epstein puede ser complicado debido a todos los poderes, hechos y personas involucradas alrededor del caso, afortunadamente el guion de Peter Moffatt y Geoff Bussetil no opta por el sensacionalismo y les da un tratamiento humano a todos los personajes: nos muestran la desesperación de Sam por encontrar una primicia valiosa e importante, el temor de Emily por proteger a su equipo de trabajo e incluso profundiza en la personalidad del príncipe a través de la mirada de su asistente Amanda Thirsk (Keeley Hawes).

El corazón de la cinta es Billie Piper (Catherine Called Birdy) y su interpretación de Sam McAllister. Ella quiere demostrar la importancia de su trabajo, contar historias necesarias y darle voz a las personas, por lo mismo está frustrada en la oficina al escuchar día tras día las mismas noticias superficiales. Piper nos transmite toda la información necesaria sobre Sam a través de su mirada fulminante y su energía para conseguir exclusivas: nos emociona verla llegar a nuevos descubrimientos, responder una llamada importante y sus reacciones ante las respuestas del príncipe nos dicen exactamente qué está pensando pues le proporcionan al espectador la sensación de impotencia de estar escuchando a una persona poderosa negando actos verdaderamente monstruosos.

Rufus Sewell (Old),  por su parte, es sorprendente en el papel del príncipe Andrew. El actor se mete completamente en la piel del infame personaje al grado de imitar los manierismos, tics, expresiones y pausas del Duque de York durante la entrevista con Emily (para muestra pueden ver la entrevista real de Newsnight y comprobarlo). El trabajo de Sewell no solo se queda en la secuencia climática con los reporteros de la BBC,  antes tenemos algunas escenas bastante perturbadoras donde entrega una actuación inquietante y presenta al príncipe como un adulto berrinchudo y aniñado, por ejemplo cuando se altera depués de que la mucama le mueve sus peluches de lugar o la voz chillona que utiliza al referirse a la reina como “mami”  (esto, en más de una ocasión,  me puso los nervios de punta). Finalmente el extraordinario trabajo de maquillaje y prostéticos transforman al actor y lo vuelven irreconocible. Jamás dudas estar frente al verdadero príncipe Andrew.

Philip Martin comanda una producción impresionante en sus apartados técnicos: el diseño de producción y la recreación de los grandes salones del palacio son bastante minuciosos, el nivel de detalle puesto en cada habitación, pintura y mueble te deja con la boca abierta; Martin utiliza los espacios de forma narrativa para presionar a sus personajes: durante toda la secuencia de la entrevista, el director emplea planos contrapicados para colocar el techo de la habitación dentro del encuadre y oprimir al príncipe, la cámara se acerca a los actores en primerísimos primeros planos para captar la reacciones de sus ojos, los movimientos de las manos o la reacción de todos dentro de la habitación. 

Por momentos el estilo de dirección de Martin recuerda al de los westerns: cortes rápidos, primeros planos intercalados con planos generales, la tensión del momento, las palabras y los hechos se convierten en las armas de los periodistas para enfrentarse a una imponente figura de poder. La cereza del pastel es el score de Anne Nikitin y Hannah Peel que mantiene la tensión y transmite una sensación de incomodidad constante.

Por desgracia, después de la entrevista la película cae y pierde toda la fuerza que se fue construyendo con las secuencias anteriores. Sam, Emily y el equipo de la BBC se sienten satisfechos pero la cinta no explora más allá, muestra de forma convencional las consecuencias para el príncipe y tampoco cierra el arco de Sam con su hijo y su madre.

En La gran exclusiva, Philip Martin construye un thriller periodístico clásico lleno de intriga y momentos satisfactorios. Las brillantes actuaciones de Billie Piper y Rufus Sewell elevan la historia y le dan profundidad a los protagonistas de la historia, lo cual los convierte en personajes complejos llenos de fallas. Los apartados técnicos son de primer nivel y están al servicio de generar una experiencia inmersiva para el espectador. 

La cinta termina con la caída del príncipe Andrew, una figura poderosa que quiso justificar sus monstruosas acciones con la ignorancia de no conocer, supuestamente, el panorama completo, pero gracias a una titánica labor periodística se pudo responsabilizar a quienes piensan que sus privilegios los ponen por encima de la ley.

“La gran exclusiva” ya está disponible en Netflix.