Detrás de su conmovedor retrato de padres encarcelados que quieren reconectar con sus hijas, el documental Daughters acarrea una contundente crítica al cruel y tóxico sistema penitenciario, manejada con admirable responsabilidad por sus directoras Natalie Rae y Angela Patton.

En una cárcel de Washington, D.C., un grupo de padres afroamericanos tendrán la oportunidad de pasar una tarde de baile con sus hijas, organizada por un programa especial llamado Date With Dad. Esta es una oportunidad muy importante para ambos lados, ya que el sistema penitenciario rara vez permite el contacto físico de los encarcelados con sus familiares. De hecho, como Daughters nos enseña, en algunas cárceles ni siquiera se permite hacer una visita frente a frente con un vidrio de por medio, pues ahora los crueles encuentros se hacen mediante una videollamada.

Por un lado, el documental nos muestra a los padres asistir a una serie de sesiones grupales en preparación para el baile; aquí expresan sus experiencias de vida, sus arrepentimientos y la preocupación que sienten ante el prospecto de que sus hijas crezcan sin ellos, así como las consecuencias que podría tener la falta de contacto con ellas. La edición conecta estos testimonios con los de sus hijas, quienes comparten su experiencia creciendo sin una figura paterna. Algunas de ellas son fascinantes y hasta encantadoras, como Aubrey, una elocuente niña de 5 años que practica sus matemáticas contando el tiempo que falta para reunirse con su padre, o Santana, quien a sus 10 años ya habla con divertida madurez y asegura que nunca será una madre porque su infancia fue muy dura. 

Esta primera mitad de Daughters es difusa y carece de buen ritmo, ya que divide su tiempo entre demasiados temas y sujetos. Las directoras malabarean la presentación de los padres y las hijas con hechos sobre el funcionamiento del sistema penitenciario y su trato a los encarcelados. Por momentos es frustrante pasar tan poco tiempo con sujetos tan interesantes y no indagar con mayor fuerza en sus respectivos sentimientos y vulnerabilidades. 

Pero pronto llega el día del baile y la emoción te cae como un yunque en la cabeza. Desde que los encarcelados, ya entrajados y nerviosos en una silla, se reúnen con sus pequeñas, ya vestidas para la ocasión, es difícil aguantarse las lágrimas. Rae y Patton exprimen cada segundo del evento para mostrar la humanidad y complejidad de estas interacciones: los chistes, la alegría, los intercambios incómodos, la difícil explicación a una niña de que no podrá volver a su padre en 7 años. El amor y el ímpetu de estos padres por aprovechar la ocasión es palpable y esto a su vez da lugar a una potente transformación personal. El estar finalmente en contacto con sus hijas es como una cachetada, un revulsivo para cambiar. Y ser testigo de esta transformación es algo mágico.

Es entonces que todos los elementos presentados en la difusa primera mitad empiezan a cuajar para dar pie a preguntas en torno al sistema carcelario y el ciclo de castigo y degradación que ahí permea: Si ni siquiera los dejan ver cara a cara a sus hijas, ¿qué motivación tienen estos hombres para salir de la cárcel? Si los trasladan de cárcel en cárcel y los alejan de sus familia, ¿cómo pueden encontrar la luz para seguir adelante? Si el sistema no les da la oportunidad de experimentar empatía, ¿cómo pueden atravesar por un proceso de rehabilitación? Lo que viven en los bailes, esa oportunidad de pasar preciosas horas con sus hijas, es como una cizalla con el poder inspirador suficiente para romper las cadena de indiferencia del sistema carcelario. 

Otro enorme acierto de Rae y Patton es nunca abordar por qué todos estos hombres están en la cárcel. Ese no es el tema del documental. En vez de ser un lugar de rehabilitación, las cárceles deshumanizan a los individuos, los castigan y les arrebatan herramientas para generar un cambio. Como consecuencia, cuando salen, vuelven a cometer los mismos errores y terminan de nuevo tras las rejas. Daughters no se enfoca en los crímenes de estos hombres, sino en la importancia de proveerles la motivación para romper este ciclo.

Daughters pudo haber terminado con el baile entre padres e hijas para dejar al espectador con una sensación positiva y lágrimas en ojos, pero afortunadamente Rae y Patton no toman la salida fácil y a continuación se dedican a convertir todas esas emociones que vimos durante el baile en alimento de reflexión mediante una mirada a la vida de las niñas años después del “día perfecto” con sus padres. De la emotiva euforia de ver a padres bailando con sus hijas, pasamos a hijas cansadas y decepcionadas de que sus padres no han regresado a casa; pasamos a padres desesperados intentando conectar con sus hijas por llamada telefónica; pasamos de historias de padres que han sido trasladados a diferentes cárceles por todo el estado. Pero también pasamos a ver ejemplos vivos de la efectividad del programa: vemos cómo las semillas que se plantaron en el baile florecieron en esperanza para familias. 

Es encomendable la dirección de Rae y Patton, quienes no caen en la trampa de acabar Daughters en el momento más emotivo, sino que se atreven a bajonear al espectador por una buena causa: dejar en clara la importancia de iniciativas como Date With Dad para detener el ciclo de indiferencia y desmotivación perpetrado por el sistema penitenciario.

“Daughters” ganó Favorita del Festival y el Premio de la Audiencia en la Competencia Documental Estadounidense de Sundance 2024 y formó parte del programa de Sundance Film Festival CDMX 2024. Llegará a Netflix en 2024.