Shiori Itō es una reconocida activista y periodista japonesa que lucha por los derechos humanos con enfoque en perspectiva de género, y fue una de las primeras personas que trajo el movimiento #MeToo a Japón, país que, como muchos otros, tiene un arraigada cultura de misoginia e intolerancia hacia las víctimas de agresión sexual. En 2015, Itō se unió a esta lista de víctimas, hizo público el caso en 2017 y a partir de ahí, empezó a crear un registro de su vida. Black Box Diaries es un documental dirigido por la misma Itō, en donde se muestra el proceso legal y psicológico por el que ella atravesó durante casi 8 años.

El documental inicia con una advertencia escrita a mano por Itō, en donde menciona los temas y triggers que tocará la película, así como un consejo: “cierra los ojos y respira si lo necesitas, eso me ha ayudado muchas veces”. Aunque el espectador no haya sufrido de abuso o agresión, Black Box Diaries provoca impotencia y frustración, así que su visionado requiere cautela. Esos sentimientos aparecen desde los primeros minutos, cuando la directora nos muestra que el violentador era amigo cercano del entonces Primer Ministro Shinzō Abe, y por ello, estaba resguardado bajo el manto de la corrupción.

Black Box Diaries es una mezcla de diario personal, material de archivo, audios grabados en secreto y metraje hecho para el documental, una combinación que representa la investigación realizada por Shiori Itō, cuyas dotes y experiencia periodística le ayudan en su incansable lucha por reclamar verdad y justicia. La voz en off es recurrente: Itō narra el proceso pero también nos explica las opiniones de su familia (quienes denotan miedo y preocupación), así como las reacciones de la sociedad japonesa a sus declaraciones: opiniones misóginas y sexistas, pero también violentas y peligrosas que atentan contra la seguridad de la periodista. Todo esto demuestra la horrible situación por la que las víctimas tienen que sufrir incluso después del acto.

Con su teléfono, Itō registra sus diarios personales, en donde se desahoga pero también se graba en momentos felices; esto hace que el filme sea un poco más ligero, pues a pesar de ver momentos en los que Itō siente terror (como buscar micrófonos escondidos en su departamento), también graba las interacciones que tiene con sus amigos y su red de apoyo. Todo esto es hilado a través de la ingeniosa edición de Ema Ryan Yamazaki para crear un empático registro de un proceso doloroso pero a la vez liberador.

Aunque sea difícil acabar por completo con el patriarcado y sus mecánicas de poder que pasan de generación en generación, mismas que no excluyen a mujeres de practicarlo (todo lo anterior es visto en el documental), el trabajo de Itō resalta un mensaje optimista: más allá de buscar justicia, ella quiere que la gente aprenda sobre la violencia sexual y el manejo incorrecto del poder, pues tal vez no nos damos cuenta de las acciones hirientes que sufrimos o causamos hacia los demás, incluso podemos desconocer si somos víctimas o perpetradores.

El término “caja negra” se utiliza para describir un sistema cuyos contenidos están escondidos del ojo público, comúnmente se refiere a la corrupción que hacen unos pocos y que dañan a muchos. Pero Itō resignifica el concepto con su propia caja negra, pues la abre para acercarnos a entender su experiencia, una que tiene momentos amargos pero también esperanzadores. Las injusticias que documenta Itō hacen que Black Box Diaries sea una especie de protección, un registro de la experiencia que vive una mujer en un ambiente peligroso, pero también de sus esfuerzos para que el mundo tenga cada vez menos monstruos.

“Black Box Diaries” tuvo su estreno en el Festival de Sundance 2024, en donde compite en la categoría World Cinema Documentary.