En A Night of Knowing Nothing, ganadora de Mejor Documental hace unos años en Cannes, Payal Kapadia utilizó una historia de amor como punto de referencia para hablar de las revueltas estudiantiles y el gobierno autoritario de Narendra Modi. En All We Imagine As Light, su debut en la ficción y primera película que compite por la Palma de Oro en tres décadas, Kapadia se inclina con mayor fuerza hacia el lado romántico para contar una preciosa y compleja historia de sororidad, libertad y amor imposible, todo enmarcado por una sutil crítica al sistema social y religioso de la India.

La experiencia documental de Kapadia inmediatamente se hace notar en su forma tan viva y sensorial de capturar Mumbai, una ciudad que va más allá de ser el contexto de esta historia: es un lugar multicultural que atrae a indios de todo el país y en donde es más fácil para mujeres encontrar trabajo. Aquí, seguimos a Prabha (Kani Kusruti) y Anu (Divya Prabha), dos enfermeras, amigas y roomies con edades y personalidades distintas. 

Prabha es una enfermera respetada y seria, una profesional en todo sentido que después del trabajo intercambia palabras incómodas con un doctor (Azees Nedumangad) que claramente está enamorado de ella. Su rutina es interrumpida por la llegada de un paquete a casa: una arrocera eléctrica enviada por su esposo desde Alemania. El problema es que ese esposo es un recuerdo distante: hace años que no hablan y pareciera que su ausencia era una fuente de felicidad para Prabha, pero el inesperado regalo suspende su paz.

Del otro lado, la inquieta y rebelde Anu espera con ansias el fin de su turno para poder ver a su novio Shiaz (Hridhu Haroon). La cuestión es que él es musulmán, así que sus reuniones tienen que ser en secreto; se deben ver lejos del hospital donde ella trabaja y encontrar un lugar para pasar un rato a solas es todo un problema.

A través de estos dos personajes, Kapadia explora los límites de la independencia de una mujer india. Prabha y Anu provienen de pequeñas regiones de la India y con un trabajo estable, pareciera que son totalmente independientes, pero no es así. A pesar de que su esposo, producto de un matriomonio arreglado, vive en otro continente y que ni siquiera se dirigen la palabra, de alguna manera Prabha sigue atada a él y comenzar una relación con alguien más podría ser problemático a nivel social; la arrocera es un recordatorio de ello. Anu no puede llevar una vida amorosa plenta porque, además del tabú social y religioso, está atada a su familia; aunque viva lejos de ellos, sigue bajo el control de sus padres quienes tienen planeado decidir su vida amorosa. No importa que estas dos mujeres sean económicamente independientes, pues siguen siendo reprimidas por la sociedad.

Aquí no hay pietaje de policías golpeando a estudiantes, pero la crítica a muchos aspectos de la sociedad india sigue presente de manera indirecta, por ejemplo, mientras vemos a una joven preocupada porque no puede amar libremente o a Parvati (Chhaya Kadam), la mejor amiga de Prabha, resistiendo ante la amenaza de ser expulsada de su hogar. Kapadia brillantemente plasma esta crítica con una mano ligera y siempre con un ojo en el eficaz desarrollo de sus personajes; pequeños actos, como Anu comprando un hijab para intentar ir a la casa de su novio o Prabha y Parvati arrojando piedras a un cartel inmobiliario con la leyenda “la clase es un privilegio, reservado para los privilegiados”, sirven como grandes gritos de resistencia ante la desigualdad que las rodea. La clave es que la directora plasma estos extraordinarios momentos no solo como una lucha para superar obstáculos sociales, sino también a manera de una celebración de feminidad.

En la segunda parte de All We Image As Light, ubicada en un pequeño pueblo costero, los secretos salen de la penumbra y potentes actos de sororidad le dan otra dimensión al viaje de nuestras protagonistas. La magnífica dirección de Kapadia permite que la aparición de fantasía en la historia no solo se siente orgánica y justificada, sino también crucial para cerrar ciclos y decir en voz alta lo que ha estado guardado en el corazón por años.

Kapadia retrata la dualidad de Mumbai de una manera muy inteligente. El hospital, los accesorios en la cocina, lonas en la calle, luces y hasta en el uniforme de las enfermeras, todo es azul: el color abunda en el gran diseño de producción del filme, pero cuando queremos ver el horizonte nos topamos con edificios gigantescos que obstruyen la vista (“Creen que al construir torres cada vez más altas, un día reemplazarán a Dios”, dice Parvati). Cuando la historia se traslada al pueblo costero, el azul también abunda en vestuarios y sets, pero de igual manera en el cielo y en el mar: la sensación de libertad es más real, más extensa, y eso es algo que también se siente en el desarrollo de Prabha y Anu. Una vez lejos, Mumbai parece una memoria distante, un lugar que ofrece sustento económico y poco más (una idea sugerida en la primera mitad por un doctor que ve en Prabha la única razón para quedarse en la ciudad). Sí, tienen una vida estable, pero ¿eso es todo? Prabhu y Anu sueñan con algo más allá de lo que esta sociedad les da.

El amor es también prominente en la dirección. La bellísima “The Homeless Wanderer” de Emahoy Tsegué-Maryam Guèbrou es una acompañante perfecta para el ir y venir de las protagonistas en la lluvia, mientras que la música de Dhritiman Das, bañada de sintetizadores, aparece poco pero lo hace con fuerza cuando es necesario. Pese al abundante azul en la paleta de colores, los íntimos encuadres de Ranabir Das durante las escenas románticas emiten calidez; será difícil olvidar los hermosos planos de Anu y Shiaz sonrientes entre una muchedumbre en el metro o las figuras de Prabhu y el Dr. Manoj intercambiando incómodas palabras mientras se mesen en columpios. 

Por supuesto que en este rubro destaca la química de las intérpretes, en particular la de una magnética Divya Prabha (Ariyippu), quien personifica este juego narrativo entre libertad y opresión; sus ojos y lenguaje corporal hábilmente pasan del deseo a la incertidumbre y la preocupación. La labor de Kani Kusruti (Biriyaani) es diferente en forma, pero en fondo es igual de efectiva, pues en su actuación quedan plasmadas las sensaciones de represión, duda y arrepentimiento de Prabha.

Entre paisajes lluviosos y el azul del mar, All We Imagine As Light pondera en la libertad que nos provee nuestro entorno frente a la libertad que plantean nuestros sueños. Es un maravilloso largometraje que, rebosante de poesía e imágenes indelebles, consolida a Payal Kapadia como una de las voces sudasiáticas más valiosas de la actualidad, una con la asombrosa capacidad de navegar esa finísima línea entre sueños y realidad.

“All We Imagine As Light” tuvo su estreno mundial en la Competencia Principal del Festival de Cannes 2024.

Imagen de portada cortesía de THE PR FACTORY.