En este mundo tan carente de empatía, 20 Days in Mariupol, a pesar de lo doloroso que pueda ser, debería ser un visionado obligatorio para todxs. Este compilado del pietaje que Mstyslav Chernov, Vasilia Stepanenko y Evgeniy Maloteka, periodistas del Associated Press, capturaron durante la invasión rusa a Mariupol es un recorrido por el infiermo, un testimonio de crueldad e inhumanos crímenes de guerra, pero también de sobrecogeradora bravura periodística.

“Las guerras comienzan con silencio”, dice Chernov, quien funge como director y narrador del documental. Junto a su equipo, el periodista llegó a Mariupol poco antes de que comenzaran a caer las primeras bombas. ¿Por qué la importancia de esta ciudad? Ubicado en el este de Ucrania, a 60 kilómetros de la frontera rusa, Mariupol era un blanco clave del ejército ruso, pues como centro industrial y comercial, su ocupación significaba asfixiar la economía ucraniana, así como tener acceso a una gran parte de las costas del Mar Negro. Pero pocos esperaban que su ocupación fuera tan despiadada.

En los primeros minutos del filme, Chernov le aconseja a una asustada anciana que vaya a casa, pues los rusos no le iban a disparar a civiles. Esa afirmación probó ser falsa unas horas después cuando las bombas cayeron indiscriminadamente en la ciudad. Más tarde, Chernov tiene la oportunidad de disculparse con la anciana, quien aterrada abraza a su gatito, ahora en un refugio.

¿Cómo describir lo que vemos en 20 Days is Mariupol? ¿Existe acaso el adjetivo para describir la crueldad y total carencia de inhumanidad en pantalla? Chernov filma a civiles mutilados y ensangrentados, muchos de los cuales no sobreviven. Hay dolor, sangre, llanto y cadáveres por doquier. Con el paso de los días, comida, agua y medicamentos comienzan a escasear; la desesperación aumenta al igual que la brutalidad de los rusos, quienes bloquean ayuda humanitaria e incluso bombardean un hospital de maternidad. Evidentemente, el pietaje del resultado de dicho ataque te parte el corazón. “Es doloroso de ver pero tiene que ser doloroso de ver”, dice Chernov en su sombría narración que, casi a manera de diario, acompaña la brillante edición de Michelle Mizner para detallar sus experiencias y también dejarnos saber sus miedos y motivaciones; el perturbador score de Jordan Dykstra complementa la pesadilla.

Y Chernov tiene razón. Aunque son difíciles de ver, todas estas grabaciones son importantísimas; ciudadanos lo reconocen y constantemente alientan a gritos a los periodistas a que capturen el horror por el que están atravesando. Y es gracias a su valentía que el mundo pudo ver, sin tapujos, las atrocidades que estaban cometiendo los rusos, quienes intentaron crear su propia narrativa y afirmaron descaradamente que el pietaje capturado por Chernov y compañía era falso.

Es así que la labor de estos valientes periodistas adquiere una nueva dimensión de importancia, pero también de peligro. Necesitan informar al mundo la situación en Mariupol, y por ello se vuelven blancos de los rusos; de haber sido capturados probablemente hubieran sido obligados a decir que todo su pietaje era falso. Es profundamente inspirador ver la labor de Chernov, Stepanenko y Maloteka; es una labor de periodismo heroico y hasta milagroso. 

Los periodistas lograron escapar en el día 20 de la invasión, pero Mariupol cayó hasta el día 86. Más de 25,000 personas perdieron la vida y la ciudad quedó destruida. Vidas enteras se hicieron añicos. Y esta es solo una de las tragedias que nos ha dejado una guerra que sigue rugiendo. Es por esto que necesitamos documentales como 20 Days in Mariupol, necesitamos visibilizar la verdadera cara de las guerras y comprender el sufrimiento que generan en el pueblo. La humanidad necesita hacerle frente a la maldad, estudiarla y evitar que se siga propagando.

“20 Days in Mariupol” tuvo su premier canadiense en Hot Docs 2023.