Por Daniela Amores. Durante años, las y los cineastas han navegado por distintas formas, tonos y narrativas para poder abordar un tema tan complejo como la opresión. Y me atrevo a decir que todavía continúan buscando cuál es la manera más efectiva de acercarse a él y, sobre todo, de hacerlo llegar adecuadamente a las audiencias. La sátira es un género que puede gustar o no, pero difícilmente deja al espectador indiferente. Precisamente eso es lo que consigue Head to Head, el largometraje de ficción debut de la directora iraní Ghasideh Golmakani: cuestionar constantemente no solo a quienes protagonizan la película, sino también a quienes la observan.
La cinta nos sitúa en Irán, específicamente en medio de un rodaje “clandestino” liderado por Bahar (Mehrnoosh Satari), una aclamada directora que, gracias a su reconocimiento, consigue castear a cuatro hombres con la promesa de impulsar sus carreras y darles un papel en su próxima película. O al menos, eso es lo que ellos creen.
Estos cuatro hombres tienen que interpretar a mujeres iraníes y por lo tanto, deben vestirse de acuerdo a lo que marcan las normas de ese país, incluido por supuesto, el hiyab. Es aquí donde comienzan las primeras inconformidades; el vestuario no solo les resulta incómodo por los prejuicios y las ideas preconcebidas que cargan consigo, sino también porque deben permanecer completamente cubiertos en medio de un clima sofocante, tal y como lo es el régimen para las mujeres del país.
La sorpresa para el espectador llega cuando se descubre que, en realidad, la directora se encuentra filmando una especie de documental sobre una realidad inversa. ¿Cómo sería para los hombres vivir bajo las mismas condiciones con las que tienen que lidiar las mujeres iraníes? Lo interesante es que este cuestionamiento no tarda en hacerse presente entre los protagonistas. En una de las escenas, uno de ellos les pregunta a los demás: ¿Quién puede dormir con un hiyab puesto?
Durante la primera mitad de la película podemos conocer las intenciones de Bahar como directora, así como la dinámica que mantiene con el elenco y lo complicada que ha sido. A pesar de abordar un tema delicado, desde los primeros minutos de la cinta encontramos momentos cómicos que equilibran muy bien el tono y contrastan con los momentos dramáticos que nos esperan durante el resto de la película. En cuanto a la fotografía y los encuadres contenidos, podemos encontrar cierta influencia del también cineasta iraní Jafar Panahi, sobre todo, de su más reciente y aclamada It Was Just an Accident. Con una puesta en escena que evita estilizar demasiado los espacios y aunque de pronto se vea con un aspecto lúgubre, Golmakani, así como lo hace Panahi, se preocupa más en que nos centremos y sigamos más de cerca los movimientos de los personajes y es que, es precisamente a través de este tratamiento de la imagen que la película logra sentirse más cercana, al punto de que por momentos pareciera que no estamos viendo una ficción.
A partir de la segunda mitad encontramos algunos tropiezos en la escritura, sobre todo cuando la crítica se vuelve más literal y, a su vez, repetitiva. Esto se percibe particularmente en los intercambios de diálogo entre ella y uno de los actores, que terminan por sentirse como una explicación de algo que ya estaba implícito, por ejemplo, que las mujeres se ven obligadas a vivir bajo condiciones injustas. Sin embargo, Ghasideh continúa siendo bastante contundente con sus señalamientos. La película nos recuerda constantemente en donde nos encontramos parados actualmente social y políticamente hablando, pero sobre todo, lo importante y necesario que es continuar hablando sobre estas realidades a través del arte, del cine, del periodismo o desde la trinchera en la que nos encontremos.
Golmakani plantea en Head to Head que el arte también es una forma de resistencia política ante un régimen que ha establecido deliberadamente normas y condiciones que dictan cómo debe ser la vida de las mujeres. A través de esta cinta, que por momentos llega a ser tan trágica como cómica, se nos presenta una realidad que quizás nos parece lejana e incluso exagerada, sin embargo, la distancia que nos separa de ella no es necesariamente cultural o temporal, sino geográfica: está apenas a unos miles de kilómetros de nosotros.
“Head to Head” tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto 2026 (TIFF).
