En el norte de Philadelphia existe una pequeña organización llamada “Fletcher Street Urban Riding Club” en donde vaqueros urbanos cuidan de caballos y los utilizan para enseñar equitación a jóvenes para mantenerlos alejados de problemas. La existencia de este lugar me parece fascinante y el prospecto de alguien utilizándolo como trasfondo de un drama familiar encabezado por Idris Elba suena apetitoso. Es una lástima que en su largometraje debut “Concrete Cowboy”, Ricky Staub no solo desperdicie el concepto, sino que lo haya convertido en uno de los filmes más aburridos e incongruentes del 2020.

El personaje central es Cole (Caleb McLaughlin), un chico problemático que es constantemente expulsado de escuelas. Tras un incidente escolar más, su madre se harta y lo manda a Philadelphia a pasar el verano con su padre separado Harp (Idris Elba), un hombre callado que vive con un caballo en su casa y se dedica a enseñar equitación en las calles. 

Al ver que su padre no le presta atención, Cole se reúne con su amigo de la infancia “Smush” (Jharrell Jerome de “Moonlight”), quien ahora es un vendedor de drogas e intento de malandro. Lo que sigue es exactamente lo que te esperas. Cole debe decidir entre una amistad criminal o aprender a cuidar caballos con su padre para rehabilitarse y encontrar un propósito. Es una historia genérica, no esperes más. 

Desde un inicio, Staub tiene problemas con el ritmo de la historia. Las escenas son largas sin motivo alguno y ningún personaje principal luce interesante. El personaje de Harp está dolorosamente subdesarrollado al punto en el que es imposible empatizar con cualquier cosa que haga o diga. Es un pésimo padre, es aburrido, no habla con su hijo y nunca explica por qué lo abandonó. Elba no ayuda en nada. No tiene química con el joven McLaughlin y jamás sentí su supuesto amor por los caballos. He visto a un niño de 5 años estar más emocionado por jugar con un gusano que Elba por montar un caballo en esta película. 

Caleb McLaughlin (“Stranger Things”) sí hace un gran trabajo en el papel de joven desubicado en búsqueda de una identidad. Pero el guión es tan débil que no tardas en perder el interés por lo que haga su personaje. Esta película no merece la actuación de McLaughlin. Curiosamente uno de los pocos personajes interesantes es el de Jamil Prattis, un vaquero inválido que se está interpretando a sí mismo (sí, trabaja en el Urban Riding Club). Prattis nos regala un par de momentos emotivos y comparte una divertida serie de escenas – relacionadas a limpiar excremento – con McLaughlin.

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Un punto dramático importante llega cuando la policía y agentes de control animal se llevan a los caballos por el cuidado irresponsable de los vaqueros urbanos. El problema es que Harp y compañía se lo merecían, o por lo menos así lo establece la historia. Yo no sentí que estas personas tuvieran conexión alguna con los animales y de hecho hay una escena en donde hay un caballo muerto abandonado y nadie hace nada al respecto. Más bien me sentí aliviado por los caballos porque claramente estos vaqueros de pacotilla no los estaban cuidando bien. Y así tenemos muchos elementos que simplemente no funcionan o están ahí con calzador. Por ejemplo, tenemos una breve e inconsecuente conversación sobre el papel del vaquero afroamericano en la sociedad estadounidense que es manejada con cero sutileza por Staub, un director blanco. Y las cosas se ponen peor.

Cuando lo inevitable pasa y el amigo/dealer genérico Smush termina siendo baleado, Harp y Cole deciden que estaría cool robar a todos los caballos para – no es broma – llevarle a Smush sus botas de vaquero hasta su tumba. Y así, la película tiene una aberrante y nada creíble escena de robo equino en la que los protagonistas son apoyados por el peor personaje del filme, Leroy el sheriff del pueblo interpretado por el rapero Method Man. ¿Por qué el policía ayuda a estos vaqueros irresponsables a pesar de que está poniendo en riesgo su sustento? Pues, ¿por qué no? De cualquier modo, Staub y su co-escritor Dan Walser no están muy interesados en tapar hoyos en la trama o responder preguntas.

Y hablando de preguntas, tengo varias: ¿Por qué Harp ama tanto a los caballos? ¿Por qué Harp abandonó a su hijo? Si Harp ama tanto a los caballos, ¿por qué tiene a uno encerrado en su pequeña casa en un claro caso de maltrato animal? ¿Cómo es que esta organización gana dinero? ¿Cómo mantienen a los caballos? ¿Por qué después de robar de vuelta los caballos no fueron todos aprehendidos si al día siguiente andaban en las calles MONTANDO ESOS MISMOS CABALLOS? Y no me hagan empezar con la pésima y forzada amistad entre Cole y Smush. “Concrete Cowboy” es un desastre narrativo repleto de elementos forzados.

Cada vez que Staub intenta crear drama, provoca bostezos. De hecho creo que el director está mejor equipado para hacer películas de acción, como demuestra en dos de las pocas escenas memorables del filme: una palpitante persecución y una emocionante carrera de caballos de 10 segundos. 

Durante los créditos de “Concrete Cowboy” vemos a los jinetes reales del Fletcher Street Urban Riding Club hablando sobre su trabajo y la importancia de alejar a niños de la calle a través del cuidado a los caballos. Esta información fue la más interesante de toda la película, despertó mi apetito por aprender más sobre el club y me hizo desear que en vez de este soporífero drama familiar, alguien hubiera hecho un documental sobre los vaqueros urbanos de Philadelphia. Qué vergüenza que me hayan inspirado más unos créditos que 111 infumables minutos de película.

“Concrete Cowboy” forma parte de la selección oficial de TIFF 2020.

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