Los cinco primeros y magistrales minutos de “7 Prisoners” de Alexandre Moratto (“Socrates”) se quedan merodeando el resto de la película. Mateus (Christian Malheiros) y su familia comparten mesa; es la última comida antes de que el joven abandone su modesto pueblo para ir a trabajar a Sao Paulo. Los ojos del joven se llenan de agradecimiento y vergüenza al ver el regalo de partida que le dio su madre: una playera de valor equivalente a lo que costarían las raciones del mes entero. La emotividad en sus ojos no cesa al ver las revistas de aviación que le regala su hermana. Es una familia unida y amorosa que claramente tiene dificultades para generar dinero y sostenerse. Con un poco de suerte, la ayuda que envíe Mateus mejorará las cosas.

De entrada, Moratto establece claramente las motivaciones de su protagonista. Tiene sueños, viene de una familia humilde y va a trabajar muy duro para apoyarla. Y es claro también que Mateus es un buen hombre. El abrazo de despedida entre madre e hijo lo dice todo. 

Mateus aborda una camioneta con tres amigos y parte rumbo al trabajo prometido en una enorme chatarrería. Durante el transcurso, Moratto nos hace prestar especial atención en las grandes estructuras de acero de la ciudad: representan la ilusión de los chicos. Sin embargo, al llegar a su destino se encuentran con banderas rojas por todos lados. No hay contratos, la paga tarda en llegar y su jefe Luca (Rodrigo Santoro) no parece un sujeto agradable. Pronto se dan cuenta de que la chatarrería es una prisión. Los humildes trabajadores son ahora parte de una red de trata de personas, misma que, más tarde, Luca describe como aquello que “mantiene a la ciudad funcionando”. Esos grandes edificios que Mateus y compañía veían en el camino ya representan otra cosa. 

Los intentos de escape son inútiles porque Luca está coludido con la policía y tienen perfectamente identificadas a sus familias. Están en un infierno. Como el único con una educación de octavo grado, Mateus se convierte en líder de los trabajadores, pero ante la abrumadora situación de control, su único plan es hacer un pacto con el jefe y trabajar duro con la esperanza de eventualmente obtener su libertad. 

Mientras cumple con su parte del trato, Mateus obtiene la atención de Luca: tiene liderazgo, buena ética de trabajo, sabe cómo hablarle a las personas y es muy inteligente. De repente, se convierte en la mano derecha del capataz y eso conlleva obtener ciertos privilegios. 

“7 Prisoners” opera bajo abrumadores niveles de tensión. La sucia recámara se convierte en una prisión, surgen conflictos entre los jóvenes y ninguna decisión parece conducir hacia algo positivo; al contrario, las cosas solo se ponen peor. Al cumplir las nuevas tareas del jefe, Mateus se topa con una realidad aún más perturbadora que solo apunta hacia un hoyo de profunda corrupción. Es una atmósfera desesperante de opresión sistémica. No hay hacia donde ver y Mateus no puede cometer la decisión equivocada porque su familia, esa que tan amorosamente se despidió de él, sufriría las consecuencias. El problema es que esas decisiones conllevan un dilema moral. Para tener una mujer vida la única opción es unirse a la red de trata. De lo contrario, solo le quedaría sufrir en silencio con sus demás compañeros, lo cual además implica mantener a su familia en pobreza.

El guion, escrito por Thayná Mantesso y Moratto, presenta a personajes multidimensionales y moralmente complejos. A pesar de su transformación, Mateus no deja de mostrar culpa y lucha por seguir apoyando a sus compañeros, pero lo hace de manera cada vez más distante. Aunque es posible comprender sus motivaciones, ver cómo Mateus se corrompe paulatinamente te parte el corazón. Nunca es un héroe.

Christian Malheiros, volviendo a hacer equipo con Moratto después de “Socrates”, entrega una actuación multifacética de un hombre luchando constantemente contra su propia consciencia. Su joven personaje se ve obligado a enfrentarse a una perturbadora realidad y Malheiros plasma efectivamente esa realidad a través de una mezcla de vulnerabilidad y determinación. Es una de las mejores actuaciones del 2021.

También encontramos en Luca a un personaje fascinante. No es solo un capataz malvado: es producto del hartazgo de la pobreza y las ganas de sacar adelante a su madre. Pero su corazón está reservado exclusivamente para la familia: no importa quien deba sufrir para hacerla feliz. Su discurso es el de un dictador cualquiera. Rodrigo Santoro ejecuta el papel con inquietante precisión; es tan carismático como aterrador, pues su simple presencia cambia el estado de ánimo de una escena. Es un titiritero inteligente y calculador.

“7 Prisoners” te dejará con un hoyo en el estómago. Es un retrato brutal, honesto y deprimente de esclavitud moderna y trata de personas plasmado con maestría por Alexandre Moratto, quien forjó la película con ayuda de la experiencia de sobrevivientes y periodistas. Y tal vez la cualidad más impresionante del filme es que es accesible: a pesar de contar una historia muy dura, tiene todas las herramientas cinematográficas y narrativas para impactar a cualquier tipo de audiencia madura, sin importar procedencia. No utiliza metáforas o complicaciones, sino que desarrolla los hechos de una manera cruda y comprensible, exhibiendo a un mundo real y tangible. El problema existe y está allá afuera, y “7 Prisoners” te obligará a reflexionar sobre la procedencia de todo lo que ves y consumes en tu ciudad. No siempre necesitamos héroes, sino simplemente observar y aprender sobre la maldad en el mundo.

“7 Prisoners” formó parte del programa Contemporary World Cinema del Festival Internacional de Cine de Toronto 2021. Llegará a Netflix en noviembre del 2021.