Es difícil presentar algo nuevo en el cine de terror enfocado en posesiones demoníacas. La mayoría de los recursos usados en este subgénero provienen de El Exorcista de William Friedkin y, como sus secuelas y películas derivadas han dejado ver, pocos han entendido que lo interesante de una historia de este tipo no son las voces demoníacas o los sustos, más bien se trata de los seres humanos y de poner a prueba sus creencias. El director Demián Rugna (Aterrados) entendió perfectamente esto en Cuando acecha la maldad, su más reciente cinta donde explora el lado salvaje del ser humano.

Pedro (Ezequiel Rodríguez) y Jimi (Demián Salomón) son dos hermanos que viven en el campo argentino. Una noche escuchan disparos y al ir a explorar se encuentran con un embichado en la casa de uno de sus vecinos. Para evitar el nacimiento de la maldad dentro de la criatura deciden deshacerse de ella, sin embargo, terminan desatando un reinado de terror y violencia en la región.

El guion de la cinta, escrito por el mismo Rugna, se siente fresco pues aborda la posesión demoníaca desde una voz local: utiliza canciones y leyendas populares para nutrir su relato, además la palabra “poseído” jamás es utilizada en la cinta, en su lugar tenemos el término embichado, y es fascinante cómo los protagonistas aceptan el mundo de lo sobrenatural, nunca lo ponen en duda o lo cuestionan, para ellos tiene todo el sentido del mundo, es tangible y cercano a su realidad. Por otra parte, el director evita recurrir a la iconografía del cristianismo, a lugares comunes o jumpscares innecesarios, y sustituye todos estos recursos por saberes ancestrales y referencias a la dictadura.

Ezequiel Rodríguez (Legiones) y Demián Salomón (Bienvenidos al infierno) entregan grandes interpretaciones como la pareja de hermanos protagonistas. Rodríguez encarna a un padre divorciado y con un pasado tormentoso con la ley, esto le da capas a su actuación pues llega a ser muy brusco y errático en su toma de decisiones pero también llegamos a verlo ser amable y cariñoso con sus hijos. Salomón, por otro lado, reacciona con temor ante cada situación e inclusive llega a cuestionarse la salud mental de su hermano pero jamás intenta hacerle frente o poner en duda su liderazgo. Ambos contrastan y se complementan.

El maquillaje y diseño de las criaturas es fabuloso: el embichado del primer acto luce asqueroso y repulsivo, pero al mismo tiempo nos inspira compasión y genera bastantes preguntas, mientras que los cuerpos de las víctimas de la violencia y de la maldad llegan a parecer muñecos, lo cual lejos de ser negativo sirve para recordarnos que estamos viendo una película: cruda y llena de momentos salvajes, pero una ficción al final de cuentas.

Cuando acecha la maldad es una película muy violenta y contiene imágenes gráficas no aptas para todo público. Rugna utiliza la maldad que da nombre a la cinta para hacer una metáfora sobre las problemáticas de las regiones más apartadas e incomunicadas de Argentina: están abandonadas por el gobierno y prácticamente tienen sus propias leyes; además la representación de la violencia no es exagerada ni busca provocar un shock en el espectador, existe dentro de la trama para mostrar cómo la entidad maligna se aprovecha del odio y las emociones negativas de las personas. El recurso es efectivo y progresa de forma lenta conforme avanzamos en la cinta y termina explotando en un tercer acto brutal y contundente.

La violencia y crudeza del filme se refleja en el hecho de que Rugna se deshace del plot armor (un recurso literario con el cual se protege a ciertos personajes de un destino fatal), de esa forma cualquier personaje, niños y animales incluídos, puede morir: literalmente nadie está a salvo. El director elimina este elemento narrativo muy temprano en la cinta con una secuencia impactante y difícil de ver, pero necesaria para mostrarle al espectador que la maldad no tiene límites.

Pocas películas de terror impactan tanto como Cuando acecha la maldad: su atmósfera oscura y desesperanzadora te absorbe por completo mientras sus imágenes perturbadoras se quedan tatuadas en tu mente. A través de una historia de terror local, el director Demián Rugna logra transmitir un mensaje universal sobre el mal inherente dentro de los seres humanos y cómo la superstición es capaz de sacar lo peor de nosotros. 

“Cuando acecha la maldad” formó parte del Mórbido Film Fest 2023 y ganó el premio a  Mejor Película en el Festival de Cine de Sitges 2023.